Son las dos de la mañana, en el iPod me acompaña Moby y su Natural Blues, me duele ligeramente la cabeza y tengo la sensación de que todo da vueltas a mi alrededor pero sin movimiento alguno, algo raro, como el libro que acabo de ingerir. Lo he comprado esta tarde, a última hora y, tras la cena, me he dedicado a pasear por sus hojas. No tenía intención de leerlo hoy, pero no he podido dejarlo. Eso no significa que el libro me haya gustado, ni que me parezca bueno o malo ni nada de nada. Sencillamente, es una “cosa” tan rara que no he encontrado puntos de amarre a los que asirme, es una especie de engendro mutante que, al final, ha terminado por marearme.
He cometido dos errores con este libro. Cuando los críticos, los suplementos “literarios”, los periódicos y todo dios hablan y te bombardean fijando su atención en una obra o autor, suelo huir como alma que lleva el diablo. En las últimas semanas me he encontrado con “sesudas” entrevistas, críticas o como quieran llamarlas, elevando al Olimpo del Siglo XXI esta obra y a su autor. Pareciera que ha descubierto un nuevo mundo literario o vaya uno a saber que cosa rara… si, eso es, porque se trata de algo raro de narices. Esta vez caí de lleno y lo compré, no hice caso de la manía que tengo de hacer lo contrario de aquello escupido por la crítica “literaria” mayoritaria. Primer error, guiado por un segundo, a saber, que el autor es físico. Eso parecía que le daba al asunto un tinte más raro todavía, irresistible diría yo, así que, junto al último libro de Umberto Eco, A paso de cangrejo, también cayó en la bolsa Nocilla Dream, el librillo de Agustín Fernández Mallo del que se habla en todas partes.
Dos errores, sí, porque suelo ser muy selectivo a la hora de comprar libros y casi nunca me dejo guiar por impulsos repentinos, porque sé por experiencia que meto la pata siempre. Esta vez no sé si ha sido un error o no, la verdad, el mareo que me ha dejado la “cosa” es tan extraño que sus efectos “psicoactivos” debe tener este montón de papel impreso. Para entendernos, me siento raro, un tanto perdido, no entiendo dónde está lo novedoso de lo que tanto se habla. El libro me ha parecido una especie de blog que nunca existió y que ha nacido diréctamente en la imprenta. Eso es, me ha recordado tanto al formato “tradicional” del blog que, si no hubiera conocido la historia que hay detrás del nacimiento de Nocilla Dream hubiera pensado que, en efecto, era un blog vertido a papel, sin mucho romperse la cabeza dicho sea de paso y amalgamado por una serie de pequeñas e intrascendentes historias que sirven de cemento para cientos de píldoras inconexas.
En el libro hay de todo y, a la vez, no contiene nada. Puede que sea estúpido, o un poco idiota, al no ver eso que los críticos han captado y con lo que se asombran, pero yo no lo veo. En sus páginas hay cientos de referencias, citas, datos, desde constantes físicas a marcas comerciales, canciones pop, series televisivas de los ochenta o direcciones de internet. Todo ello, mezclado de manera enérgica, crea un denso mar de datos que, para mucha gente puede ser apabullante pero que, para el geek-friki más común, no deja de ser un océano muy conocido puesto que todas, o casi todas las referencias, le parecerán gastadas, “ya vistas”, manoseadas. Un territorio común que no me dice nada pero que, a la vez, me resulta demasiado familiar, puede que ese sea, precisamente, el origen de esta sensación mareante.
He comentado alguna vez que las novelas con las que me cruzo últimamente –y ya van unos cuantos años– no me dicen nada, cada vez son más numerosas pero, a la vez, no me cuentan nada nuevo. Esa es la cuestión, la historia, lo que se cuenta. Debo ser un antiguo en eso, porque lo que me gusta al asomarme a una novela es encontrarme con historias bien tramadas, sorprendentes, que no te resulten “ya vistas”, que logren hacer brotar en el interior de uno la nostalgia de lo no vivido. Por eso, al cruzarme con experimentos tan raros como este, tan ensalzados, en los que lo único que veo es una macedonia de historias vulgares trufadas con cientos de datos y referencias cientifico-técnicas o de la cultura pop, me siento raro porque, no logro entender si es que no he captado es esencia “maravillosamente novedosa” de la que hablan o, simplemente, soy demasiado estúpido para aprehenderla. Puede que el hecho de que el propio autor afirme que Nocilla Dream –primera parte de lo que, al parecer, será la trilogía del Proyecto Nocilla– “responda a la traslación de ciertos aspectos de la poesía postpoética al ámbito de la narrativa”, lo explique todo. Ese es el nudo de la cuestión, con lo POST hemos topado. Quien haya repasado los artículos que publiqué sobre el postmodernismo lo entenderá.
Y sin embargo… sí, he encontrado en el interior de estas páginas algunos fragmentos que me han dejado pensativo, como el que sigue, correspondiente a la página 172:
No existe espacio si no existe luz. No es posible pensar el mundo sin pensar la luz [lo dijo Heráclito, lo dijo Einstein, lo dijo el Equipo-A en el capítulo 237, lo dijeron tantos]. Y sin embargo dentro de cada cuerpo todo es oscuridad, zonas del Universo a las que la luz jamás tocará, y si lo hace es porque está enfermo o descompuesto. Asusta pensar que existes porque existe en ti esa muerte, esa noche para siempre. Asusta pensar que un PC está más vivo que tú, que adentro es todo luz.
Son las dos y media, voy camino de 650 miligramos de paracetamol, mientras en el iPod Golfrapp me alegra un poco con Utopía.
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6 Comentarios
Pues acabo de decidir que no me voy a leer ese libro. Aunque yo no había oído hablar de él.
Yo no había oído hablar del libro.
Cuando me encuentro con frases del tipo: “responda a la traslación de ciertos aspectos de la poesía postpoética al ámbito de la narrativa”, huyo como de la peste.
No entiendo la frase. Y hace tiempo que he llegado a la conclusión de que cuando no entiendo la frase o bien la frase en cuestió no dice nada o está mal escrita. Para hacer esta afirmación me baso en que tengo casi 40 años, una carrera universitaria, un máster y 15 años de experiencia profesional en el periodismo y la comunicación (es decir, leyendo y escribiendo). De verdad, si no entiendo la frase es que está mal escrita.
El libro actuó en ti como un raptor, fue directamente a tus tripas y no paró hasta eviscerarte. Intenta recuperarte!
El que hago se llame “post” es signo de una búsqueda de innovación no conseguida. Cuando una vanguardia obtiene su nombre, sea porque sus miembros lo establecen, o le viene de fuera, es porque existen elementos claros de cuales son los elementos de ruptura, de qué es lo que se busca; pero llamarse “post” es tan redundante como decir que los hombres se siguen en generaciones, no por ello hay una verdadera renovación de ideas…
Todo esto viene de la mano de considerar que lo “neo” y lo “post” por norma superan a lo anterior; pero el que un movimiento tenga tan poca fuerza y tenga que estar constantemente haciendo llamados a sus predecesores muestra que no los supera, y que aún tiene sus ideas profundamente arraigadas en la corriente que se viene trabajando, sea en prejuicios, en valores, etc.
Ahora bien, un blog en papel… no lo juzgo sin haberlo leído, pero estoy tan completamente harto de la insulsería y ramplonería que se ha dado en los blogs, que qué podría agregarse a la idea de llevarla al papel, y a una crítica de lo mismo. Hace poco tratando este mismo tema, me comentaron la siguiente referencia, un breve de Hammerklavier, Yasmina Reza escribe: “el mundo acumula y los libros acumulan lo que el mundo acumula y disponerse uno, a su vez, a contener el mundo en una página, a contener esa suma execrable de manifestaciones para añadir al montón su propio eco…”
Siempre he considerado que todo este movimiento viene en poco más que buscar un poco de sentido a las propias vidas, en que toda esa idea de “perfiles” “gustos” y “personalidades”, esconde a una persona, cuando son poco más que las circunstancias de una persona; ¡cuando menos si las personas tuvieran una circunstancia ortegana!, una circunstancia a la que la acompaña un “yo”, pero no es así, y en palabras de Adorno: «Para mucha gente es una impertinencia decir “yo”.»
Puede que el libro consiga lo que Giovanni Papini decía: “Si un hombre cualquiera, incluso vulgar, supiera narrar su propia vida, escribiría una de las más grandes novelas que jamás se haya escrito.”; pero ya he visto a las ideas de la blogocosa mancillar cualquier cosa en su “neofrikismo”: hablan del “día de pi” revuelto con Gauss, de astronomía con la última película dónde apareció un gag, de Bequer y el amor más insulso… así que si ahora lo mismo invade la literatura y el papel, no me estañaría, ya han perseguido al arte y a la ciencia en todos los intentos de unir lo noble, lo estrafalario y lo insulso.
http://img99.imageshack.us/my.php?image=avecessiesperassecallasng6.png
Creo que la cuestión se ha exagerado, se ha exagerado para bien y para mal.
Es una buena novela que cruza unas cuantas historias a la que el autor le añade elementos muy diversos de una manera anárquica, pero que tienen como denominador común una cierta poesia. Me recuerda mucho al cine independiente americano y de esta forma la he leído, por lo que para mí no contiene elementos novedosos.
Quizá la crítica ha hecho mal en alabarla tanto, pero dentro del mundo enquistado de la novela sí representa una bocanada de aire. creo que habrá que leer su continuación para formarnos una idea más precisa.
Respecto al post, es una etiqueta, una marca, como Colón que lava más blanco, o la chispa de la vida de Cocacola, en difinitiva una cuestión de mercado.
ahh!!!!..paracetamol…uhmm…!!!…