Autopista espacial

Dentro de no mucho tiempo, encontrar un hueco en órbita geoestacionaria para colocar un satélite artificial puede convertirse en algo problemático. Saturación de artefactos, tal es la causa de que el más preciado de los espacios circunterrestres tenga problemas de “circulación”. Eso por no hablar del famoso “anillo” de chatarra, creciendo poco a poco, que gira alrededor de nuestro planeta en diferentes planos orbitales.

¿Por qué es tan importante la órbita geoestacionaria? Sencillamente porque ofrece una posición privilegiada en la que colocar satélites de comunicaciones, dado que esta órbita sobre el ecuador terrestre es geosincrónica , teniendo excentricidad nula. Vamos que, en palabras sencillas, un satélite ahí colocado siempre se encuentra “fijo” sobre un punto de la superficie terrestre y no va por ahí, dando decenas de vueltas a nuestro planeta cada día terrestre como hace, por ejemplo la ISS y muchos otros satélites no geosincrónicos. El problema está en que tal órbita ocupa una franja estrecha, mejor dicho, diríase que nula porque los satélites ahí colocados deben mantenerse con latitud 0º, diferenciándose unos satélites de otros por su coordenada de longitud.

La órbita geoestacionaria, también llamada a veces como cinturón de Clarke, dado que el famoso autor de 2001, Arthur C. Clarke planteó la idea los satélites geoestacionarios de comunicaciones en los años cuarenta, se localiza a 35.786 kilómetros sobre el nivel del mar. Allá, los satélites tienen un período orbital –día sideral– que es igual al día terrestre. Para hacerse una idea de lo poblada que está esta “autopista” del espacio, donde no se adelanta a nadie, claro está, todos los satélites mantienen sus posiciones “fijas”, véase la siguiente fotografía.

Enfocando una cámara al cielo nocturno, si se deja abierto el obturador, tendremos una bella toma en la que aparecerán los surcos que las estrellas dejan al pasar, debido a la rotación terrestre. Sin embargo, si la toma se ha realizado enfocando hacia el ecuador celeste veremos que, entre los surcos, aparecen puntos fijos, dado que giran siguiendo un punto constante sobre la superficie de nuestro planeta. Éso es lo que se observa en la toma, los surcos estelares y toda una familia de puntos que, como se puede ver gracias a los rótulos que identifican cada uno, se trata de satélites geoestacionarios:

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| Ampliar imagen | Fuente: EPOD | Bill Livingston/Pete Marenfeld



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10 Comentarios

  1. Muxfin

    Mas que autopista, parece un parking con los científicos locos por encontrar una plaza e estacionamiento. Alguien se inventará la “Zona Azul Cielo”. 🙂

  2. Davife

    Pueden servir de referencia para encontrar el ecuador terrestre proyectado en el cielo. 😀

    Me ha hecho gracia encontrar un GOES por ahí en medio, aunque no sabía que había tantos, sólo conocía el GOES-E y GOES-W.

  3. Joan

    Si he hecho las cuentas bien, la circunferencia que abarca la órbita geoestacionaria es de unos 2,5 millones de km.
    Parece que hay bastante sitio para meter unos cuantos satélites más!! 🙂

  4. alpoma

    El problema no es el espacio en sí, sino el valor de ciertas áreas sobre otras y el problema de “maniobrar” entre el resto de satélites. Por ejemplo, tener un satélite de comunicaciones sobre Europa o Norteamérica suele ser mucho más demandado que, por ejemplo, tenerlo sobre el Pacífico donde, a fin de cuentas, sólo hay “cuatro gatos” a los que ofrecer servicios de comunicaciones. 😉

  5. Joan

    Si, tienes razón. Supongo que los satélites, aparte del que poseen para corregir su posición, deben o deberían tener algún sistema de propulsión, aunque sea mínimo, para que puedan salir de su órbita una vez que dejen de ser operativos, porque a esa distancia, no hay forma de llegar hasta ellos.

  6. alpoma

    En efecto, muchos satélites cuentan con sistemas de propulsión para, además de realizar correcciones orbitales rutinarias, ser llevados a “orbitas cementerio” una vez que dejan de ser operativos.

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