Los balcones transparentes de la Torre Sears

2 de Julio, 2009

Sólo con pensarlo me recorre el espinazo una sensación de vértigo nada cómoda, pero supongo que habrá gente a la que la experiencia le guste. La Torre Sears es uno de los edificios más emblemáticos de Chicago y, hasta hace pocos años, fue considerado como el edificio más alto del planeta. Las cifras no dejan lugar a dudas de su enormidad: 442 metros de altura y 108 plantas. Ahora, como especial atracción turística, se han suspendido de su fachada balcones completamente transparentes, hacia la altura del piso 103. Nada más que añadir, las imágenes hablan por sí solas. (Fotografías: AP Photo/Kiichiro Sato).

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El último dodo

2 de Julio, 2009

Dentro de unos días será subastado en Christie’s, por una considerable cantidad de dinero, un dibujo del siglo XVII que está considerado como la última representación gráfica tomada de un dodo vivo, antes de que su especie se extinguiera por completo. Dicho dibujo, que ilustra este post, pertenece a un artista desconocido y se ha convertido en todo un símbolo del triste destino de los dodos, especie de ave no voladora que fue endémica en Mauricio.

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Los dodos vivían tranquilamente en su apartado rincón del Océano Índico hasta que la noticia de su existencia llegó a Europa en el siglo XVI. De repente, se convirtieron en objeto de deseo, unos “pájaros” tontos, de ahí su nombre de origen portugués, que viene a significar estúpido, tan torpes que podían convertirse en presa fácil. También conocidos como drontes, estas aves sucumbieron a la caza y a sus nuevos enemigos, invasores para los que no pudieron oponer ninguna resistencia, desde gatos y perros a cerdos, entre muchos otros animales recién llegados con los europeos. Muchos terminaron en el viejo continente como objeto exótico de exposiciones. En poco tiempo la especie fue aniquilada por completo y, de su recuerdo, quedan restos óseos y dibujos, muchos de ellos inadecuados y de poca exactitud por haber sido realizados sin tener delante uno de estos animales. Éste último dibujo, a decir de los expertos, seguramente sirvió de modelo para muchas láminas de historia natural realizadas en Europa a lo largo de los años. El dibujante tuvo la suerte de contemplar ante sí a uno de los últimos miembros vivos de la especie, recogiendo certeramente los rasgos que nunca más volverían a contemplarse sobre el mundo, un triste recuerdo de un encuentro desafortunado.

| Vía Bibliopole |

Norton I, Emperador de los Estados Unidos y Protector de México

1 de Julio, 2009

Bien conocido es que, desde sus primeros días, los Estados Unidos de América huyeron de cualquier tipo de forma de gobierno relacionada con la monarquía, a pesar de que históricamente llegue a ser conocido su dominio como cercano al fenómeno imperial. Ahora bien, hubo alguien que se autoproclamó Emperador de los Estados Unidos y, sólo por ese sencillo ataque de lunática megalomanía, merece un pequeño hueco en cualquier recopilación de hechos curiosos y excentricidades.

Su Majestad el Emperador Norton I de los Estados Unidos de América y Protector de México, era un tipo de lo más curioso. Su nombre real, o al menos uno de los que utilizó, era Joshua Abraham Norton y, aparte de eso, poco se sabe acerca de sus orígenes. El Emperador, que vivía en San Francisco, había llegado a California como un aventurero más a mediados del siglo XIX, durante la fiebre del oro. Posiblemente nació en Inglaterra y, cuando falleció, en 1880, los cronistas calcularon que debía rondar entre los sesenta y cinco y los setenta años de edad.

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De niño pasó un tiempo con su familia en Sudáfrica, donde su pades había emigrado hacia 1820. Sus parientes, próspera estirpe de comerciantes judíos, proporcionó como herencia a Norton una buena suma de dinero. Con los bolsillos llenos, decidió probar fortuna en América y, al principio, sus aventuras comerciales marcharon por buen camino. La avaricia hizo presa en sus deseos, especuló despiadadamente con el precio del arroz y terminó perdiendo casi todo su capital, hasta verse obligado a declarar la bancarrota de su sociedad tras perder diversos litigios presentados en su contra por sus socios.

Ahí está, posiblemente, el origen de su excentricidad. Alguien que había estado siempre en la cima, vivido de forma opulenta y acostumbrado a los tratos comerciales con diversos países, no podía quedarse quieto viendo cómo los días pasaban sin más. Por un tiempo desapareció, y nadie sabe a ciencia cierta dónde pudo vivir, hasta que reapareció repentinamente convertido en un extraño personaje. Envió cartas y artículos a diversos periódicos de San Francisco, quejándose del sistema de gobierno estadounidense, de su justicia y de los funcionarios del estado. Finalmente, presentó como la única solución a todos los males burocráticos del país una solución de lo más cómico. Proclamado a sí mismo como Emperador, llamó a representantes de todos los estados a reunirse en forma de nueva cámara de representantes en San Francisco. Sucedió en 17 de septiembre de 1859 y, al principio, tanto los periódicos como el público siguieron sus acciones con espectativa, como si se tratara de una obra de teatro. Norton I gritaba por doquier contra la corrupción, ordenaba movimientos de tropas y la abolición de las leyes anteriores así como la disolución del Congreso.

Se inició así uno de los “reinados” más surrealistas de cuantos haya habido nunca. Con el paso del tiempo Norton I estableció todo tipo de leyes para gobernar su imperio y planeó la construcción de grandes infraestructuras. Mandó la construcción de un puente colgante precisamente en el mismo lugar sobre el que muchos años más tarde se levantaría el Golden Gate, redactó edictos de todo tipo y, para colmo, se nombró Protector de México, porque en su opinión los gobernantes de ese país eran incapaces de hace prosperar a su pueblo.

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No se sabe si Norton I se tomaba en serio a sí mismo, puesto que su influencia no pasaba de las risas que solía levantar a su alrededor, pero la función duró bastante. Su personaje imperial tenía espacio asegurado en la prensa, muchos curiosos visitaban su Corte, que no era más que un viejo edificio de apartamentos de alquiler. Vestido con sus ropajes imperiales, paseaba por San Francisco acompañado de sus dos perros, siendo saludado, o insultado, por quienes con él se cruzaban. Pero lo que comenzó como una protesta esperpéntica fue dando paso a un personaje típico de la ciudad. Como si se tratara de una atracción de feria, llegaban gentes desde muy lejos a conocer al gran Emperador, los restaurantes le ofrecían comidas gratuitas, sobre todo porque su presencia animaba el ambiente. Las críticas de Norton I fueron efectivas muchas veces, su ácido estilo a la hora de redactar sus artículos-leyes podían hacer daño a la credibilidad de personas o empresas, porque solía fijar el blanco de sus ataquen en problemas que acuciaban a los habitantes de San Francisco, quienes lo adoptaron como si fuera parte del paisaje urbano. Fueron muchos los incidentes que protagonizó, como el instituir un impuesto a los tenderos de San Francisco para mantener la Corte. Apenas se trataba de unos centavos y, muchos de ellos, pagaron gustosos, con tal de que el “circo” se mantuviera. En medio de las calles pronunciaba discursos, gritaba indignado contra de las penurias de los trabajadores, mientras sus medallas brillaban al sol. En cierta ocasión, habiéndose dañado su imperial atuendo y ante sus insistentes quejas, las autoridades municipales le obsequiaron con nuevas ropas.

Norton I se carteó con grandes personajes de su época, acudió a recepciones y fiestas y hasta logró acuñar ficticio papel moneda con su efigie, unos billetes que hoy se han convertido en carísimos objetos de coleccionismo. En medio de la Guerra Civil ordenó el alto al fuego y la reconciliación de las partes, claro que, como no podía ser de otro modo, ni Lincoln ni Jefferson Davis le hicieron caso alguno.

imgTras más de dos décadas de mandato, el Emperador Norton I falleció durante una vehemente exposición de sus ideas ante un público espectante. La ciudad lo consideró una gran pérdida e incluso hoy es recordado, pues aunque lunáticos hay muchos, personajes tan originales son escasos. Ciertamente, causaba risa, pero sus discursos solían ir más allá de lo meramente circense. Hoy, una tumba recuerda el paso de Norton I por el mundo bajo un epitafio de lo más directo: Emperador de los Estados Unidos y Protector de México.

Más información:
Wikipedia - Joshua A. Norton.
Atlas Obscura - Emperor Norton’s Grave .
Encyclopedia of San Francisco - Emperor Norton.
Emperor Norton I, Emperor of the United States and Protector Of Mexico.

Imagen de la lápida: Find a Grave.

¿Meses de 28 días?

29 de Junio, 2009

Propuestas para modificar los calendarios aparecen cada poco, de hecho, pueden hasta coleccionarse, a pesar de que muy pocas a lo largo de la historia han sido puestas en práctica. Hoy he encontrado una de lo más pintoresco, apareció publicada en la revista Alrededor del Mundo, en su número 1.590, editada en Madrid el 7 de diciembre de 1929. Cuando menos, guarda cierto interés y, por ello, he pensado en compartir el recorte, realizado a partir de un PDF escaneado de la Biblioteca Nacional, con los lectores de TecOb:

Meses uniformes de 28 días [Imagen 1Mb.]

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Pequeña biografía ilustrada de Nikola Tesla

28 de Junio, 2009

En julio de 1956 la revista Popular Science publicó, aprovechando la celebración del centenario del nacimiento de Nikola Tesla, una pequeña biografía ilustrada que glosaba diversos episodios de la vida del genio de la electricidad. Bien, ya sé que está en inglés y eso supone una limitación para algunas personas, pero no por ello deja de ser una auténtica delicia, obra de Gardner Soule:

Mr. Tesla, who made work easier.

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Michael Jackson, inventor

27 de Junio, 2009

Ni se me había pasado por la imaginacion escribir nada sobre Michael Jackson en la hora de su triste final, bastante lata nos ofrecen ya por todas partes y, además, en mi colección musical nunca he albergado ni una de sus canciones pero, sorpresa, acabo de ver algo realmente curioso que encaja a la perfección en TecOb. Tal y como se lee en una nota de Boing Boing Gadgets, existe una patente estadounidense, en concreto la US5255452 del año 1993, donde aparece Michael Jackson, junto a dos de sus diseñadores de vestuario, como inventor de un “método para la creación de una ilusión de antigravedad” o, lo que es igual, un tipo especial de calzado ideado para que los bailarines pudieran realizar pasos “imposibles”, como inclinaciones estables a 45 grados y similares.
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Marie Marvingt y la primera ambulancia aérea

25 de Junio, 2009

Hace poco visitó TecOb la chica halcón, Hélène Dutrieu. Hoy le toca el turno a una contemporánea cuyos méritos no desmerecen, ni de lejos, los de la aventurera del aire e inventora citada.

imgCiertamente, la vida de Marie Marvingt fue excepcional en todos sus aspectos. Viajemos en el tiempo para contemplar a una anciana en el día en que cumple ochenta años. Día 20 de febrero de 1955, una viejecita camina con decisión entre aviones, acompañada de pilotos y curiosos en la base aérea francesa de Toul-Rosières. La estampa es poco común, pero lo que sucederá a continuación será mucho más soprendente. La mujer, junto a un piloto de la U.S. Air Force, se acomoda a bordo de un interceptor supersónico con capacidad nuclear McDonnell F-101 Voodoo. Quien piense que se trata de una simple visita, se equivoca. No va a disfrutar de una simulación, ni tan siquiera pasará un rato en la cabina posterior “jugando” con los mandos. El caza hace rugir a plena potencia sus dos turbinas Pratt & Whitney, recorre la pista y despega. En efecto, una octogenaria ocupa, durante todo un vuelo, un puesto en la cabina de un avión de combate de la OTAN. ¿Qué grandes hazañas había logrado Marie para que le fuera concedido tal honor?

Ese mismo año, la anciana aprendió a volar en helicópteros, consiguiendo la correspondiente licencia de piloto que, por supuesto, no quedó olvidada en su cartera, bien se ocupó de emplear el documento activamente durante años hasta que, en 1963 y con 88 años de edad, abandonó este mundo. Desde entonces, en Francia es considerada como heroína nacional, siendo empleado su nombre para bautizar calles y edificios de todo tipo, entre otros honores. Marie Marvingt publicó varios libros, multitud de artículos, participó en películas y logró incontables premios aeronáuticos pero, sobre todo, es recordada por su tenacidad.

Veamos, siendo breves, habrá que recordar a una jovencita francesa, nacida en 1875, que destacó muy pronto por su habilidad deportiva, siendo capaz de destacar mundialmente en deportes acuáticos, carreras de caballos, atletismo, boxeo y artes marciales, además de en tenis, golf, fútbol, deportes de invierno. ¡Alto! ¿para qué continuar? La verdad es que la chica era algo así como una atleta incansable y polivalente, un portento pocas veces igualado. Por lo demás, poco antes de nacer el siglo XX, consiguió una licencia de conducción de automóviles y ya acumulaba tantos trofeos y medallas que apenas si quedaba espacio en una grande y abigarrada estantería para contenerlas. En la primera década de la nueva centuria sintió la llamada de las montañas y, así, se convirtió en la primera mujer en alcanzar muchos de los picos de los Alpes suizos y franceses. Sus hazañas eran glosadas apasionadamente por los periódicos de la época. En esa época era conocida como anfibio rojo, por el color de su bañador. A finales de esa década se convirtió en auténtica reina de los deportes de invierno y, también, en experta y condecorada tiradora, armada con su carabina era imbatible.

Poco a poco las máquinas fueron tomando un lugar especial en su corazón. En 1910 fue campeona mundial de Bobsleigh, mientras también destacaba en ciclismo, aunque en 1908 sufrió una grave decepción al serle prohibido participar en el Tour de Francia, pues únicamente podían participar hombres. Al poco tiempo, en diversas pruebas, pudo demostrar que podía competir contra cualquier hombre y, gracias a esta tenacidad, logró de la Academia de Deportes Francesa, en 1910, la medalla de oro “por todos los deportes”, algo completamente excepcional. Únicamente con pensar en todo esto uno ya se siente cansado, Marie demostraba tener tanta energía como decenas de personas no pueden desplegar en toda una vida y, sin embargo, solo era el principio.

Nuevamente, una máquina, fue capaz de enamorarla. Ya no era un automóvil, o una bicicleta, ni tan siquiera uno de sus queridos trineos. Desde que en 1901 ascendiera en globo por primera vez, no dejó de pilotar aerostatos, pero deseaba ir más allá. En 1909 probó algo que siempre quedaría en su memoria como el momento en que descubrió su mayor pasión: los aviones. Sus vuelos en globo, como el que realizó cruzando en Mar del Norte a bordo del Estrella Fugaz, temerarios y pioneros, poco podían compararse con su deseo de pilotar aviones. Es considerada como la primera mujer en pilotar en solitario un avión monoplano y, a finales de 1910, logró que le fuera concedida la tercera licencia mundial de piloto de avión que era concedida a una mujer. Su pericia tornó legendaria, a lo largo de casi un millar de vuelos fue capaz de aterrizar sin un solo contratiempo, y eso que no se limitó a vuelos de placer, pues participó en espectáculos peligrosos y competiciones arriesgadas, estableciendo diversas marcas mundiales.

Fue la Gran Guerra la que le impulsó a luchar por una idea en la que venía pensando desde 1912: la construcción de ambulancias aéreas. Luchó en la guerra, incluso en trincheras y en varios frentes. En 1915 se convirtió en la primera mujer en convertirse en piloto de combate, bombardeando territorio alemán, siendo condecorada por ello. He ahí el motivo por el cual, además de ser recordada como impulsora del uso de la aviación en labores sanitarias, se le otorgara el honor de volar a bordo de un caza supersónico al alcanzar la edad de ochenta años.

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Marie Marvingt, en un dibujo de 1914 obra de Émile Friant sobre la idea de la ambulancia aérea.

Terminada la Primera Guerra Mundial, Marie Marvingt trabajó como periodista, corresponsal de guerra y oficial médico en el norte de África, además de inventar, estando en Marruecos, un sistema de patines metálicos con los que facilitar aterrizajes de aviones sobre arena. Desde entonces, nunca se cansó de promocionar el uso de la aviación para fines médicos y sanitarios, siendo ipulsora de diversas organizaciones relacionadas con el diseño y uso de ambulancias aéreas, logrando en 1935 la primera licencia mundial como piloto paramédico. Y así, llegando a ser nombrada miembro de la Legión de Honor Francesa, cayó otro desastre para Europa. No por ello su energía había disminuido y, en medio de la Segunda Guerra Mundial, trabajó en un hospital para aviadores heridos e inventó un nuevo tipo de sutura quirúrgica. Sinceramente, me descubro ante ella, no creo que el tiempo de una vida pueda llenarse más, con tantas y tan buenas experiencias, inventiva y pasión.

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Coblentz y la molibdenita

23 de Junio, 2009

Este es un asunto que me lleva intrigando desde hace años, así que me he decidido a publicar algo sobre él, con la esperanza de que algún lector mañoso de TecOb pueda resolver mis dudas. Como toda historia, ésta también tiene un principio. La cuestión comenzó con un artículo en este mismo blog, en el que me preguntaba qué tipo de mineral era uno que hace tiempo habita en mi colección de pedruscos pero que todavía no he inventariado adecuadamente. Durante un tiempo pensé que era molibdenita, pero ya no lo tengo tan claro y, en realidad, no importa demasiado.

Pero una cosa llevó a otra, que sí importa, por lo curioso e intrigante del experimento. Buscando información sobre la molibdenita, llegué a alguien que sugirió su uso como generador de energía electríca partiendo de la radiación solar. ¿De verdad exponiendo cristales de molibdenita al sol se genera energía eléctrica? Podría ser, hay algunos minerales que ofrecen tal comportamiento, pero en el caso de ese mineral de molibdeno parecía haber algo especial. Desde que William Coblentz describiera este comportamiento, prácticamente nadie ha hecho caso al mismo y no deja de ser raro, teniendo en cuenta que han pasado más de ochenta años desde entonces.

Veamos, ¿algún lector de TecOb tiene a mano cristales de molibdenita? Si es así, le sugiero que realice un sencillo experimento siguiendo las indicaciones que se dejan ver en las siguientes letras y que, cómo no, espero que me comente el resultado de la experiencia.

¿Quién era el tal Coblentz y por qué le interesaba la molibdenita? A estas dos preguntas habrá que responder que William Coblentz fue uno de los científicos más destacados de su época, manteniéndose en activo prácticamente durante toda la primera mitad del siglo XX, con resultados extraordinarios. Es considerado como uno de los padres de la espectroscopia y la radiometría infrarroja. Aplicó estas técnicas en astronomía y en multitud de experimentos físicos. Y, tras “jugar” con cientos de materiales buscando lo mejor para sus radiómetros, llegó a la conclusión de que exponiendo cristales de molibdenita a los rayos solares se podía generar energía eléctrica. Se apasionó con ese mineral, y a él y a su efecto “actinoeléctrico”, como lo denominaba, dedicó varias patentes. Lo curioso del tema se encuentra en que, según sus palabras, podía generar una cantidad considerable de energía eléctrica, pero únicamente cuando exponían ciertas “motas” presentes en el interior de algunos cristales de molibdenita, he ahí el misterio. ¿En qué se diferenciaban esas porciones de cristal del resto de áreas aledañas?

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Para entender mejor todo esto, acudiré a la prensa de la época. En traducción-adaptación casera, he aquí un fragmento de un artículo publicado en Popular Mechanics en el mes de marzo de 1932:

El Doctor Coblentz maneja una pequeña caja, como un pastillero, del que salen dos finos cables, como antenas de insecto. Los dos cables están soldados a ambos extremos de una pieza de molibdenita colocada en el interior de la caja. Una mirada cercana nos muestra la presencia de una pequeña mota incrustada en el interior del cristal. Él dirige la caja hacia el sol, penetrando la luz hasta contactar con el mineral. Entonces, ¡la aguja del amperímetro pega un salto! En cuanto se cubre la abertura, la aguja retorna a su posición de reposo.

Poco más hay que añadir. Recomiendo la lectura minuciosa de ese artículo, y también de este otro, de la edición de julio de 1926. El misterio reside en esas motas y en su supuesto poder “fotovoltaico”, aunque para ser precisos este efecto de generación de energía eléctrica a partir de la luz no tiene mucho que ver con ese término, no al menos como se emplea en la actualidad. Vale, he lanzado el reto. ¿Quién se anima a reproducir el experimento de Coblentz? Si nadie se ofrece, ¿puede alguien al menos orientarme sobre dónde adquirir cristales de molibdenita de forma sencilla? Ya se sabe, la curiosidad mató al gato. ;-)

Documentos adicionales: Patentes de William W. Coblentz, en concreto, recomiendo la lectura de esta: Optical means for generating, amplifying and controlling electric currents.

Por cierto, no viene mal recordar aquí el Poema Marciano, de Catherine Cate Coblentz.

ACTUALIZACIÓN (1 de julio de 2009): Jordi me ha pasado un documento excepcional que me ha permitido entender algunas cosas relativas a este asunto. Por lo que he podido averiguar, tirando del hilo, aunque durante mucho tiempo no se profundizó mucho sobre el tema, parece que el empleo de ciertos minerales, posiblemente entre ellos finas láminas de molibdenita, o combinaciones que la contengan, pueden tener un futuro prometedor en el desarrollo de nuevos dispositivos fotovoltaicos. Referencia de interés: The photovoltage in thin crystals of MoS2. B. L. Evans et al 1968 J. Phys. D: Appl. Phys. 1 1619-1623.

Bombardeando el falso París

19 de Junio, 2009

En el momento en que se ideó este proyecto pudo tener su utilidad. Ciertamente, a finales de la Gran Guerra, hacia 1917, la tecnología aérea dedicada a la destrucción desde el aire, los primitivos aviones bombarderos, no eran precisamente certeros en sus ataque, ni tan siquiera en la identificación desde las alturas de sus objetivos. ¿Por qué no crear entonces una ciudad fictícia que desorientara a los pilotos y fuera bombardeada, salvando a la ciudad real? Sin radares, navegando visualmente, sobre todo entre brumas, pudo haber funcionado. No he encontrado mucha información sobre la idea, pero me parece fascinante. Según este recorte de la edición del 6 de noviembre de 1920 de The Illustrated London News, aunque al terminar la guerra no había sido completada, sí se había levantado en las cercanías de París una gran simulación de ciudad, con sus calles, luces, vías y demás juegos ficticios, dedicada a atraer sobre sí bombardeos enemigos, desorientando a los pilotos alemanes y, así, salvando a los parisinos de algunos bombardeos.

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| Vía Ptak Science Books |

Illustromat

17 de Junio, 2009

Estoy intrigado con esta serie de máquinas. Hace poco encontré una escueta referencia publicitaria sobre el modelo 1200 en el número perteneciente al mes de julio de 1969 de Popular Science. Como puede verse en el recorte, la Illustromat 1200 era algo así como un plotter automático capaz de convertir esquemas técnicos convencionales en planos tridimensionales.

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He intentado encontrar más información sobre esta tecnología, pero apenas he logrado resultados positivos. Si hay alguien que lea estas letras y haya empleado una máquina así en algún momento de su vida, me gustaría conocer su experiencia, seguro que es apasionante. Por lo demás, he aquí una imagen del modelo 1100.

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Fuente: Derby Industrial Museum - Illustromat 1100 drawing machine - D.J.Caroline.