Leyendo el libro sobre Nikola Tesla al que me referí el pasado viernes, me encontré de nuevo con una de esas figuras excesivas y sorprendente que tanto abundaron en el Nueva York a medio camino entre los siglos XIX y XX. Menciona Miguel A. Delgado en su repaso de las principales figuras que tuvieron algo que ver en la vida de Tesla que el arquitecto Stanford White fue todo un ejemplo de aquellos excesos. Tanto es así que brilló con mucha intensidad en vida para pasar prácticamente al olvido en muy poco tiempo. El 25 de junio de 1906 tres balas acabaron con Stanford, dejando sin terminar su último proyecto, el edificio situado bajo la torre de Wardenclyffe (a la derecha en la imagen), icono tesliano por excelencia.
Stanford también había diseñado el edificio de la central eléctrica del Niágara, la gran obra hidroeléctrica que abrió el camino comercial a la corriente alterna y a la electrificación a larga distancia. Pero, además, quien fuera autor del arco de triunfo de Washington Square era un hombre muy dado al lujo, las fiestas y, sobre todo, las mujeres, algo que le llevó a la perdición. En aquellas fiestas, sobre todo las que se dirigían a lo más granado de los hombres de «alta sociedad» de Nueva York, abundaban los buenos vinos, los platos exóticos y las bailarinas desnudas que aparecían de repente en el interior de impresionantes tartas. Se decía que contaba con muchas amantes, y que a cada una de ellas «le ponía un piso», literalmente, gastando cantidades ingentes de dinero en mantener a sus chicas y sus correspondientes apartamentos.

Evelyn Nesbit en 1901
Una de esas chicas era la jovencísima actriz Evelyn Nesbitt, compañera de cama desde los 16 años de un Stanford ya cincuentón que continuó visitándola incluso cuando ésta ya se había casado con el magnate de los ferrocarriles Harry Kendall Thaw, aunque ella afirmaba que aquella relación había terminado hacía tiempo. Puede imaginarse lo que sucedió. Thaw se enteró de los juegos de cama de su esposa y, sin pensarlo mucho, se presentó en el segundo Madison Square Garden, obra de Stanford, y le pegó tres tiros al arquitecto en medio del estreno de un musical. Todo el mundo que asistió a la representación pudo ver el asesinato en directo. Lo más curioso es que Thaw se libró, porque su alegación de locura temporal sirvió para que fuera declarado inocente. Aunque el caso es sobresaliente por su desenlace, hay que tener en cuenta que desde el primer momento casi todo el mundo apoyó a Thaw, pues la mala fama de Stanford era tal que muchos lo veían poco menos que como a un demonio y, además, durante el juicio Evelyn acusó de violación al arquitecto asesinado. Sin dudar, y entre lágrimas, dibujó de él un retrato terrorífico como depredador sexual.

Recorte de la Ilustración artística. 23/7/1906, página 10. Biblioteca Nacional de España.
Bien, ¿y qué tiene que ver todo esto con la Giralda? Muy sencillo, Stanford White estaba obsesionado con la torre sevillana. Tanta era su admiración hacia ella que, a la hora de diseñar el segundo Madison Square Garden, decidió construir una torre a su vera inspirada sin disimulo en Sevilla.

La torre del segundo Madison Square Garden.
El segundo Madison Square Garden se convirtió en uno de los centros deportivos y de espectáculos más frecuentados del Nueva York de la época. El diseño de Stanford llamó mucho la atención, eso de ver una Giralda en plena Gran Manzana tenía que impresionar. Se levantó en 1890 y se mantuvo en pie hasta 1925, cuando fue demolido para dejar paso a su sucesor. Se localizaba entre la calle 26 y la avenida Madison y, en su interior, tuvieron lugar inolvidables combates de boxeo, partidos de fútbol americano, estrenos musicales y sonados romances. Allí tuvieron su hueco también circos como el de Barnum y hasta convenciones políticas. El propio Stanford tenía un apartamento allí, un lugar cómodo para vivir y… para morir.
Aquel edificio impresionaba, contaba con la mayor sala de espectáculos del mundo en su época, así como lujosas salas de conciertos, exposiciones, salones y un imponente restaurante, con un precioso jardín en la azotea. En lo alto de esta nueva Giralda se colocó una estatua de la diosa Diana. Pero no se piense que la obsesión de Stanford White era algo único en los Estados Unidos, pues muchas torres a lo largo del país han tratado de imitar el porte de la joya sevillana. He aquí una selección de esos edificios: Giralda Towers in the United States.
