Virgilio Leret y su mototurbocompresor

Versión reducida del artículo que publiqué en la revista Historia de Iberia Vieja, edición de julio de 2013.

Leret

El motor de concepción Leret es verdaderamente ingenioso (…) El avión en donde hubiera probado en vuelo su motor tendría que haber sido de nueva concepción aerodinámica, específica para este nuevo tipo de motor. Los motores de Whittle y de O’Hain llegaron a volar. Los avatares de la Guerra Civil en España impidieron que el motor Leret comenzara a fabricarse. A buen seguro que, con los cambios que Leret preconizaba, su motor hubiera sido una realidad, con el consiguiente honor para su autor y para España.

Fragmento del artículo que, sobre Virgilio Leret, publicó el ingeniero aeronáutico Martín Cuesta Álvarez en el número 20 de la revista Aeroplano, año 2002, editada por el Ministerio de Defensa.

Con el caso de Virgilio Leret nos encontramos, de nuevo, con toda una esperanza para la técnica española que terminó cortada de raíz por la sinrazón de la Guerra Civil. De no haber caído por las balas al comienzo de la contienda, muy posiblemente hoy día sería recordado como uno de los precursores de la aviación a reacción, junto con los nombres de Frank Whittle o Hans von O´Hain. El planteamiento teórico de Leret no pasó nunca del papel y, sin embargo, los fundamentos sobre los que se asentaba eran tan sólidos que bien pudieron haber sido el germen de los primeros aviones a reacción que viera la historia. Sirvan estas breves letras para volver a traer a nuestra memoria la máquina ideada por Virgilio Leret pero, antes de comentar nada sobre el ingenio, conviene repasar someramente su biografía.

Pequeña semblanza de El Caballero del Azul

Bajo tal seudónimo publicaba en ocasiones Virgilio Leret artículos, sobre todo de carácter técnico. La querencia por ese sobrenombre le llevó incluso a registrarlo como marca en 1930. La vida de Leret siempre estuvo allá arriba, en las nubes, con las máquinas voladoras. El Caballero del Azul soñaba con un mundo en el que rapidísimos aviones surcarían los cielos transportando a las gentes entre continentes. Sí, en un tiempo en el que los aviones a hélice estaban dando lo máximo que la técnica podía ofrecer, Leret se atrevió a vislumbrar esa época que hoy nosotros vivimos como presente, la era de la aviación a reacción. Osado precursor, no era un soñador sin más, pues amueblaba su mente todo un bagaje técnico y científico de primer orden, capaz de diseñar el que hubiera sido uno de los primeros motores a reacción del mundo, sino el primero, de haberse construido.

Vino al mundo Virgilio Leret en el verano de 1902 en Pamplona. Nacido en el seno de una familia de tradición militar, no pasa mucho tiempo hasta que la vida castrense le atrae. Siendo quinceañero pasa a formarse en la Academia de Infantería de Toledo, donde llegará a ser alférez. En torno a 1920 es destinado a Ceuta, donde participará en la campaña de Marruecos, siendo testigo y protagonista de acciones como el Desembarco de Alhucemas o heróicas situaciones como el soportar durante largo tiempo un asedio enemigo junto con un pequeño número de soldados. Fue en esa época cuando, estudió francés y aprendió a comunicarse en árabe, algo de suma utilidad en aquel escenario de conflicto. Y, también en el norte africano, nació su pasión por los aviones. Desde 1925 pasó a ser piloto de combate. Su avión fue abatido en plena acción de desembarco en Alhucemas, viviendo Leret toda una aventura perseguido por los enemigos, huyendo a pie por terreno hostil durante horas hasta llegar a zona segura.

Lejos de la guerra, a las puertas de los años treinta, Virgilio Leret desplegó toda una apasionante actividad en múltiples campos. Se dedicó a escribir y a estudiar todo lo que tuviera que ver con la electricidad y la mecánica. No se alejó del ejército ni un momento, pero esa carrera no le impidió lograr alcanzar el título de ingeniero mecánico con las mejores calificaciones. En esa época conoció a la que se convertiría en su mujer, una líder feminista que atendía al nombre de Carlota O´Neill, con quien tuvo dos hijas. Todo parecía sonreír el porvenir del laureado militar, condecorado por Alfonso XIII, un héroe de guerra y piloto que, además, apuntaba maneras para convertirse en uno de los ingenieros con más futuro del país.

Pero llegados a los turbulentos años treinta Virgilio Leret se vio envuelto en la problemática llegada de la Segunda República. Pasó un tiempo en la cárcel por haberse negado a disparar contra varios militares republicanos sublevados en Getafe, donde estaba destinado, en los últimos tiempos del reinado de Alfonso XIII. En 1932 fue enviado a una base de hidroaviones cercana a Melilla, lugar desde el que desplegó toda una febril actividad en torno a la aviación. Pero todo se tuerce, el ejército bulle en medio de conflictos políticos muy peligrosos que terminan por enviar a Leret a prisión por expresar una simple desavenencia acerca del cariz que tomaban los acontecimientos. Esta época en la vida de Leret merecería un profundo análisis que no viene al caso, más que nada porque de lo que aquí se trata es de recordar invenciones españolas, dejando aparcados otro tipo de detalles por falta de espacio. Sirva simplemente comentar que en esta nueva estancia en prisión tomó forma en la mente de Leret algo completamente nuevo. Se trataba de un motor a reacción, algo que iba a revolucionar la tecnología para siempre.

No pudo ir mucho más allá de lograr una patente, el papel no se convirtió en el rapidísimo avión ideado por Leret. Llegados al trágico mes de julio de 1936 se encontraba nuestro protagonista al cargo de la base de hidroaviones cuando parte del ejército en Melilla se subleva contra la República. Leret se mantuvo leal al gobierno y defendió su base contra un asalto en lo que fue una de las primeras acciones de combate en la Guerra Civil. Leret hubo de rendir toda resistencia a la vista de lo que se le venía encima, pues estaba completamente rodeado y sin apenas capacidad para soportar otro ataque. El 18 de julio de 1936 fue fusilado apresuradamente junto con algunos compañeros que habían defendido su posición en la base.

Pioneros de la aviación “a chorro”

La historia de la propulsión a reacción recuerda a varios pioneros con especiales honores, pero no menciona nunca a Leret. Es lógico, no tuvo la oportunidad de materializar su proyecto, pero atendiendo a lo que aparece en su patente y en la documentación técnica del mismo, era un diseño muy prometedor, a la altura de lo mejor de su tiempo.

Propulsar aviones gracias a turbinas de gas era algo que venía espoleando la mente de ingenieros desde hacía años. Hacia 1910 el ingeniero rumano Henri Coandă patentó y construyó un modelo de avión que puede considerarse como un modelo muy primitivo de reactor. A partir de ahí se cuentan por decenas los intentos, más teóricos que otra cosa, por lograr un avión que superara las limitaciones de las hélices empleando turbinas de gas. Los verdaderos reactores llegaron de la mano del célebre turbojet del inglés Frank Whittle que, a lo largo de los años treinta, desarrolló los fundamentos de la aviación a chorro. Era una carrera llevada a cabo en medio mundo, el objetivo era el mismo, por lo que no debe extrañar que en Alemania, a la vez que Whittle, el ingeniero Hans von O´Hain siguiera los mismo caminos. De hecho, el primer reactor verdadero, con permiso del primitivo avión de Coandă, el Heinkel He 178, levantó el vuelo en Alemania en el verano de 1939. A partir de ahí todo se aceleró, surgieron reactores en Italia, Gran Bretaña o Estados Unidos, aunque hasta finalizada la Segunda Guerra Mundial no comenzaría el verdadero reinado de la aviación a chorro.

Teniendo en cuenta que el avión experimental Heinkel mencionado voló por primera vez animado por un turbopropulsor el 27 de agosto de 1939, no es descabellado imaginar que si Virgilio Leret hubiera podido continuar con su proyecto, el primer avión turborreactor de la historia hubiera sido español.

El mototurbocompresor de reacción continua

Atendiendo a lo que menciona Martín Cuesta Álvarez en el artículo que he empleado para abrir estas letras, la odisea del motor de Leret no finalizó, ni mucho menos, con su trágica muerte. Su mujer, Carlota, fue detenida y separada de sus hijas durante mucho tiempo. Tras pasar por prisión, luchó por recuperarlas y finalmente se exilió en Venezuela y, después, en México. Se cuenta que, estando en prisión, recibió una serie de pertenencias de su marido, entre las que se hallaban diversos papeles de carácter técnico. Allí estaba la memoria manuscrita y los planos originales del turbomotor de Leret. Los papeles quedaron a cargo de unos amigos hasta que abandonó la cárcel. Sucedió entonces algo singular. Carlota decidió poner a buen recaudo tan valioso material entregando una copia de todo ello a un oficial de la embajada británica en Madrid. La documentación original viajó con Carlota hasta América, lo que facilitó que sobreviviera hasta nuestros días. Lo que sucediera con la copia entregada a los británicos es objeto de especulaciones, pues no se sabe qué ocurrió con aquella información.

La Oficina Española de Patentes y Marcas, en su Archivo Histórico, guarda una patente singular, solicitada por Leret, que podría haber cambiado la historia de la técnica. Con el número de patente 137.729, aparece un documento titulado: “Un mototurbocompresor de reacción continua, como propulsor de aviones y , en general, de toda clase de vehículos.” Sí, es lo que parece, todo un detallado diseño de un motor a reacción para la aviones. La patente fue solicitada en 29 de marzo de 1935, siendo concedida el 2 de julio de ese mismo año.

Según Martín Cuesta Álvarez, tras analizar toda la información disponible acerca del motor de Leret, que incluye detallados planos, textos y cálculos, queda claro que no se trataba de una construcción mental simple, sino que era toda una tecnología preparada para entrar en fase de experimentación. De hecho, la memoria técnica de Leret es tan minuciosa que comprende desde los fundamentos teóricos de su motor a reacción hasta los detalles de construcción y puesta en funcionamiento. Por si esto fuera poco, algunas consideraciones presentes en el texto mencionan incluso la exploración espacial, con lo que se demuestra el carácter de precursor singular de Virgilio Leret. Tras hacer una detallada exposición del estado de la técnica de su tiempo, Leret muestra en su memoria cómo sería el funcionamiento de su turbomotor, mostrando minuciosos pormenores acerca de la compresión de aire, la estructura de la turbina y el escape de gases, sin dejar ningún detalle al azar. El análisis de esa documentación que realiza Martín Cuesta Álvarez en el artículo mencionado, que considero como un texto vital a la hora de conocer los detalles técnicos del motor de Leret, deja claro que la potencia de este diseño era sorprendente y su construcción, salvados algunos detalles lógicos, era completamente factible. Todo esto hace ver que Virgilio Leret podía haber sido un digno competidor de los diseños de Frank Whittle y de Hans Von O´Hain. Las patentes seminales de estos tres genios de la ingeniería aparecieron prácticamente al mismo tiempo, en una época apasionante del desarrollo de la aviación. Por desgracia, sólo dos de ellos son recordados, pues tuvieron la oportunidad de convertir su diseño en aviones a reacción capaces de volar. Virgilio Leret vio ese sueño destruido por la sinrazón de una horrible guerra que acababa de estallar justo en el lugar donde él se encontraba.
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Imagen: Virgilio Leret siendo capitán de aviación junto a un Breguet XIX en una imagen tomada a finales de los años veinte. Fuente: Revista Aeroplano, Nº20, Ministerio de Defensa.



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