El primer aviador español (1793)

AVISO: El presente post corresponde a la versión web reducida del artículo que publiqué en Historia de Iberia Vieja en su edición del mes de abril de 2009.

Esto de averiguar quién es el primer hombre que voló parece cosa complicada, ejercicio para eruditos. Por lo visto, vamos a tardar mucho en enterarnos y, por fin, va a darnos lo mismo un nombre que otro. Así que debemos irnos agarrando a las referencias populares, a cualquiera de esos relatos premiosos que quedan por los campos y que hay que apresurarse a recoger, porque también ellos van a emprender el vuelo. Por ejemplo, en Coruña del Conde, un pueblo de erizado perfil, que toma el sol en la “Ribera” burgalesa, cuentan que allí nació y murió el primer aviador español, un hombre de la segunda mitad del siglo XVIII llamado Diego Marín, pastor de oficio.

Estampa. Madrid, 4 de junio de 1932.

Asuntos nubososAcertada reflexión la que publicó Eduardo de Ontañón en la revista gráfica Estampa, de cuyo número 230 procede el extracto anterior, un ejemplar en el que se narra la historia de una búsqueda sorprendente, la del primer aviador español. Dice bien el autor al afirmar que, en realidad, poco importa quién fuera el primero, porque es dudoso que llegue a conocerse a ciencia cierta. Sí es, por el contrario, de gran atractivo e interés el rescatar las viejas historias sobre gentes que desearon volar a lo largo de los siglos. Una de esas historias es tan sorprendente que, de no haber quedado reflejada en documentos de la época, no dudaríamos hoy en calificar como una sencilla leyenda de pueblo, sin fundamento alguno. Pero, antes de pasar a recordar la figura del intrépido Diego Marín, conviene mirar un poco más atrás en el tiempo.

Un deseo irrefrenable

Ya fuere por imitación de las aves, por la intención de contemplar la tierra desde las alturas o por el deseo de elevarse por encima de lo cotidiano y acercarse a la divinidad, la humanidad ha alumbrado gran cantidad de osados personajes que dedicaron su vida, o gran parte de ella, a indagar sobre la posibilidad de volar. El logro final fue conseguido por medio de globos aerostáticos en el siglo XVIII, una manera elegante y bastante segura de surcar los cielos, si bien guiados por los caprichos de los vientos, pero como se trataba de alzar los pies de la tierra, poco importaba la falta de control en el viaje.

Pero volar en globo no tenía nada que ver con el elegante surcar de los cielos por parte de las aves. Hasta el más descuidado de los pájaros podía hacerlo, así que tendría que haber algún modo de poner en práctica el vuelo con una máquina más pesada que el aire. Muchos intentos para lograr este objetivo han sido registrados a lo largo de la historia, aunque lamentablemente casi todos terminaron con el protagonista en el cementerio o gravemente lesionado. Leonardo da Vinci soñó con proezas similares, ahí están sus dibujos de todo tipo de máquinas volantes. Al parecer, no lo intentó en serio, porque con seguridad, de haberlo hecho, no hubieran acabado sus huesos en buenas condiciones. Más allá del trabajo de gabinete, las teorías o los dibujos, otros aventureros, posiblemente algo locos, pasaron de realizar cálculos a la práctica pura. Contemplemos entre ellos el sorprendente caso de Eilmer de Malmesbury, el monje benedictino inglés del siglo XI que armó un tosco planeador con el que, según cuentan las crónicas, pudo mantenerse en el aire algunos segundos, para pasmo de sus contemporáneos.

En más cercanas tierras vivió, tiempo antes, otro émulo de Ícaro y Dédalo. Se trató de Abbas Ibn Firnas, recordado hoy día como pionero del vuelo sin igual. Se conoce muy poco sobre su figura, si bien parece bien establecida la fecha de su fallecimiento, en el año 887, y su procedencia, Ronda, en Al-Andalus. Firnas fue todo un prodigio del conocimiento, además de poeta y astrónomo, fue capaz de construir relojes y otros artilugios diversos. Su deseo de volar como los pájaros parece que nació, o al menos se avivó, cierto día del 852 en que un personaje excéntrico llamando Armen Firman saltó desde una torre cordobesa intentando volar con un primitivo paracaídas. Se desconoce con exactitud el destino de Firman, pero sí se sabe que el espectáculo quedó grabado en la mente de Ibn Firnas con tal fuerza que, tras muchos años de estudio y cálculos de todo tipo, se animó a construir todo un planeador dotado incluso con ciertos mecanismos de control primitivos. En el año 875 decidió, al fin, probar su máquina, saltando desde la mezquita de Córdoba. El vuelo fue todo un éxito, planeó durante un trecho de longitud desconocida y aterrizó con vida, aunque por desgracia se lesionó gravemente en la espalda.

El aviador de Coruña del Conde

Los intentos de conseguir máquinas voladoras con las que recorrer grandes espacios no terminaron con las aventuras cordobesas de Ibn Firnas, pero nadie parecía encontrar la fórmula o la tecnología adecuada para conseguir algo más que un corto vuelo con testarazo asegurado. Finalmente, no fue un gran erudito o un ingeniero reconocido quien lograra la hazaña de realizar un vuelo que verdaderamente mereciera tal calificativo con una máquina más pesada que el aire, sino un sencillo pastor, vecino del burgalés pueblo de Coruña del Conde.

Diego Marín Aguilera, el mayor de ocho hermanos, hijo de Narciso y Catalina, fue un pastor que pasó años contemplando el vuelo de las aves y deseando surcar los cielos como ellas. Mecánico habilidoso, era capaz de reparar cualquier cosa, por lo que no era extraño que fuera requerido para arreglar, o incluso mejorar, diversos molinos y batanes, además de inventar artilugios para serrar mármol y tratar lino. Toda su experiencia con máquinas le sirvió para idear un aparato volador capaz de marchar contra el viento. Tras muchos años de estudios y pruebas, construyó una especie de águila gigante, con alas de más de dos metros hechas con varillas de hierro y cubiertas con plumas en una disposición similar a la que habían contemplado en las aves. Las alas estaban provistas de un sistema articular que permitía controlar la nave, que constaba también de un remedo de fuselaje de madera, en el que se acomodaría el piloto, capaz de controlar las articulaciones de las alas y de la cola por medio de manivelas y estribos. Hay que descubrirse ante tal ingenio, verdaderamente adelantado a su tiempo, una genialidad que no pudo haberse basado en nada anterior, ya que no hay constancia de que nadie hubiera llegado tan lejos en el arte del vuelo con máquinas más pesadas que el aire hasta entonces. Si acaso, pudiera haber contemplado algún grabado o dibujo de Leonardo da Vinci, pero incluso esto es poco probable.

Los documentos de la época dan fe de que, la noche del 15 de mayo de 1793, Diego Marín saltó desde un risco del pueblo de Coruña del Conde, vestido con traje emplumado, pilotando su gran águila. Su confianza en el éxito de la empresa era completo, estaba convencido de que podría llegar incluso hasta El Burgo de Osma, en tierras sorianas, volando. Contemplaron la hazaña, y narraron el hecho como tal, un amigo del piloto, de nombre Joaquín Barbero, y su hermana. En contra de lo que pudiera parecer lógico, el aparato no cayó en picado al saltar sino que voló con suavidad y sin problema alguno, llegando Diego a controlar el rumbo tal y como había pensado, accionando los mecanismos de dirección del aparato. Pero, por desgracia, las piezas metálicas que tan esmeradamente había unido el herrero del pueblo siguiendo las instrucciones del aviador no fueron tan resistentes como hubiera sido necesario. Uno de los pernos metálicos en una articulación saltó de su posición cuando la nave había recorrido ya casi cuatrocientos metros desde el lugar del salto. Por fortuna, Diego Marín aterrizó con cierto esfuerzo en un terreno cercano. Temiendo lo peor, corrieron ladera abajo Joaquín, su hermana y el herrero, que finalmente se había decidido a contemplar cómo el artilugio en el que había trabajado durante semanas volaba. En medio de la noche, Diego Marín se encontraba gritando con gran enfado, acordándose entre improperios del herrero y del maldito perno del ala derecha que había puesto fin a su viaje. El siguiente paso estaba decidido, había que reparar el gran águila para volver a intentarlo, pero tal viaje nunca se llevó a cabo.

¡Cosa de brujas!

La hazaña de Diego Marín sucedía en pleno siglo XVIII, así que no habrá que imaginar demasiado para comprender la reacción del pueblo cuando se enteró de tan extraño asunto. Tal y como relató Eduardo de Ontañón en el texto que ha servido para dar comienzo a este artículo:

Bien el ruido del aparato, o la indiscreción gozosa del herrero, o el atisbar constante desde las pequeñas ventanas del pueblo, tenía despiertos a los buenos coruñeses condales, que de seguida atravesaron el puentecillo romano que separa el pueblo de las huertas y rodearon la extraña escena, a la luz de la luna. El raro aparato, su jinete vestido de plumas, el vuelo, la luna, la noche, todo les llenó de fantástica imaginación. “¡Cosa de brujas!”, dijo alguno. Y, como dados de habla, todos cayeron sobre el armatoste de plumas y hierro y lo destruyeron a la vista de su autor.

Recién nacido el siglo XIX, cuando la humanidad empezaba a contemplar con seriedad la posibilidad de volar, pocos años después de haber realizado su único intento de surcar los cielos, falleció Diego Marín, en medio de una profunda depresión y tristeza desde aquella noche. Sus vecinos convirtieron la gesta en motivo de burla, no se le permitió reparar su querida águila mecánica y, entre el miedo supersticioso y la ignorancia, el sueño de un pastor castellano genial, terminó sepultado en las brumas del tiempo, mientras las enciclopedias y los libros de historia recuerdan a otros grandes nombres de los inicios de la aviación que, en ambientes más favorables, lograron dar forma al sueño de volar como las aves. Hoy, tras más de dos siglos en el olvido, renace el recuerdo de Diego Marín para dar nombre a un centro de enseñanza burgalés y, a modo de sentido homenaje, en el lugar desde el que voló este pionero, el Ejército del Aire español ha levantado un monumento al primer aviador español en forma de avión reactor Lockheed T-33 Shooting Star.

Más información:
Artículo en TecOb donde ya traté este tema anteriormente
Las Crónicas de Yagüe Garcés – El primer hombre que voló
Wikipedia – Diego Marín Aguilera


15 Comentarios

04.04.09

Iba a comentar que me parecía haber leído ya al respecto de la gesta cuando he visto al final de la anotación la referencia a una anterior tuya.

Será interesante comparar la repercusión de esta anotación con la antigua y con la de ayer.

Al grano: ¿fecha para la publicación de tu nuevo libro?

04.04.09

#maty: ¿Repercusión de este artículo? Supongo que mínima, sobre todo comparado con lo de ayer, con más de 20.000 visitas adicionales sobre lo que suele ser un día normal y más de 40 comentarios, cuando lo normal por artículo suelen ser apenas un puñado y, en muchos casos, ninguno.

Con respecto a fechas de publicación, te comento que dos libros están ya en manos de las editoriales, de ellas depende la cuestión de fechas y avisaré con tiempo en cuanto me informen, será cosa de unos meses. Por una parte, en una editorial muy pequeña, saldrá un librillo con extractos de TecOb, nada del otro mundo. Por otro lado, y en una editorial de esas que dan miedo por su tamaño, se publicará mi novela. Depende de los calendarios de cada editorial el marcar ritmo de publicación. :-)

04.04.09

Tendrías que retocar el tema utilizado y cambiar la forma de presentar los enlaces. Por cierto, tienes muuuchos vecinos en el servidor web compartido en Arsys.

Ayer se actualizó el pagerank de Google y el tuyo sigue siendo 4, muy bajo porque no tienes optimizada la bitácora para ello. Y eso que es mucho más referenciada que Nauscopio (se mantiene en 6) o Una temporada en el infierno (ha subido de 5 a 6).

Me interesa el segundo libro, pues hace años que te/nos vamos leyendo. Ah, y si este verano pasas por Tarragona… te espera un atracón de marisco.

04.04.09

#maty: Hombre, eso estará bien para gente que busque tener muchas visitas y/o ganar algo de dinero con publicidad y cosas así. Para mí, los dos blogs que mantengo no son más que una cosa muy secundaria entre mis preferencias. De vez en cuando escribo algo que me interese por el motivo que sea y punto final. No tengo tiempo para cambiar de themes ni reorganizar enlaces, actualizar WP y, mucho menos, cambiar de servidor. Ten en cuenta que aquí no hay publicidad de ningún tipo ni es el propósito de este blog aparecer arriba en listas de blogs, no me interesa lo más mínimo. Con respecto a lo de pasar por Tarragona, me imagino que sucederá cuando el infierno se congele, pues hace más de diez años que no tengo nada que se parezca a lo que comunmente llaman “vacaciones”.

04.04.09

Pero bien poco te costaría poner unas direcciones más amigables y legibles. Las actuales seguirían funcionando:

http://unatemporadaenelinfierno.net/?p=4236
http://unatemporadaenelinfierno.net/2009/04/04/los-campos-eliseos-en-primavera-2/

04.04.09

#maty: No es tan sencillo. La versión que utilizo de WP es tan prehistórica que, aunque cuenta con la opción de tranformar las URL, acaba dando problemas. Ya lo intenté hace tiempo y a punto estuve de cargarme la base de datos, teniendo que reparar el problema a mano. Ni me planteo actualizar WP, también lo intenté y la base de datos casi explota. Demasiado salto desde mi versión hasta una actual.

04.04.09

Curiosa estampa la del avión a reacción con los restos del castillo. Un lugar que me anoto para próximas visitas.

También me resulta curioso que no consideremos a Ibn Firnas como el primer aviador español. Espera que se enteren en la Junta. No tardarán en colocar un avión de CASA en Ronda.

04.04.09

#PECE: Con Firnas hay un problema, pues no se sabe separar lo legendario de lo real, no hay documentos que prueben la real existencia de su hazaña, salvo alguna crónica muy escueta. En cambio, con Diego, hay actas muy interesantes de su aventura y, por ello, al ser incuestionable el hecho, se le considera el primer aviador español… al menos hasta que aparezcan viejos papeles sobre otro personaje que lo lograra antes. :-)

04.04.09

En vez de animarme, leer estas hazañas frustradas me ponen de mal humor. “¡Cosas de brujas!” revuelven mis entrañas.
Como es habitual, otro pedazo de historia que me es desconocido.
salu2

04.04.09

El primer aviador español (1793)

[c&p] Diego Marín Aguilera, el mayor de ocho hermanos, hijo de Narciso y Catalina, fue un pastor que pasó años contemplando el vuelo de las aves y deseando surcar los cielos como ellas. Mecánico habilidoso, era capaz de reparar cualquier cosa, …

06.04.09

Diego Martín fue sin duda victima de la época que le tocó vivir, una Castilla apegada a las tradiciones y con autentico pavor a las novedades que no lograba entender.
Como dice el Mio Cid: “¡que buen vasallo, si tuviera buen señor!”

21.04.09

muy chulo! quizá te guste conocer la historia del primer submarino de la historia…
http://www.alicantevivo.org/2008/04/alicante-y-el-primer-submarino-de-la.html

un saludo!

21.04.09

#Rubén: Gracias por el aviso. Sobre el submarino de Cosme ya escribí hace tiempo:

http://www.alpoma.net/tecob/?p=311

Pero tengo pendiente publicar algo más extenso en una revista de historia próximamente, si encuentro tiempo para ello, claro está.

Un saludo,
Alejandro.

26.10.09

Test

[…] vía http://www.alpoma.net […]

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