En cuestión de cine soy un maniático conformista. Maniático porque son muy pocas las películas que realmente me gustan como para considerar que sean dignas de volver a disfrutarlas. Conformista porque, siempre que no espere ver algo especial, prácticamente soy capaz de tragarme cualquier cosa, cuando se trata de pasar el rato, sin pensar, nada más, sin buscar nada extraordinario. En la colección de clásicos personal no hay mucho donde elegir. Ahí están, por ejemplo Blade Runner o Donnie Darko. Pero, igualmente, he pasado buenos ratos con pelis de serie B de los cincuenta, por poner un caso, desde la memorable Ultimátum a la Tierra, hasta rayadas cintas que contaban como protagonistas a hormigas y arañas gigantes, extraterrestres cabezones o pérfidos marcianos verdes. Pero una cosa es que se pueda pasar el rato con El enigma de otro mundo, ¿Qué sucedió entonces? o incluso con Plan 9 del Espacio Exterior, del genialmente malo Ed Wood, y otra muy distinta es caer en la trampa de creer que un tráiler genial fuera muestra representativa de una película presuntamente buena.
El cine de Night Shyamalan no me ha llamado la atención nunca. El Sexto sentido me pareció un tostón y el resto de sus películas siguieron un camino similar, pudiendo salvar a El protegido, pero poco más. Pero llegó El incidente y todo cambió, el tráiler en la televisión estaba tan bien montado que no pude resistir la curiosidad. ¡Mala idea! No recuerdo haber sentido tal decepción al término de una película con la misma intensidad a la que he sufrido con El incidente. Que no se preocupe nadie, no destriparé la película, porque a fin de cuentas ya se encarga el propio Shyamalan de cargársela antes de llegar a la mitad de la misma, desvelando lo que nunca debe desvelarse, aunque, en este caso, el origen del misterio es tan soso, que hasta da pena. Es deprimente que el tráiler sea tan bueno y que prácticamente muestre las únicas secuencias atractivas de la película, porque no hay más. Los actores son completamente planos, pudiendo salvar, aunque tampoco con muchas ganas, a John Leguizamo. Es más, en algunos casos la actuación tan sosa como desesperante de Zooey Deschanel hace que a uno le entren ganas de que se suicide, al igual que hace el resto de la gente a su alrededor. De Mark Wahlberg poco puede decirse, hay veces que incluso parece que está pensando en otra cosa, más que en preocuparse por sobrevivir. Posiblemente, si no hubiera visto el tráiler, hubiera pasado por ser una película más, simplona pero digerible. Pero no, mala idea, muy mala, sólo un par de escenas atractivas, un comienzo bastante decente, hasta misterioso de verdad y un discurrir penoso que va de mal en peor, con loca esquizofrénica añadida a modo de broche final que no pega ni con pegamento. ¡Y la explicación… manda narices! Veamos, se supone, por los mapas que aparecen en pantalla, los noticieros y demás, que cuando la “cosa” pasa, la gente que no se ha suiciado por culpa del ataque de cierta noñería que no desvelaré, vuelve a la normalidad pero… ¡haciendo un cálculo a la baja seguramente han muerto varias decenas de millones de personas en el este de los Estados Unidos! Y nada, pasan unos meses y todos tan contentos, ¡pero si murió menos gente en la Segunda Guerra Mundial! Bla bla, mensaje pseudoecologista final, que es como para vomitar de la moralina y camino abierto a una presunta, aunque supongo que imposible, segunda parte, pues en París comienzan también a desear quitarse la vida… puede que tras haber visto la peli, claro. ¡Hasta Cloverfield es una obra maestra al lado! Esto me pasa por esperar algo genial, eso sí, he de felicitar a quien haya realizado el montaje del tráiler, porque es el culpable de la intriga, la única, que genera la película.
Así que, a modo de redención, descontaminémonos con algo de serie B del año 63, un fragmento de una película checoslovaca de título Ikarie XB 1, ciencia ficción en la misma línea de lo que se hacía en Occidente, pero con algún guiño anticapitalista, claro está, no olvidemos que nació al otro lado del Telón de Acero. Un bocado exótico que, en el fragmento siguiente, nos muestra cómo una tripulación de una nave futura, comunista cómo no, aborda un naufragado vehículo espacial americano de finales del siglo XX, decadente, perdido en el espacio. Dicen que la película está inspirada en una obra de Stanislaw Lem. Sea como fuere, he aquí un poco de serie B estilo “soviético”… a ver si, de esta forma, me olvido de El Incidente intrascendente.
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8 Comentarios
Alejandro, me siento 99% identificado con tu crítica, tal es así que me ahorraste de escribirla. Va link desde el blog.
[...] Mordí el anzuelo una vez más, como dice la canción de los Redonditos. Esta vez fue con el trailer de The happening, el nuevo bodrio de Night Shyamalan, director que me provocó un leve interés con El sexto sentido y a partir de allí sólo filmo tonterías. Siempre me ha atraído el tema del fin del mundo, sobre todo cuando se intenta hacer de una manera creíble, y allí fuí. Iba a escribir una crítica, pero dudé varios días pensando si valía la pena; al fin me libre del asunto porque encontré un post con el que coincido al 98% en el blog Tecnología obsoleta. Solo difiero en dos puntos: 1) creo que “El protegido” fue otro bodrio impasable, que contiene una de las escenas más idiotas que jamás vi en un cine y 2) no paso a John Leguizamo, aunque reconozco que es mejor actor que el ex-”New kids on the block” Mark Wahlberg (cosa no demasiado difícil, en verdad). Aquí va el link: [...]
Y no has visto lo peor de el “director”, ni se te ocurra ver Señales o te tendras que arrancar el lobulo frontal con los regalices que venden en el cine.
EL PRODUCTO ES EL TRAILER.
No lo digo yo, lo dicen los ejecutivos de Hollywood
Jeje, que suerte leer blogs y ahorrarme pelistostón!
En “malos tiempos para la lírica” coinciden con tu opinión!
http://inicios.es/2008/06/17/la-industria-del-cine-no-esta-en-crisis-pero-mas-nos-valdria-the-happening-de-shyamalan/
Saludos (obsoletos?)
Yo la vi la semana pasada. Me gustan mas los zombies asesinos que los suicidas.
Yo creo que el punto central de la peli es el morbo de ver la gente suicidandose, eso vende mucho.
“Esto me pasa por esperar algo genial”
justamente por eso, cuando recomiendo una película, intento no expresar nada. ni entusiasmo, ni enojo. así quien escucha va “en plano” a verla, sin expectativas de ninguna clase. es más, alguna vez escuché a alguien decir que la forma correcta de referirse a una pelicula es decir algo como: recomendable o no recomendable, y punto.
de todas formas gracias por el post, ya que pienso verla y a lo mejor me ocurre lo contrario. es decir, si tus comentarios hacia la pelicula son de lo peor, entonces puede que mis expectativas sean ver algo muy malo, y en una de esas, no la encuentro tan mala
saludos!
[...] Finalmente, está el núcleo del argumento. Siempre tiene que haber un coco, un miedo superior, un enemigo terrorífico para cada época. Klaatu llegó en los cincuenta a nuestro mundo para destruir a la humanidad porque se estaba convirtiendo en un peligro para el orden cósmico, claro, todo motivado por el problema de entonces, las armas atómicas. Ahora que, supuestamente, ya no tenemos ese problema, había que buscar otro coco. Se cae en ese momento en la trama ecoterrorífica de culpar a la humanidad de la destrucción de la Tierra, como organismo vivo singular. Se comete el mismo error en que cayó Night Shyamalan con El incidente, la naturaleza vengándose de los humanos. En el ultimátum de 2008 el núcleo del problema es el mismo, se pasa del miedo a la guerra nuclear al miedo, por parte de una innominada federación de mundos, a que la humanidad destruya la Tierra. La solución está clara, eliminar a lo humanos, así de sencillo. Y, por si la simpleza del argumento no fuera bastante, Klaatu ya no se deja convencer de lo contrario por una serie de conversaciones con amables gentes corrientes, como en la versión del 51, nada de eso, ahora la poderosa entidad energética encerrada dentro de Keanu se pasa el rato remendándose con restos de su crisálida, charlando en un McDonald’s con un colega alienígena que se ha acostumbrado a ser humano y aguantando las impertinencias de un niño pesadísimo. [...]