El hombre que fabricaba rayos en un hangar

En la base aérea de Wendover (Utah, Estados Unidos), existe un gran hangar abandonado que ha visto cómo se hacía historia en su interior. Durante un tiempo fue el hogar de un avión célebre, el B-29 conocido como Enola Gay, la nave desde la que se lanzó la primera bomba nuclear en 1945. Allí, a lo largo de varios meses, se preparó la operación de bombardeo atómico de Japón y se entrenó a la tripulación.


Localización del hangar del Enola Gay en la base de Wendover.

He aquí el lugar en cuestión.


Fuente (cc): The Center for Land use Interpretation.

Al mirar la parte posterior del hangar, se puede observar que aparecen grandes letras apenas visibles. Veamos más de cerca.


Fuente (cc): Steve Rowell, 2006.

Sí, el texto gigante menciona cierto Proyecto Tesla. Para saber de qué se trataba, habrá que viajar a los años setenta del siglo pasado. Desde que a finales del siglo XIX el genial Nikola Tesla llevara a cabo sus espectaculares experimentos de Colorado Springs, en los que de inmensas bobinas de alta frecuencia surgían grandes rayos, pocos habían vuelto a intentar algo similar.

El nuevo émulo de Tesla atendía al nombre de Robert K. Golka, quien fuera llamado “Mago de Wendover“. Este ingeniero llevaba años estudiando las notas acerca de las experiencias de Tesla sobre alta frecuencia y la posibilidad de transmitir energía eléctrica a través de la atmósfera. Un hangar gigante abandonado como el de Windover era el lugar ideal para llevar a cabo sus experimentos soñados, asi que decició alquilarlo. He aquí un vídeo en el que Golka explica sus intenciones y muestra varios de sus experimentos.

Una de sus principales preocupaciones consistía en investigar qué le sucede a los aviones en vuelo que son atravesados por grandes descargas eléctricas atmosféricas. En concreto, le interesaba estudiar cómo esos fenómenos podrían afectar a la electrónica de vuelo. En el vídeo se puede ver cómo grandes descargas eléctricas interactúan con maquetas de aviones de combate. La siguiente imagen, procedente de un artículo de 19811, muestra diversas capturas de esos experimentos.

El hangar se convirtió en el hogar de Golka. Allí instaló todo tipo de grandes máquinas de alto voltaje, bobinas Tesla, transformadores gigantes y extrañas antenas. De hecho, llegó a construir una versión muy personal de la torre con la que Tesla pretendía experimentar con la transmisión de energía sin cables. En sus experimentos coqueteó con la idea de utilizar inmensas descargas eléctricas que fueran de utilidad en la investigación de la fusión nuclear, más que nada porque el tema estaba muy de moda por entonces gracias a la crisis del petróleo de los años setenta.

El razonamiento de Golka partía de las notas de Tesla realizadas en Colorado Springs. Según esas notas, en varios experimentos con una bobina capaz de crear descargas de hasta doce millones de voltios, permanecían durante segundos flotando en el aire, incluso después de desconectada la bobina, extrañas esferas de lo que parecía gas “electrizado”. Eran como rayos globulares que Golka identificó como plasma, de ahí que llegara a la conclusión de que, reproduciendo los experimentos de Tesla podría hallar un modo de confinar gas extremadamente caliente de forma sencilla y aplicar ese conocimiento en la nueva tecnología de fusión nuclear.


Fuente: Radio Electronics, junio de 1976. Vía: Tesla Universe.

Era toda una aventura, financiada con su propio dinero y sin prácticamente apoyo externo, vamos, muy “a lo Tesla”. Durante más de una década, desde que en 1970 Golka viajara hasta Belgrado para visitar el museo Tesla, el inquieto ingeniero había estado mejorando su propia versión de la bobina de alta tensión capaz de generar “bolas de fuego”. Quien visitara a Golka a finales de los setenta y principios de los ochenta en el gran hangar podía contemplar un espectáculo sin igual, donde gigantescos rayos partían de grandes máquinas y fantasmales esferas de gas ionizado flotaban por doquier. Un escenario digno de una película de ciencia ficción.

La USAF contrató a Golka para realizar los mencionados experimentos con las maquetas de aviones, sobre los que caían descargas de hasta veinte millones de voltios. En paralelo, continuó con su obsesión por lograr controlar el poder de la electricidad y poder aplicarlo en reactores de fusión nuclear. Sin embargo, el hangar pasó a estar bajo propiedad municipal y el intrépido ingeniero recibió la orden de desalojar el hangar. Se pensó en convertirlo en un museo de la aviación, pero pasó el tiempo y continuó abandondo. Se sabe que Golka continuó sus experimentos en una mina abandonada en Colorado y, más tarde, en otros lugares, pero poco más se sabe de sus aventuras teslianas posteriores.

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1 Más información: Radio Electronics (Febrero de 1981).



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