Jueves por la noche, tras un atardecer algo irreal, casi ha terminado la semana y los feeds se acumulan de mala manera, formando pilas invisibles con amenza de ruina inminente. En la bandeja del correo electrónico sucede algo similar, almacén insondable. Sí, ha sido una de esas semanas que pasan volando mientras picas código durante horas y no te enteras de que el tiempo, muy tozudo él, no tiene ninguna gana de tomarse un respiro. Entro en Google Reader y me encuentro, como en cadena mágica, tres espectros de mujer que vienen a rescatarme, aunque sea levemente, de este sopor digital. Simplemente dejaré que, en este intrascendente post de hoy, visiten las tres estas letras, a modo de inspiración o simplemente como eco nostálgico de lo no vivido, un juego de palabras que, por cierto, debo a Tomás Fernando Flores, que lo dejó bien adherido en mi memoria en los buenos tiempos de Siglo 21 en Radio 3.
He aquí, en primer lugar, a Louise Brooks. El primer espectro femenino que ha abierto mi repaso de feeds, una mujer por la que siento verdadera pasión, una pena no haber nacido a principios del siglo XX para contemplar su estampa en su época de esplendor.
Luchadora, indomable, culta y ardiente, Louise Brooks fue única en muchos aspectos. Forma parte importante de mi primera novela, más bien debiera decir que “impregna” con su presencia ese montón de papel, o bits, que aparecerá finalmente a lo largo de 2011… ¡si no se tuercen las cosas! Recomiendo a los brooksianos que no dejen pasar la oportunidad de visitar fuck yeah, louise brooks!, un tumblr que recopila un cantidad asombrosa de imágenes de Louise.
El siguiente espectro de mujer ha resultado toda una sorpresa para mí. El ilustrador Charles Dana Gibson creó su más famoso personaje, la Gibson Girl, que durante dos décadas, entre el siglo XIX y el XX, se convirtió en todo un icono satítico de la mujer independiente norteamericana que, sin dejar su aspecto rebelde, era a la vez toda una femme fatale. Me he encontrado con la Gibson Girl en multitud de publicaciones, lo que no sabía, aunque intuía que detrás había una modelo de carne y hueso, era que el dibujo se basaba en una mujer real, la actriz Camille Clifford. Esta imagen de Vintage Blog, donde aparece Camille, me abrió los ojos.
Algo similar me sucedió al leer el tercer feed de la tarde. Mi despiste hizo que pensara que esta adorable criatura hacía tiempo que había abandonado el mundo, pero he descubierto que no es así. Antes de nada, os presento a la actriz Luise Rainer, fotografiada por en 1937 por Carl Van Vechten, en una de mis imágenes favoritas de todos los tiempos que me ha vuelto a recordar trialsanderrors.
De acuerdo, todavía no es un espectro, y esperemos que no lo sea durante mucho tiempo, porque Luise Rainer nació en Alemania en enero de 1910 y todavía sigue por aquí, con un siglo de vida, llevándome la contraria, cosa que me alegra. Hoy casi nadie se acuerda de ella, pero con 28 años ganó dos premios Oscar consecutivos, una hazaña increíble que destruyó su carrera, pues a partir de entonces prácticamente desapareció de la vida pública. En sus propias palabras…
Por mi quinta y sexta películas gané el premio de la Academia. Nada peor pudo pasarme. La verdadera maldición es que una vez ganado el Oscar piensan que uno puede hacer de todo





El avance norteamericano era lamentable. Amontonados en un terreno difícil, lleno de espesa vegetación y sin espacio para maniobrar, las unidades atacantes no podían apenas moverse. Todo el camino estaba lleno de casas y mansiones para el recreo de los burgueses adinerados de Santiago que el ejército español había fortificado, cubriendo los espacios intermedios con alambradas, trincheras y parapetos de troncos. Nada más ponerse en marcha, decenas de norteamericanos fueron abatidos por los certeros disparos de la infantería española. Pero eso no era todo, hasta la torpeza de sus mandos facilitaba a los defensores conocer la posición exacta de sus posiciones. A las 9:30 habían lanzado un globo cautivo de color amarillento, conocido como el «chivato gordinflón», para poder reconocer las posiciones de las tropas de Linares. El globo no sirvió más que para dos cosas: para que el ejército español, la artillería en concreto, se anotase el primer derribo de nuestra historia sobre una aeronave enemiga y descubrir la ruta de avance de las tropas americanas, lo que motivó que la artillería española y las avanzadas de infantería comenzasen a concentrar sus disparos sobre el lugar en el que se encontraba el globo. Los soldados norteamericanos encajonados en el estrecho sendero comenzaron a caer heridos o muertos sin poder responder de forma eficaz al fuego. El globo se fue desinflando lentamente y cayó a tierra en medio de la algarabía y vítores de los soldados españoles. Respecto a los soldados norteamericanos los intensos disparos con casi total impunidad de los mauser españoles les causaron cerca de 400 bajas y decenas de uniformes azules ensangrentados comenzaron a cubrir el campo de batalla…

Hoy es un personaje casi olvidado. Si acaso, encuentra acomodo en la esquina de alguna enciclopedia o disfrute en las páginas de un libro escrito por alguno de sus admiradores y, sin embargo, durante una corta pero intensa época, fue considerado todo un genio. Émile Cohl falleció a principios de 1938 en un hospital de París prácticamente arruinado y olvidado, un triste final para quien es considerado como el padre de los dibujos animados1. Cohl, seudónimo artístico que tomó Eugène Jean Louis Courtet, nacido en 1857, cuando decidió dedicarse al dibujo y la caricatura tras pasar a ser aprendiz del gran dibujante André Gill, abandonando de paso el taller de joyería en el que trabajaba, siempre estaba experimentando con nuevas técnicas. No tardó mucho en sentir fascinanción por el incipiente mundo del cine y, cómo no, se preguntó qué sucedería si se unía fotografía en movimiento con caricaturas. A lo largo de su carrera estrenó muchas películas de dibujos animados, con gran éxito, pero sin duda una de ellas es recordada especialmente. Fantasmagorie, la primera película de dibujos animados de la historia, estrenada el 17 de agosto de 1908 en París, fue todo un acontecimiento. No llega a los dos minutos de duración y, sin embargo, quienes asistieron por primera vez a su proyección, quedaron impresionados al ver los dibujos de Cohl moverse libremente en el espacio. Son 36 metros de película que cambiaron la historia y alumbraron el camino para muchos otros dibujantes que, a partir de entonces, soñaron con realizar grandes películas de dibujos animados. He aquí esta pequeña joya, Fantasmagorie.
Quienes hace mucho que leen TecOb saben que uno de los lugares que más me atraen son las industrias, sobre todo si son antiguas. De entre todas las que conozco, existe una muy especial para mí, pues en ella trabajaron mi padre y mi abuelo. Del conocimiento de sus entrañas nació mi interés por la tecnología y la química. Hoy, por desgracia, apenas quedan restos de lo que fue el Complejo Electroquímico de Unión Española de Explosivos, posteriormente Explosivos Río Tinto y más tarde Erkimia en 







