El corazón del demonio

Pocos lugares más seguros, y llenos de actividad, podían encontrarse en el mundo que fueran comparables al Laboratorio Nacional de Los Álamos en Nuevo México en el verano de 1945. Dos bombas atómicas habían hecho caer al Imperio del Japón, con lo que la Segunda Guerra Mundial había encontrado un brusco y trágico final. Pero la carrera para desarrollar armas nucleares no había hecho más que nacer. Entre el ejército de científicos y técnicos que trabajaban en el laboratorio donde se crearon esas primeras armas nucleares se hallaba Harry K. Daghlian, un físico de apenas veinticuatro años al que le quedaban pocos días de vida, aunque el incauto chaval no tenía ni idea del destino que le esperaba.

Al término de la guerra, cuando la mayor parte del material fisible del laboratorio había sido destinado a las bombas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki, era necesario realizar algo parecido a un inventario. Sí, entre manos tenían todavía material como para fabricar otra bomba. Ese material, concretamente plutonio, fue inicialmente reunido para dar vida a una tercera bomba destinada también a Japón. El fin de la contienda mundial cambió el destino de la siniestra partida de plutonio: a partir de entonces serviría para ensayar diversas técnicas de mejora en el procedimiento de creación de armas nucleares y, finalmente, formaría parte de las explosiones de prueba del experimento Crossroads.

Allí estaba, aparentemente inofensivo, confinado en instalaciones blindadas, incapaz de alcanzar masa crítica pues nadie iba a ser tan inconsciente de jugar con la esfera de plutonio o, al menos, nadie pensaba en la posibilidad de tal error. Una noche, en soledad y saltándose varias normas de seguridad y de sentido común, Daghlian decidió continuar con uno de los experimentos previstos. La verdad, no me imagino qué se le pudo pasar por la cabeza porque, ¡estamos hablando de plutonio no de plastilina!


Modelo de esfera de plutonio rodeada de piezas de carburo de wolframio.
Fuente: A Review of Criticality Accidents1.

El núcleo de plutonio se encontraba reposando frente a Daghlian, incapaz de alcanzar la condición crítica gracias a que a su alrededor se hallaba dispuesta toda una selva incompleta de ladrillos de carburo de wolframio reflectores de neutrones. El rompecabezas era intrincado y muy delicado, todo se hallaba dispuesto para que los ladrillos de carburo actuaran de tal forma que el núcleo de plutonio pudiera alcanzar una reacción de fisión controlada en el momento previsto. En ese punto Daghlian decidió continuar con el experimento en medio de la noche y, además, completamente solo. Nada parecía poder salir mal, pero así fue. Cuando procedía a cambiar la configuración de los bloques de carburo, uno de ellos se le escurrió de las manos y cayó. Podría haber terminado en el suelo, o haber golpeado el armazón de metal pero fue a caer donde no debía. Si alguna vez se preguntó qué sucedería si uno de los bloques golpeaba el núcleo de plutonio y cerraba la “pantalla” de neutrones, estaba a punto de averiguarlo. Ni siquiera pudo parpadear, un destello azulado invadió la sala y Daghlian comprendió que nada bueno estaba sucediendo. Apresuradamente, como si tuviera entre manos una sartén candente, manipuló torpemente el laberinto de ladrillos de carburo para atrapar la pieza que había caído en el núcleo. Ya era demasiado tarde porque, aunque pudo volver a colocar el conjunto en el lugar preciso y detener la reacción, para entonces había recibido una dosis de radiación ionizante de neutrones cercana de los 510 rems procedente de una reacción que implicó unas 1016 fisiones, tal y como estableció más tarde la comisión encargada de investigar el accidente. Apenas cuatro semanas más tarde, el 15 de septiembre de 1945, con graves quemaduras y daños causados por radiación, Daghlian falleció.

Por desgracia, el núcleo de plutonio permaneció en las instalaciones, sometido a muchos otros experimentos, pero no había terminado su cosecha de accidentes con la vida del joven físico. El incidente sucedido el 21 de agosto de 1945 fue seguido de incluso más grave. Fue el 21 de mayo de 1946 cuando Louis Slotin, un físico mucho más experimentado que Daghlian y, esta vez sí, acompañado de un equipo de colaboradores y siguiendo, al menos inicialmente, todos los protocolos de seguridad establecidos por entonces para manipular plutonio, se enfrentó a un error mortal. Slotin y sus siete compañeros se encontraban colocando dos hemisferios de berilio capaces de reflejar neutrones alrededor del núcleo de plutonio. Desde entonces toda manipulación de este tipo se efectúa a distancia, gracias a sistemas de control remoto y robots porque, lamentablemente, Slotin pudo comprobar que trabajar con uno de los elementos más peligrosos no era cosa de broma, por mucha precaución que se tomara siempre podía cometerse un error. Todo marchaba bien, las dos piezas de berilio se iban aproximando, a mano, hasta encajar y rodear por completo al núcleo. Pero, ay, algo que parece tan sencillo como unir dos piezas perfectamente diseñadas para que casen una con la otra se convirtió en algo complicado. Slotin improvisó y, pensando que sería buena idea, manipuló los hemisferios de tal forma que un destornillador hizo las veces de cuña separadora entre ellos de forma temporal. El protocolo del experimento no contemplaba el uso del destornillador pero, ¿acaso podía causar algún daño? Lo hizo, las dos piezas liberadas de sus soportes y apenas separadas por la punta del destonillador se movieron entre las manos de Slotin. El destonillador cayó, junto con una de las piezas de berilio y, libre de apantallamiento de forma súbita, el núcleo de plutonio entró en reacción crítica de la que emanó tal cantidad de radiación ionizante que el aire en la sala empezó a brillar con siniestro tono azulado. Apenas fueron unos segundos, lo suficiente como para que Slotin sintiera cómo le comenzaba a arder el interior de su cuerpo y la boca se le llenaba de un desagradable sabor. Soltó instintivamente la otra pieza de berilio y la reacción se detuvo, ya no había vuelta atrás, pero al menos el resto de los presentes no estuvo tan expuesto a la radiación como Slotin. Se estima que recibió cerca de 2100 rems de radiación de forma súbita o, lo que es lo mismo, tanta radiación como la que hubiera recibido de haberse encontrado cerca de una explosión nuclear. El 30 de mayo de 1946 falleció irremediablemente a causa de los daños provocados por la radiación surgida del pedazo de plutonio que, a partir de entonces, fue conocido en Los Álamos como el corazón del demonio.

Vía: siguiendo un hilo de Meine Kleine Fabrik
1 Más información: A Review of Criticality Accidents (PDF) – Los Alamos National Laboratory (Report LA-13638), Mayo de 2000.


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20 Comentarios

15.03.10

Recuerdo alguna vez de niño haber visto una pelicula donde se relataba la construcción de las primeras bombas atómicas. No recuerdo el nombre de la película, pero recuerdo claramente que se mostraba el segundo accidente aca relatado.

Gran aporte. Siempre aprendo algo nuevo aca, gracias.

saludos!

[...] El corazón del demonio http://www.alpoma.net/tecob/?p=2359  por chechin hace 2 segundos [...]

15.03.10

Buenos días.

Unos casos realmente espeluznantes. No me imagino qué sensación experimentaron en los siguientes días pero imagino que debió ser un gran dolor.

Mi pregunta es: ¿por qué no los mataron (supongo que sabían con certeza que iban a morir) para que no sufriesen?, ¿o el envenenamiento por radiación no es un proceso excesivamente doloroso?

15.03.10

Es doloroso, pero matar a alguien no es tan sencillo, incluso aunque esté sufriendo. Además, supongo que deseaban estudiar los efectos de la radiación todo el tiempo posible.

15.03.10

Buena entrada. Buena, pero triste: no sé si me asusta más el artículo o el último comentario.

Anotar en la agenda: a ser posible, evitar las esferas de plutonio ;-)

15.03.10

“Dos bombas atómicas habían hecho caer al Imperio del Japón”
No es por nada, pero Japón ya había perdido, no sólo hacía meses, sino hacía años.

[...] » noticia original [...]

16.03.10

Impresionante entrada, como siempre. Felicidades por este fantastico blog.

16.03.10

¡Gracias a tod@s por comentar! :-)

16.03.10

No a las bombas atomicas o bombas nucleares, creo que deberian ser destruidas en todo el mundo antes de que terminen con nuestro planeta tierra

16.03.10

la pelicula que hace mención leopard es Fat man and Little Boy(1989), excelente consiganla y vean una muy convincente recreación de lo que fue el proyecto manhattan,imperdible.

[...] El corazón del demonio – Tecnología Obsoleta Publicado 16/03/2010 yo-de-mí Deja un Comentario El corazón del demonio – Tecnología Obsoleta. [...]

[...] El corazón del demonio [ http://www.alpoma.net ] [...]

17.03.10

La pelicula de la que hablan Leopard y Guillermo se tituló en España “Creadores de sombra” relata lo acontecido en Nuevo Mexico y lo que fue conocido como proyecto Manhattan. Y coincido con Guillermo en que es una película muy recomendable.
http://www.filmaffinity.com/es/film492421.html

18.03.10

Que penita me dan los dos cientificos….Pero que se lo cuenten a los civiles de Hiroshima, ya vereis como lloran ;-)

Si, soy un cinico amargado. Lo se. ;-)

[...] Shared El corazón del demonio. [...]

07.04.10

Sólo un pequeño error que comentar: es demasiado habitual traducir del inglés “tungsten” al castellano “tungsteno”. Pues bien, esta palabra no existe, es un error de traducción grave y lamentamente común.

El castellano, este elemento de valencia 74 y símbolo W, se conoce como wolframio. Me parece que has tomado una traducción de fuente inglesa y por ahí el fallo.

Gran blog, ánimo y sigue así!

07.04.10

#Astudillo: Tienes toda la razón, corregido queda. En este caso el error es todo mío, pues he empleado como base documentos originales en inglés, así que el problema en la traducción corre de mi cuenta. Gracias por el aviso.

[...] Tecnología Obsoleta corazón, [...]

23.01.11

La verdad es que es muy triste, pero no podemos negar que gracias al sacrificio de todas estas personas, sabemos lo que sabemos.
No es que me parezca bien que la gente tenga que morir para ampliar nuestro conocimiento, pero ya sabemos que la ciencia duele.
Un saludo.

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Tecnología Obsoleta, blog personal de Alejandro Polanco Masa. Soy autor de varios ensayos de divulgación científica como Herejes de la ciencia (2003) o Crononautas, los viajeros del tiempo (2011) y una novela, El viaje de Argos (2012). Consultor TIC en Arbotante Patrimonio e Innovación, empresa localizada en el Parque Científico de la Universidad de Valladolid.
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