Sotos Ochando y la lengua universal

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El presente artículo corresponde a una versión abreviada del que publiqué en la revista Historia de Iberia Vieja en su edición del mes de octubre de 2011.

La cuestión del idioma es muy interesante en los itinerarios. Nosotros no podemos aconsejar al viajero que para venir a Viena aprenda vesenense, patois, francés, alsaciano, alemán y vienés. Probablemente no lo haría, aunque esto le fuera muy útil; y como aun cuando lo intente no ha de poder realizarlo para el mes próximo, preferimos aconsejarle otro sistema, que deje intacta nuestra respetabilidad de mentor. Consiste éste en llevar mucho dinero en el bolsillo y derramarlo por todas partes, con lo cual no dejan de entenderlo en ninguna. Si al pobre y respetable Sotos Ochando se le hubiera ocurrido esta idea, no se habría roto los cascos en busca de la lengua universal.

La Ilustración Española y Americana.
Madrid, 24 de abril de 1873.

sotos_ochando

Desconozco si, de haber sabido cómo iba a terminar todo su esfuerzo, el bueno de Sotos Ochando hubiera dedicado el gran empeño que gastó en su gesta intelectual pero, como puede comprobarse por el jocoso comentario que abre este artículo, ya en 1873 era ruinoso el recuerdo de su obra.

Salvando al esperanto, que hoy día mantiene un vigor ciertamente digno de elogio, muchas han sido las olvidadas lenguas artificiales creadas por mentes inquietas para salvar el obstáculo que la confusión de Babel introdujo en la historia para gran lío de la humanidad. Y digo bien, olvidadas, porque de algunas de ellas si acaso queda un libro aquí o allá, pero ningún hablante vivo. El esfuerzo por crear una lengua nueva, sencilla y universal ha perseguido a muchos desde hace siglos. Y no me refiero a lenguas creadas como divertimento, como el Klingon de Star Trek del que hasta se han publicado diccionarios y que tan concienzudamente citaba el inefable Sheldon Cooper de la televisiva The Big Bang Theory. Tampoco estoy pensando en otro tipo de diversiones lingü.sticas más intelectuales, si así se quiere ver, como las lenguas élficas de J. R. R. Tolkien. Nada de eso, los esfuerzos para lograr una lengua universal fueron tomados totalmente en serio no solo por quienes trabajaron en crear tal medio de comunicación común para todos los humanos, sino por muchos seguidores.

¡Volapük!

Esta extraña palabra estuvo en boca de muchos durante algunos años y, luego, cayó en el más oscuro de los olvidos, sirviendo de ejemplo sobre cómo ciertas modas, incluso en cuestión de lenguas, son tan pasajeras como las propias del vestir. El volapük es una lengua artificial ideada por un sacerdote alemán, Johann Martin Schleyer en 1879. No nacía con la intención de ser un lenguaje secreto, como la enigmática Lengua Ignota que imaginó Hildegard von Bingen en el siglo XII, sino con la firme esperanza de convertirse en “una lengua para la humanidad” como expresaba su lema.

Seguramente Schleyer imaginó un mundo en el que todas las naciones se comunicaran entre sí con facilidad utilizando su lengua artificial, y también con seguridad creyó que el objetivo sería factible. Para su desgracia, lo que comenzó muy bien terminó bastante mal, por no decir que fue un desastre. Al comienzo de su andadura se extendió de forma asombrosa y logró tener hasta cien mil hablantes. Luego, las divergencias entre diversos cultivadores del volapük y la competencia del recién nacido esperanto, que es más sencillo gramaticalmente, hicieron que prácticamente desapareciera del mapa.

España no fue ajena a la moda del volapük y pronto se escucharon apasionados discursos en su defensa. Se formaron entonces hasta círculos de intelectuales interesados en la nueva lengua artificial que tan prometedor futuro parecía tener. Claro que, ya por ese tiempo, había quien veía en todo aquello algo más cercano al divertimento que a una verdadera revolución, como bien aparecía referido en La Ilustración Artística el 22 de febrero de 1886:

España es el país en que las ideas extravagantes y originales hallan más pronto aceptación. Un sabio, el doctor Letamendi, y unos cuantos caballeros de los que siempre están dispuestos aquí para formar sociedades, constituir congresos, fundar revistas y pronunciar discursos, han creado un círculo volapukista, un periódico semanal para propagar el idioma y se han dedicado a la campaña con tal energía que dentro de poco el volapük será una de las mucha manías que caracterizan la actividad febril y estéril de esta raza meridional. (…) Un joven, aficionado a las cosas nuevas, se entera de que se ha creado el círculo volapukista y acude a él con objeto de ingresar en concepto de socio. Tiene que empezar por aprender el idioma. ¿Lo conseguirá? Mucho lo dudo. Lo único que yo puedo decir es que el mismo doctor Letamendi, en los cuatro o cinco meses que hace que se dedica al estudio del volapük, no ha conseguido pasar del a, b, c; bien se comprende que tratándose de un idioma casuístico hace falta una memoria prodigiosa para conseguir dominarlo.

Como puede verse, el cronista no solo era escéptico con respecto al nuevo idioma, sino que llegaba a ser hiriente y mordaz. El tiempo terminó por darle la razón, y no tuvo que esperar mucho, porque la moda fue muy pasajera y la fiebre por el volapük pasó tan rápido como un catarro otoñal. A principios del siglo XX ya casi nadie se acordaba del lenguaje pensado por Schleyer, siendo el esperanto la nueva “fiebre” que llegó para substituirlo, con bastante mejor suerte.

El proyecto de la lengua universal

Si he mencionado la breve pasión que se vivió por el volapük, ha sido porque prácticamente lo mismo le sucedió a la lengua universal de Ochando. No llegó a tener nunca gran número de seguidores, pero el patrón fue el mismo, partió de un exagerado entusiasmo inicial y, muy pronto, acabó olvidado. Y es una pena porque, a pesar de lo ingenuo de su planteamiento como lengua internacional capaz de hacer superar los problemas de comunicación entre los pueblos, un esfuerzo de semejante profundidad merece gran respeto y reconocimiento.

Así, Luis Coll recordaba con cierta añoranza lo que pudo ser, y nunca fue, al referirse a la gran idea de Sotos Ochando en Revista de España, en el otoño de 1886:

…el Proyecto de Lengua Universal de D. Bonifacio Sotos de Ochando (…) ya se había dado a luz en El Heraldo en julio de 1845, mucho antes que se escribiera y propagara el Volapük. (…) Fue D. Bonifacio varón doctísimo, uno de los que dieron a España no poca gloria y esplendor en los primeros años y en la primera mitad de nuestro siglo. Sus indisputables talentos le depararon los cargos de Superior del Seminario de Murcia, Diputado a Cortes en las de 1822, Profesor de español de los hijos de Luis Felipe, Miembro del Consejo de Instrucción Pública, Catedrático de la Universidad Central y Director del Colegio Politécnico. No perteneció a la Academia de la Lengua. Consagró toda su vida al estudio de las clásicas y también de las vivas, y puede decirse que vivió y murió acariciando el proyecto de lengua universal. Su obra es un modelo de paciencia, un verdadero prototipo de constancia y de ingeniosas clasificaciones.

La memoria de Luis Coll no exageraba, pues Sotos de Ochando fue un verdadero genio cultivador de lenguas. Pero, por desgracia, a pesar de que llegó a lo más alto en la estima de políticos, hombres de letras y ciencias de media Europa, su proyecto terminó siendo olvidado muy pronto. La Lengua Universal de Ochando, conocida a veces como Bonifaciano, nunca llegó a tener muchos hablantes pero si el Volapük no hubiera aparecido en escena con la fuerza en que lo hizo, posiblemente su suerte hubiera sido otra. Hoy solo nos quedan los escritos en que se describe su gramática y su estructura, pero poco más, aparte de un montón de anotaciones y artículos en periódicos de la época, más apasionados que informados, todo hay que decirlo.

Sotos Ochando, que al igual que Schleyer también fue sacerdote, nació en Casas-Ibáñez, Albacete, en 1785 y falleció en el igualmente albaceteño Munera en 1869. Muchos años de esa longeva existencia estuvieron dedicados a la creación y difusión de su Lengua Universal. Hubo un tiempo en el que creyó que lograría alcanzar la atención del mundo entero, como por ejemplo cuando la intelectualidad de París se rindió ante su idea afirmando que era el proyecto de lengua artificial más perfecto hasta entonces visto. Fundó una sociedad, creó un diccionario y hasta un boletín para difundir su gran visión, pero todo quedó en nada muy pronto. Del entusiasmo se pasó al aburrimiento, a pesar de que Sotos Ochando nunca dejó de luchar por su criatura. Y no se crea que el Lenguaje Universal de Ochando era simple bagatela a modo de pasatiempo para sabios. Nada de eso, se fundaba en la lógica y en la intención de lograr la lengua más sencilla posible. Se basaba en un inteligente proyecto dividido en siete partes en las que se van desgranando con sumo detalle todas las bases de la gramática, la sintaxis, la ortografía y demás detalles necesarios para convertirse en hablante de esta neolengua. No es cuestión entrar aquí en detalles sobre el método empleado, si acaso recordar, como lejano eco del magno proyecto, que Ochando solía afirmar que su idioma permitía traducir con facilidad y exactitud cualquier texto procedente de otra lengua, lo que convertiría a su Lengua Universal en un vehículo de concordia para la humanidad.

__________
Fuente de la imagen:
Bonifacio Sotos Ochando(ensayo biográfico). Rafael Mateos y Sotos. Al-Basit: Revista de estudios albacetenses, ISSN 0212-8632, Nº 19, 1986 , págs. 135-148.


3 Comentarios

[...] Tecnología Obsoleta: Sotos Ochando y la lengua universal [...]

06.10.11

Hola, paisano.
Como sabes yo soy uno de esos partidarios de una lengua universal neutral.

El caso de Sotos Ochando es tratado en ocasiones en el mundo esperantista como uno de esos proyectos que iban bien encaminados, es decir, se habían olvidado del sueño de crear una lengua filosófica “perfecta”, y a la vez no eran demasiado “naturalistas”, es decir, parecidos a los idiomas dominantes.

Yo mismo lo comenté marginalmente en un texto que escribí sobre la relación de Torres Quevedo con el esperanto, y achaqué su insuficiente difusión fuera de España a la posición marginal de este país en las corrientes intelectuales de la época.

En cuanto al volapük, tienes razón. Podría haber sido el idioma triunfador, ya que nació en el momento oportuno, y no es de extrañar su rápida difusión, que hizo que incluso en España hubiese un círculo activo. Pero era demasiado difícil, y la personalidad del iniciador no hizo las cosas fáciles.

Por eso tampoco es de extrañar el éxito del esperanto, situado justo en el equilibrio entre facilidad y expresividad, y entre idealismo y practicidad. Que luego no llegara a ser el idioma universalmente extendido ya tiene más que ver con juegos de poder e intereses. pero bueno, en esa batalla estamos todavía ;-)

06.10.11

#Toño: Muchas gracias por tu comentario. Y, por supuesto, la batalla será muy larga, al esperanto le queda mucha guerra por dar. ;-)

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