Viaje tridimensional al interior de los invertebrados

mqdefaultAcabo de cruzarme con una colección de vídeos realmente apasionante. Se trata del canal en YouTube de Javier Alba-Tercedor, del Departamento de zoología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada. Anoté la referencia en una nota que leí en un número de Investigación y Ciencia, pero hasta ahora no había echado un vistazo.

Lo novedoso aquí es la técnica empleada, un tipo de aplicación de la tomografía de rayos X que permite crear reconstrucciones tridimensionales navegables de gran detalle del interior de invertebrados. Así, utilizando técnicas de micro y nanotomografía (con resoluciones de 1 y 0,1 micras por pixel respectivamente), se puede explorar el mundo interno de todo tipo de pequeños organismos sin que valiosos ejemplares sean troceados ni diseccionados en el sentido clásico de la palabra. La potencialidad de esta tecnología va más allá de la didáctica, que ya de por sí es impresionante, porque su uso se extiende a la investigación morfológica y fisiológica más allá de lo imaginado hasta ahora.

El coche de aire líquido de Tripler

El viernes pasado, aprovechando una visita para una investigación en el Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas en la calle Panamá de Madrid1, me desvié un poco de mi objetivo para revisar una patente a la que tenía ganas de hincar el diente desde hacía tiempo2. El solicitante de esa patente era un norteamericano singular con una curiosa, y un tanto alocada, historia detrás. He aquí un esbozo biográfico acerca de Charles Eastman Tripler, el mago del aire líquido.

tripler_laboratorio
Tripler en su laboratorio.

Al comprimir y enfriar el aire, éste se vuelve líquido. Naturalmente la mezcla gaseosa de nitrógeno y oxígeno con tropezones de gases nobles que respiramos, requiere de mucha energía para dar ese salto y, para esa labor, se han diseñado todo tipo de ingeniosos sistemas que hincan sus raíces en el siglo XIX. Ahora bien cierto personaje que vivió en el Nueva York de principios del siglo XX pretendió haber encontrado una forma de licuar el aire con un aporte energético despreciable. Vendría a ser algo así como un modo de exportar la obsesión humana por el movimiento perpetuo al campo del aire líquido3. El poblema no era que las máquinas de Tripler no funcionaran, porque posiblemente cumplían muy bien su cometido, sino que el propio inventor afirmó que era capaz de hacer que los compresores se movieran gracias al propio aire líquido generado en una especie de circuito cerrado.

Charles Eastman Tripler nació en Nueva York el 10 de agosto de 18494. Desde temprano mostró un interés por las máquinas que le llevó a diseñar automóviles animados por gas a presión, en principio utilizó gases de amoniaco pero pronto volvió su atención al aire líquido. La otra obsesión de Tripler era el ciclo cerrado, esto eso, lograr una máquina que se moviera sin fin por medio del uso de una cantidad limitada de gas, en un ciclo infinito. El que un coche se pueda mover con aire líquido no era cosa imposible, pero que ese mismo aire genere su propia energía es ir más allá de lo fantástico.

energia_elc
Recorte de “La Energía eléctrica”. 1899, número 1, página 3. Biblioteca Nacional.

La tenacidad de Tripler no tenía límites. Dedicó más de dos décadas de su vida a perfeccionar su máquina para licuar aire. Al parecer, funcionaba bastante bien, pero de ciclo cerrado nada de nada. Otro punto a su favor fue su diseño de un motor de aire líquido para automóviles. No era mala idea tampoco, pero el sistema necesitaba recarga, como es lógico, algo que a Tripler no le hacía gracia. Realmente no quedó nunca claro si se creía su propia ilusión o era un simple estafador. Empeñado en luchar contra la evidencia y la termodinámica, experimentó con todo tipo de gases, incluso con cloro, óxido de nitrógeno, dióxido de carbono y hasta etileno. Licuó todo tipo de gases, pensó en usar la energía solar como fuente de energía en el proceso y, además, perfeccionó sus compresores para llegar a una eficiencia no vista hasta entonces. Pero nada era suficiente, el objetivo final del ciclo cerrado de aire líquido, una máquina autoalimentada estaba cerca, o eso pensaba.

tripler_maquina
Máquina para licuar el aire de Tripler.

Mientras llegaba su gran descubrimiento, el inventor decidió crear su propia compañía destinada a fabricar a escala industrial aire líquido. La Tripler Liquid Air Company5, como fue llamada, quería convertirse en el líder mundial en su campo, superando en tecnología a cualquier otro que basara su sistema para licuar aire en los añejos modelos de Linde y similares. La realidad era otra distinta. Hacia el cambio de siglo, en un pequeño laboratorio de Nueva York, pasaba las horas Tripler realizando demostraciones espectaculares con aire líquido, cuya expansión movía un motor que dejaba a los inversores con la boca abierta, tanto como la cartera, de donde salían los dólares que financiaban aquel sueño imposible. Poco duró aquella aventura, pues Tripler falleció en 1906 a causa de la que por entonces se conocía como enfermedad de Bright.

tripler_laboratorio_2
Experiencias en el laboratorio de Tripler.

En la publicidad de la empresa de Tripler se afirmaba que la energía del futuro era el aire líquido. Muchos no se preguntaban de dónde salía el aire y la energía necesaria para licuarlo, porque los experimentos eran tan asombrosos que se les nublaba la mente. Tripler escribió sobre naves aéreas, barcos, locomotoras y hasta aparatos domésticos movidos con aire líquido. Curiosamente, aunque los sueños de Tripler no llegaron muy lejos, en esa misma época pudo verse circular una serie de vehículos animados por aire líquido. No eran muy prácticos, pero tenían su encanto. Pronto se pensó en usar aire a presión como propulsor, algo más sencillo de manejar que el aire líquido pero, claro está, menos espectacular. De aquellos intentos de explotar el aire líquido para mover máquinas poco quedó, sólo sombras de un futuro que nunca existió.

coche_aire_1
Automóvil con motor de aire líquido de la The Liquid Air Co., hacia 1900.

coche_aire_2
Esquema técnico del coche con motor de aire líquido de la The Liquid Air Co.

______________
1 El archivo histórico está situado en el edificio de Industria, no en las oficinas de la OEPM. Quiero expresar mi agradecimiento por la amabilidad de los miembros del archivo y por su encomiable labor.
2 Expediente número 25932, “Un aparato para liquidar el aire atmosférico”, de Charles Eastman Tripler, fechado el 3 de mayo de 1900.
3 Véase Perpetual Motion: The History of an Obsession, por Arthur W. J. G. Ord-Hume. Adventures Unlimited Press, 1977.
4 Véase Liquid Air And The Liquefaction Of Gases, de Sloane, T. O’Conor. 1919.
5 Véase el catálogo de la empresa para 1900.

Un gigantesco monumento a Colón para Madrid

Este mes de octubre aparece publicado en la revista Historia de Iberia Vieja un artículo en el que he querido recordar la figura del gran ingeniero Alberto de Palacio. Repaso ahí algunas de sus grandes obras, como el puente de Vizcaya o el Palacio de Cristal del Retiro y la Estación de Atocha en Madrid. Lo que nos visita hoy es un fragmento de ese artículo en el que menciono dos de los proyectos que Alberto de Palacio tenía en mente y que, de haberse llevado a cabo, hubieran cambiado la estampa madrileña por completo.

En la mente de Alberto de Palacio bullían grandes ideas que, de haberse materializado en la realidad, le hubieran convertido en un ingeniero y arquitecto de fama equiparable a la de Eiffel. Nos quedan sus estudios sobre grandes proyectos, como el imponente Monumento a Alfonso XIII, de principios del siglo XX. Imaginemos un gran palacio rodeado de imponentes jardines y flanqueado por una inmensa rotonda que se situaría en medio de la Castellana, aproximadamente donde ahora se encuentra la pétrea mole de Nuevos Ministerios. Tal y como se mencionaba en “La construcción moderna”, edición del 30 de enero de 1918, la obra parecía algo inminente dentro del marco del proyecto de prolongación del Paseo de la Castellana:

“Se llevarán a cabo las obras relativas al Monumento de Alfonso XIII y al cerramiento del parque del mismo nombre. El grandioso monumento y sus accesorios, constituidos por obras de escultura y jardinería envolventes del mismo, ocuparán un espacio circular perfecto de 200 metros de diámetro. Este espacio circular decorativo estará rodeado por dos trozos de paseo, que servirán de empalme al actual de la Castellana con la prolongación proyectada. El referido monumento estará constituido por un basamento, una gran puerta de ingreso sobre cuya parte superior destacará la estatua ecuestre de Alfonso XIII y que servirá de coronamiento. Una fuente monumental de gran altura formada por cuatro inmensas cascadas que semejarán bóvedas acrisoladas de forma parabólica, que producirán variadísimos efectos cuando estén bañadas por los rayos solares. Un gran salón para recepciones y conciertos rodeado de balcones y galerías de costales con vistas en todas las direcciones y, finalmente, como remate del monumento, una elegante bóveda sobre la que flotará una bandera española. Las obras anejas al monumento serán grupos escultóricos, formados por reyes y personajes célebres rodeados de espléndidos jardines.”

Proyecto_Monumento_Colon
El proyecto de Monumento a Colón, idealizado por Scientific American.

Sin duda el Madrid monumental hubiera sido muy diferente del actual de haberse llevado a cabo el proyecto mencionado pero aquello sólo era un simple aditamento comparado con el gran sueño de Alberto de Palacio. De haberse construido, hoy Madrid contaría con algo único en el mundo que podría rivalizar con la torre Eiffel, aunque según se mire, el abigarrado diseño final puede que fuera demasiado arriesgado, por decirlo de forma suave. Me refiero al gigantesco Monumento a Colón, de 1891, pensado para conmemorar el cuarto centenario de la muerte de Cristóbal Colón. El proyecto fue premiado en un concurso internacional en Chicago. El emplazamiento original para ser construido debía ser el Retiro, junto con el Palacio de Cristal.

Veamos, describir el Monumento a Colón de Alberto de Palacio no es sencillo pues sus dimensiones son ciertamente desconcertantes. Imaginemos una gigantesca esfera a modo de globo terráqueo de metal con 200 metros de diámetro situada en lo alto de una torre de un centenar de metros. En lo alto, para culminar más de 300 metros de altura, aparecería una reproducción a tamaño natural de la carabela Santa María. En la base, una ciclópea estatua de Cristóbal Colón sería acompañada de otras estatuas monumentales y bellos jardines. En lo alto de la esfera, recorriendo su ecuador, un paseo visitable se hubiera convertido en la atracción más sobresaliente de Madrid. El interior del monumento estaría repleto de salas de exposiciones, auditorios y una proyección móvil de la esfera celeste. ¿Un proyecto imposible? Pudiera ser, pero los cálculos estructurales del ingeniero invitan a pensar que hubiera sido factible, eso sí, no imagino el coste que hubiera tenido semejante monstruo, aunque Palacio lo estimó en 31 millones de pesetas de la época, coste que pretendía amortizar con relativa rapidez gracias al cobro de entradas para visitar tan increíble monumento.

No habrá persona que no lleve en su bolsillo un “fono” (1907)

a2000Tengo una tarde de domingo bastante retrofuturista. Cuando publiqué hace unos días el artículo sobre las granjas de arañas, recuerdo haber encontrado entre viejos papeles un ejercicio de predicción acerca del futuro lejano, ya presente, que transcribo parcialmente a continuación. Sorprende ver cómo se acierta de lleno en algunos asuntos, más que nada teniendo en cuenta que la radio, por ejemplo, acababa de nacer y apenas si existían aparatos en el planeta. Viajemos al futuro-pasado 2007 desde el lejano 19071:

Para el año 2007 tendrá Nueva York veintidós millones de habitantes2. Sus nombres llenarían tomos y tomos de una guía o directorio de señas, así es que se renunciará a estos. El problema se solucionará de un modo sencillísimo. Por aquel entonces la moneda corriente será el centavo de aluminio3, y bastará echar un décimo de centavo en la ranura de uno de los muchos aparatos telefónicos que habrá y pedir las señas que se deseen para que a los tres minutos se obtenga una tira de papel con la dirección pedida impresa. Lo maravilloso será que esta operación se efectuará desde la central por medio de las ondas hertzianas. (…) Se calcula que por aquella época existirán veintiún modos diferentes de locomoción, siendo el más agradable entre todos ellos el de los buques aéreos movidos por la electricidad, y el más rápido el de los tubos neumáticos4.

(…) Por medio centavo se podrá adquirir el último número de cualquier periódico diario, que hará ediciones de hora en hora, tanto de día como de noche, y que se publicará en forma de libro con cubierta de tela y canto dorado. El arte del anuncio habrá progresado de tal suerte que los mejores libros serán sencillamente colecciones de anuncios. Lo más curioso será que después de leído el periódico bastará exponerlo a determinada temperatura para que desaparezca la parte impresa, convirtiéndose en un libro de notas de papel blanco.

A no ser por los relojes, apenas se diferenciará el día de la noche, gracias a una porción de lámaparas eléctricas gigantescas que, suspendidas sobre la ciudad, harán las veces del sol y evitarán el uso de los millones de lámparas incandescentes que hoy gastamos. (…) Toda casa y todo hotel tendrá su cámara frigorífica donde podrá almacenarse de una vez alimento para varios años. (…) Existirán cocinas públicas desde las que se servirá a los abonados la comida por medio de tubos neumáticos.

Por medio de aparatitos portátiles todo el mundo podrá establecer comunicación a cualquier distancia, y no habrá persona que no lleve en el bolsillo su correspondiente “fono” para cuyo funcionamiento se aprovecharán hasta las vibraciones más sutiles del éter. Por encima pasarán las veloces máquinas voladoras, rápida y silenciosamente (…) existirán buques que harán los viajes con perfecta seguridad a razón de unos 1.000 kilómetros por hora. Con semejante velocidad y calculando en 6.000 kilómetros, en números redondos, la distancia que media entre Francia y Nueva York, será posible desayunar en este último punto a las siete de la mañana y cenar en Francia a las seis de la tarde.

_________________
1 Véase Alrededor del mundo, 6 de febrero de 1907.
2 Actualmente el área metropolitana de Nueva York cuenta con poco más de 22 millones habitantes (dato de 2012).
3 El aluminio era poco utilizado en la época, pero empezaba a mostrar su potencial industrial futuro.
4 Al más puro estilo Futurama.

Ubaldo Pasarón, el tipo que “inventó” la navegación aérea y fue tomado por loco

Antes de entrar en harina conviene recordar algunas fechas. Julio Verne publicó La vuelta al mundo en ochenta días en el año 1872. Henri Giffard voló, con el que es considerado el primer dirigible de la historia, allá por el año 1852, aunque no fue hasta finales del siglo XIX cuando los dirigibles se convirtieron en algo relativamente común. Entre esos años citados situamos al español Ubaldo Pasarón y sus sueños aéreos. Veamos, el tal Ubaldo era un militar con formación en ingeniería que, además, era poeta y periodista. Siendo destinado como capitán en Cuba, desató repentinamente una actividad imaginativa asombrosa. Diseñó y solicitó patente para una máquina aérea gobernable, a modo de gran dirigible, capaz de dar la vuelta al mundo en poco más de diez días. Lo que no fueron más que unas letras publicadas en 1862 en la Gaceta de La Habana terminó convertido en una entrañable y un tanto caótica recopilación de textos en forma de librillo a los pocos meses. En la revista Nuestro Tiempo, edición de abril de 1926, se menciona al bueno de Ubaldo de la manera que sigue:

Un capitán de infantería, gallego natural de Lugo, don Ubaldo Pasarón y Lastra, autor de varias importantes obras y de una con láminas titulada Pilotaje aeronáutico, solicitó y obtuvo antes que nadie del intendente general de Cuba (…) el 10 de junio de 1862 el título de Descubridor de la navegación atmosférica y el privilegio durante diez años, y por el precio de 20 millones de pesos, de un servicio de correo aerostático cada semana al cual tituló “Flotante correo universal circunnavegador”; poco tiempo después moría este ilustrado capitán, y con él su proyecto, en la isla de Santo Domingo.

ubaldo_pasaron

La cosa tenía su gracia, porque ciertamente Ubaldo muy difícilmente iba a poder llevar a cabo aquella aventura. En España se lo tomaron con guasa y durante bastante tiempo la prensa estuvo recordando a Pasarón, con burlas y dislates. Ahora bien, el libro de Ubaldo Pasarón no dejaba de ser un precursor de la ciencia ficción (salvando las distancias lógicas), un ejercicio de imaginación creativa realmente singular en el que se habla de navegación aérea y mil historias aparentemente inconexas, desde el transporte de pasajeros y de correo aéreo mundial, hasta la propulsión eléctrica, incluyendo cálculos de diverso tipo, cuando nada de eso existía todavía.

La obra Pilotage [sic] aereonáutico de Ubaldo Pasarón puede encontrarse en la Biblioteca Nacional de España (PDF). Incluye los dibujos que ilustran este artículo.

209 páginas
Te encuentras en Tecnología Obsoleta,
blog editado por Alejandro Polanco Masa.



Eruditio inter prospera ornamentum inter adversa refugium - Laercio.

Contactar

Patrocinado por

Digital vector maps

Archivos

Categorías