Los peligros del posmodernismo

Después de comer, he revisado el correo electrónico. He visto un nuevo pingback, esta vez hacia el artículo lunar de hace dos días y me ha picado la curiosidad. El artículo al que he llegado siguiendo el hilo, se titula El tesoro postmoderno y está escrito por David de Ugarte. A continuación paso a diseccionar su contenido y a responder a sus afirmaciones según el modo en que veo la cuestión.

Cualquiera que haya leído mínimamente, durante algunos meses, los post que voy redactando para este blog, habrán visto que, de vez en cuando, salgo de mi particular “neutralidad”, imitando mediocremente al querido Erasmo, y dedico algunas opiniones sobre ciertas formas de pensamiento que, pienso con toda seriedad, son inquietantes. Entre esas formas de pensamiento suelo resaltar la que tienda hacia el fundamentalismo de cualquier tipo, alejado de la posibilidad de autocrítica e incapaz nunca de cambiar sus postulados porque, claro está, la “verdad” no necesita aditivos ni modificaciones. La otra forma de pensamiento es el posmodernismo en general y, sobre todo, aquellas facciones del mismo que se empeñan uno y otra vez en ver la realidad de una manera tan relativista -nada que ver con Einstein quede claro- que propugnan una especie de “todo vale” peligrosísimo.

En cuanto leí el artículo de David de Ugarte, pensé en hacer algo que vengo aparcando desde hace mucho, esto es, analizar en detalle el origen de las ideas posmodernas y pintar un panorama de las mismas partiendo de la idea de la modernidad y su relación con las ideas racionalistas, el empirismo, la evolución del positivismo lógico, el racionalismo crítico, el nacimiento de las filosofías materialistas y el posterior auge de las filosofías de la subjetividad y la llegada de los postestructuralistas y los posmodernistas. Naturalmente, eso me llevaría mucho espacio, quizá demasiado para este blog y, para colmo, mi crónica falta de tiempo me impide terminarlo, aunque poco a poco avanza. Por otra parte, cierta pereza sobre el asunto me impide terminarlo porque, tras mucho discutir con posmodernistas de todo cuño, he llegado a la conclusión de que para ellos, cualquier argumento puede terminar arrimándose a sus intereses, sean cuales sean, porque nunca están claros. Además, estoy totalmente convencido de que la filosofía, como tal, perdió hace mucho la batalla como medio o forma de explicar la realidad física, ante la ciencia, compartiendo el punto de vista del matemático André Weil quien, en su juventud, adjuró de la filosofía tras haber obtenido una nota muy alta en un examen de esa disciplina sin haber abierto un solo libro de la misma, con lo que afirmó en su autobiografía:

Me pareció que una materia en la que uno podía defenderse tan bien sin apenas saber de qué hablaba, mal podría merecer respeto.

Con respecto al posmodernismo pienso lo mismo, sobre todo cuando uno lee la gran cantidad de farragosos textos de sus “apóstoles”, que son capaces de llegar a emborronar cientos de páginas para no decir absolutamente nada. Hagan la prueba, por favor, intenten leer, y comprender, algunos de los textos “fundamentales” del posmodernismo, leanlos desapasionadamente, con mucha calma, parándose en cada párrafo y reflexionando en lo que el autor les está contanto. No puedo decir que sea general, pero en gran parte, esos libros no existen, porque no contienen absolutamente nada. Vuelvo, otra vez, al caso Sokal, sobre todo porque es ilustrador de esto. Sokal analizó muchos de esos textos, cosa muy divertida por otra parte, y encontró conceptos de ciencias físicas y matemáticas aplicados a temas sociales o antropológicos de forma que, indudablemente, la prosa queda muy “técnica” aunque sin significar nada porque esos términos no son importables a esos campos y, para colmo, eran mal utilizados, cuando no incomprendidos por el autor.

No quería dejar pasar la ocasión de diseccionar el artículo citado, con la rapidez que mi escaso tiempo me permita, porque menciona asuntos de gran interés. Veamos pues, párrafo a párrafo, las cuestiones que plantea:

Lo peor de este país no es la oscuridad de los oscuros que parecen salidos de una novela gótica, sino la modernidad deiciochesca e ilustrada de sus progresistas. Para ellos hoy guardo una noticia: lo siento chicos, Carlos III ha muerto.

Esa es la cabecera, muy curiosa por cierto. ¿Qué tiene que ver Carlos III y la ilustración del XVIII con la ciencia actual? En realidad, bastante poco. Es más, ¿a qué llama progresismo? Tal y como están desde hace tiempo las cosas en este país, ya que el autor cita un marco geográfico concreto, el término “progresismo” ya sólo se entiende a nivel popular como cuasisinónimo de PSOE. Así de simple, si no pregunten por ahí, yo lo he hecho. Quede claro, por adelantado, mi absoluto alejamiento de la “política” actual y sus grupos, es algo que no me interesa ni lo más mínimo. Por favor, la “modernidad” murió hace mucho y el término “progresismo” ha sido de tal manera capitalizado por la política que no veo cómo puede casar con los argumentos que se explican más tarde en el artículo. Eso sí, lo peor de este país, a mi modo de ver, es algo verdaderamente pavoroso, a saber, la ignorancia crónica generalizada que se arrastra desde hace mucho. Por ignorancia entiendo, simplemente, la incapacidad de valerse intelectualmente por uno mismo sin recurrir a esquemas mentales o ideologías tan acomodaticias que aburren de puro rancias y, para colmo, la ignorancia tiene el atrevimiento de atacar al resto desde sus “argumentos” sin ser capaz nunca de adaptarse a las circustancias constantemente cambiantes del mundo. En suma, ignorante no es que no sabe algo, porque en ese caso la ignorancia reinaría en todos, sino que se trata del que cómodamente se instala en una forma de pensamiento sencilla y fácil de la que no le saca ni la realidad más deprimente. Porque, a fin de cuentas, lo que parece que duele de verdad es pensar. Hace unos meses, me encontré con una vieja amiga. Me contó que había comprado mi primer libro, pero que no fue capaz de leer más allá de la segunda página porque tenía que pensar mucho para entenderlo. Y no, ella no es iletrada ni mucho menos, ni mi libro es complicado, creo que incluso es demasiado vulgar y sencillote, pero ¡ay! cuando la gente empieza a pensar, fuera del carril trillado, parece que los dolores de cabeza aumentan.

Una de las cosas que más me asusta de España es la identificación total entre progresismo y modernidad. Es cotidiana. Entre vítores que más valdría guardar para lo novedoso, se lanzan colecciones de divulgación que enfrentan el peligro oscurantista. Se escriben posts argumentando que la expedición a la luna de 1969 fue real, con la gallardía y la admiración de un nuevo Servet frente a sus inquisidores.

Esto no lo entiendo. El autor cita a una meritoria colección de libros que denuncia la pseudociencia y también cita mi artículo sobre las gentes que no “creen” en la llegada del hombre a la Luna y mezcla eso con lo que denomina “identificación del progresismo y modernidad”. Que quede claro, yo ni me considero progresista ni perteneciente a la modernidad, ni dieciochesca ni nada, sobre todo porque, tal y como he comentado con respecto a la filosofía, me parecen palabras completamente vacías. Como gran parte del posmodernismo, no significan nada de nada. ¿Qué tendrá que ver la denuncia contra el creacionismo con el progresismo? Aclaremos una cosa. El pensamiento racional ya no es esclavo de “filosofía” alguna, el pragmatismo es su única guía. Para ser más claro, si el GPS de su automóvil le guía por el camino correcto, si el horno microondas de la cocina funciona puntualmente y las lentes de sus gafas enfocan su visión de manera adecuada es porque la ciencia está detrás. Una ciencia, la actual y desde hace mucho tiempo, alejada de la filosofía, por mucho que se empeñén algunos. Una ciencia que es independiente de las creencias de los propios científicos. Conozco físicos, astrónomos, biólogos… que son ateos, agnósticos, católicos, musulmanes. En la mayor parte de esos casos, al hacer ciencia, sólo tienen una guía, la realidad, que es tozuda, por mucho que uno no quiera verla. La creencia da paso a la observación desapasionada de la naturaleza y eso no tiene nada que ver con lo que uno crea. El agua seguirá formado por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno en su molécula y la velocidad de la luz en el vacío tendrá un valor determinado, independientemente de lo que a uno le de la gana. Esa es la ventaja que ha permitido a la ciencia, entendida de forma adecuada, de la mano del racionalismo desapasionado, llevarnos a donde ahora nos encontramos. Otra cosa es lo que un “racionalismo” degradado pueda llevar aparejado, no olvidemos el nazismo y el estalinismo, que se valieron de la “ciencia” como herramienta sin comprender siquiera lejanamente lo que de verdad significa. Y, lo más importante, la ciencia se muestra cambiante de manera constante, como el entorno que pretende comprender, porque las teorías se modifican y la “verdad” última no se considera alcanzable, más bien lo contrario, el proceso de búsqueda el que en realidad es el “objetivo”. Ahora, piensen en qué sucedería si el creacionismo se impusiera, si el fanatismo religioso ordenara las costumbres y modos de vida, piensen de nuevo en su GPS y, sobre todo, piensen en su analgésico, su vacuna, su antibiótico, su prenda de tejido impermeable…

La modernidad tiene una epistemología contundente. Es un ser de una pieza cuya seguridad en lo absoluto, cuya secularización del buen Dios de los monoteista, nunca dejará de sorprenderme en sus mil avatares.

Pero señores, éso se pasó. No dobló la esquina del siglo con entereza. La realidad no es ya esa colección de dicotomías, ese cuarto oscuro donde la linterna de la razón delimita, cual aduanero inglés, claras luces y procelosas sombras.

Y que conste que entiendo que lo echen de menos. Es agotador vivir en un mundo poliédrico, diverso, en una epistemología del como sí… pero también lo es -lo se por experiencia cotidiana- asumir que la Tierra no es plana en absoluto y que no todos tenemos los mismos usos horarios. Con igual estoicismo que el que enfrento los horarios de trabajo de mis amigos latinoamericanos, les recomiendo que en vez de convertir a los creacionistas o los cazaovnis en sus alucinados contertulios, en vez de tomarse en serio sus mitopoiesis fantásticas, se pasen a la mirada postmoderna.

Vale, así que a quienes consideran que la sangre no se puede donar porque es algo así como un bien divino, a quienes niegan la posibilidad de la evolución y, por tanto, también reniegan de la biología molecular evolutiva que tan prometedores resultados está dando en la comprensión de la vida y el desarrollo de nuevas moléculas de interés médico, los que juran que los extraterrestres han firmado un pacto con el malévolo gobierno USA para esclavizar a la humanidad, son gentes con su juicio intacto ¿no? Y por ello, vale, convirtámonos en posmodernistas totalmente permisivos y permitamos que las gentes, ya de por sí acomodadas en su falta de ganas de pensar, se traguen esas falacias y llamen a gusto a su consultor astrológico para saber si la semana que viene van a tener un trabajo mejor, previo pago de una interesante cantidad de dinero.

Vivimos en una realidad fracturada, multiplicada, irreductible y reticular. Los economistas sabemos bien hasta que punto nuestras ecuaciones son una forma de representación y hasta que punto representación y realidad no son una misma cosa. Ganar la ironía postmoderna, aceptar con ironía que toda representación -por lejos que esté del como si científico- no es sino un relato y por tanto un proyecto expresado en modo fálsamente tácito, no puede sino abrirles las ventanas de la percepción. ¡Abandonen la certeza! ¡Abracen la ironía! Dejen un ratito sus fuentes dieciochescas y jueguen a deconstruir el discurso propio y ajeno como cualquier chavalote de la ivy league o una feminista que haya superado el corsé del diamat.

Podrán tal vez entonces, como comentaba hoy Jorge Benedet, tomar este país y arrastrarle por los pelos hasta el siglo XXI. Que ya es hora.

¿Ironía? No se puede ser irónico con quien pretende imponer su forma de ver el mundo a la fuerza. No son los científicos los que machacan a la gente con el “pérfido” racionalismo, son los creacionistas y fanáticos religiosos los que amenazan, gritan e intentan imponer sus historias sobre el resto, si puede ser, a la fuerza. Casos así sobran ya en nuestro pasado. ¿Porque la ciencia critica esas formas de pensamiento que considera peligrosas incluso para su existencia hay que rasgarse las vestiduras por ello? He ahí el peligro de ese relativismo total, del “todo vale”, no señores, caminen un poco por los últimos milenios de nuestro recorrido en este planeta y vean lo que tantas veces ha sucedido. Si renunciamos ahora a ese pilar de Occidente, el racionalismo pragmático, nos veremos inmersos en el mar de lo pseudo… y puede que sigamos la senda de Cántico por Leibowitz.

La ciencia no afirma nunca que algo es “cierto” o “verdadero”, su guía es la duda metódica -saludos Descartes- por eso las teorías nunca se consideran completas y son modificables, una nueva observación puede hacer cambiar una teoría que parecía “establecida”. En cambio, sí puede probar la falsedad de una argumentación, siempre que se refiera al mundo físico, -saludos Popper- y en el caso de la pseudociencia, por ejemplo, el creacionismo, la ciencia ha probado con creces su falsedad, de tal forma que cualquiera que se moleste un poco en comprender dichas pruebas podrá entenderlo y, lo que es más importante, comprobarlo por sí mismo. El relativismo, posmodernismo o las pseudociencias y el creacionismo o el fanatimo religioso, adormecen el pensamiento y lo acomodan, porque lo único que ofrecen son dogmas, que en la ciencia por mucho que se diga, no existen, puesto que ni la matemática se considera un sistema “completo” -gracias Gödel-.

En esta misma categoría:

20 Comentarios

24.08.06

Muy buen post, lo he leido muy a gusto

24.08.06

¿Cómo puedes decir que el postmodernismo es un relativismo extremo -creo que confundes postmodernismo con relativismo- y al tiempo decir que “lo único que ofrecen son dogmas”? ¿Cómo puedes asimilar el postmodernismo a las pseudociencias?

La cuestión central de mi post, su mensaje es que al aceptar discutir con las pseudociencias y los conspiranoicos de toda ralea -y no tratándolas tan sólo al modo postmoderno como mero “fenómeno cultural” a explicar- el progresismo español tiende a resaltar una concepción moderna, dieciochesca de la ciencia que olvida la complejidad.

Y por cierto, te bastaría un paseo por mi blog o una búsqueda para ver que nadie hay más lejos ni más refractario al “relativismo cultural” como yo. Me sorprende la asimilación, sin duda, porque supongo que es por malentendido, no por técnica retórica, cosa que no tendría sentido. Y por cierto, respecto al fin de la filosofía escribía hoy mismo un comentario en el blog de Juan Urrutia…

24.08.06

Igualmente te preguntaría yo ¿cómo identificas el intento de defensa de la racionalidad científica frente a desvaríos pseudocientíficos con una presunta “modernidad” caduca? Con respecto a tus preguntas, te diré que cuando hablo de “dogmas” me estoy refiriendo a los radicales religiosos y algunos miembros de posturas pseudocientíficas, no al posmodernismo aunque, en cambio, sí relaciono al posmodernismo con relativismo (no cultural sino cognitivo), no por identidad entre los dos conceptos, sino porque, por ejemplo, el relativismo cognitivo creció muy a gusto dentro del posmodernismo y, para colmo, muchos pseudocientíficos han utilizado el paraguas del posmodernismo como base de muchas de sus propuestas.

Por cierto, hay algo que no acabo de entender y me encantaría que me explicaras. ¿Qué entiendes por progresismo español? Me fascina esa idea, sobre todo porque la palabra “progresismo” no me dice absolutamente nada.

24.08.06

La casualidad ha querido que antes de pasear por tu blog en busca de algún nuevo post hubiese visto el capítulo del programa Redes, “¿Aún creyendo cosas extrañas?, que tuvo como invitado a Javier Armentia, autor del blog “Por la boca muere el pez” y, de esto me he enterado hoy, quien ha dirigido la colección “Vaya timo!” a la que enlazas en este mismo artículo, todo muy al hilo del tema que has tratado.

Estoy muy de acuerdo contigo en tu argumentación, inclusive la frivolización con la que hoy día se adoptan, asumen, defiende y usan palabras como modernismo, progresismo, o (ésta la añado yo) relativismo.
A mí personalmente es un tema que me inquieta, más que por la cantidad de gente que habla o escribe del tema por la que no lo hace. Me explico, creo que es un asunto de gran influencia y alcance. A fin de cuentas, podremos estar viviendo en el s. XXVIII como mencionaba el aquí glosado, en el XX o el XXI; el pueblo sigue siendo el mismo, los intelectuales unos pocos y los que dirijen otros tantos. El vulgo en general sólo sabe de ciencia lo que la realidad a fuerza de continua y evidente repetición le muestra. Camina con las “leyes” y “teorías” justas que le permitan entender y explicar su entorno y hablar de ello a sus contertulios. Y esto por sí solo no sería malo si no existiera gente que se beneficiase de ello. El problema es que gente de esta ralea existe, siempre ha existido.
Y es justamente por ello que se convierte en algo perjudicial. E inquietante que poca gente cuestione ciertas falacias y pseudociencias.
No creo que la ironía o el “no aceptar discutir con las pseudociencias” sea la respuesta. Como dice Javier Armentia en el mencionado programa de Redes viendo, por poner un ejemplo concreto, el porcentaje de población que cree en el Creacionismo en USA frente a la teoría de la Evolución, mirar para otro lado no es una respuesta sensata, sobre todo cuando existen enemigos tan fuertes. La gente, de natural, tiene necesidad de buscar pautas y comprender lo que le rodea. Y todos somos, de natural, potencialmente supersticiosos. Creo que la ciencia es la mejor herramienta para cuestionar la realidad. Porque entre sus ingredientes está el cuestionar y el comprobar. Lo que ofrece la ciencia, que no ofrecen ni pseudociencias, ni dogmatismos, ni fundamentalismos de ningún tipo, es hechos constatables. Puedes reproducir los experimentos en que se basa. Y por ende, lo que nunca te pedirá la verdadera ciencia es que tengas fé.

El problema, y ya termino, como bien dices es la excesiva comodidad que ofrecen ciertos dogmas y creencias que adormecen el pensamiento. La gente parece predispuesta para que las lleven de la mano y creer lo que parece que la mayoría aprueba. Y cuando se quieren mostrar críticos, critican prácticamente todo, hasta las verdades más obvias o constatables.
Yo veo cada vez más necesario que la gente que sabe, del tema que sea, transmita su conocimiento y, esto es importante, no calle cuando oiga o lea algo demostrablemente falso. Glosando de nuevo a Armentia en el mencionado capítulo, “no se trata de callar la boca a nadie, sino de exigir a quien hace una afirmación que la demuestre adecuadamente”. Y con esto me despido.

La enhorabuena por el post, aunque sea mi primer comentario, de un asiduo lector.

[...] A las pocas horas de sacarlo me encuentro con una rplica de Alejandro Polanco en Tecnologa Obsoleta que procede a: [...]

24.08.06

Hola de nuevo Alejandro!
En el post que señala el ping anterior trato más cosas, pero respondiendo a qué entiendo por progresismo me refiero estrictamente a lo que significa en su acepción original: todas aquellas ideas y grupos que asumen como positivo el desarrollo del conocimiento cientifico y tecnológico y por tanto de la productividad. Ya sabes, aquello que Marx llamaba “las fuerzas productivas”.

Visto como está el patio pseudocientífico incluso algún post he sacado reivindicando aquellas cosas de don Carlos (y te aseguro que no soy marxista)

24.08.06

Hola David!
Creo que nos hemos cruzado, porque he dejado un mensaje en tu blog preguntando por ese “progresismo”. Muchas gracias por responder. Por cierto, he estado revisando tu blog por encima (ya habrá tiempo de profundidades) y me parece de lo más interesante. Tal y como planteas el “progresismo”, pues sí, me declaro “progresista”, salvo por lo de la fuerzas productivas en el marxismo ;) Sería un tema para hablar mucho tiempo.

24.08.06

Gracias a ti otra vez! (Vengo de dártelas en los comentarios de mi blog).
Estoy escribiendo la entrada para progresismo en mi contextopedia… Seguimos comentando!

25.08.06

Excelente anotación. Por cierto, COINCIDIMOS, como bien sabes.

Déjalo Alejandro, discutir con personas que carecen de formación científica alguna es bastante improductivo. Improductivo porque se aislan en su mundo de elucubraciones mentales, sin base en datos. Rehuyen cualquier aproximación al método cienfíco. Eso sí, marean el lenguaje hasta hacerlo incomprensible, en eso son maestros.

Muchos creen que recurriendo a un lenguaje enrevesado dan la apariencia de mayor cultura, preparación, inteligencia.

Definitivamente Alejandro, tú y yo somos “cabezas cuadradas”, a las que no nos gusta elucubrar complejas teorías de espaldas a la realidad del conocimiento actual, al que suelen ignorar (de vez en cuando se apropian términos, conceptos, ideas, no más).

25.08.06

¡Ay maty! Si contara cada vez que me han llamado “cabeza cuadrada” ;)
De todas formas, cualquier debate debiera ser estimulante…

25.08.06

El debate es estimulante, siempre que haya debate verdadero. Antaño he leído mucho a David de Ugarte, y lo reseñé, pero lleva unos años que sólo genera contenidos como los que describo en mi anterior comentario, de ahí que dejase de leerle y reseñarle.

Por cierto, con un lenguaje menos brillante que el tuyo, también he abordado los mismos temas en la bitácora de Mercè Molst:

Port 666 Sexo (con perdón :)
http://www.filmica.com/port666/archivos/004390.html

Alejandro, ¡ESTAMOS RODEADOS!

25.08.06

Sobre esta discusión, Juan Freire anota (ya podría dejarse caer por aquí):

Juan Freire: Debate sobre posmodernismo, progresismo, relativismo cultural y pseudociencias: Un ejemplo del valor de la blogosfera
http://nomada.blogs.com/jfreire/2006/08/debate_sobre_po.html

Hace mucho tiempo que leo a Juan Freire, de hecho, creo que soy quien más le ha reseñado/referenciado en la red. También suele elucubrar pero sin olvidar su formación científica/técnica, esa es la diferencia con David de Ugarte.

A veces nos olvidamos que lo importante es HACERNOS ENTENDER por los demás, sin caer en artificios del lenguaje, lo que no implica ir al otro extremo: el recurso fácil del lenguaje coloquial (muy utilizado antaño por mí cuando explicaba el uso de de ciertos programas relativos a la seguridad y privacidad, en mi etapa nauscópica, al anteponer la necesidad de su conocimiento y uso).

25.08.06

No solo me ha resultado muy interesante (y estimulante) el post, sino el “debate” que ha suscitado. De todos modos, me admira que tantas personas sean capaces de “definirse” mediante uno de esos paraguas descriptivos (“progresista”, “modernista”, “relativista”…). Reconozco su utilidad como abreviatura, pero a mí, que, desde hace algún tiempo, digo que “no sé lo que soy”, no deja de admirarme.
Pasando a uno de los temas reiterados, el de la ciencia y el conocimiento científico, me parece que se usa y abusa de la alusión a la “ciencia” en un plano que es más de comentario y, en el mejor de los casos, filosófico (gnoseológico) que científico. Tengo la sensación de que en el “universo de los blogs” (y perdón por la pedantería) abundan las declaraciones procientíficas, escépticas y despreciativas de lo acientífico, pero, me da que en demasiadas ocasiones, las loas a la ciencia no cuentan con el respaldo del conocimiento científico, sino con un “baño” excesivamente superficial. Pero el conocimiento científico es algo que solo se adquiere con trabajo, con mucho trabajo, y con una refinada maquinaria de indagaciones y preguntas, con muchos “por qués” y con la disposición abierta de quien puede que, al final, no dé con demasiados “porques”, y me temo que esas disposiciones, sobre todo las relativas a la “resistencia a la frustración”, no son compartidas por muchos, como si el mágico nombre de la ciencia diera respuesta actual y eficaz a todas las preguntas.
En fin, no sé si me he ido por los cerros de Úbeda, pero es ésta una preocupación intelectual que me ronda en todo momento.
Saludos.

25.08.06

Cuando surgen estas cuestiones sobre el paradigma de ciencia y filosofía o ciencia y “creencias”, creo que estamos hablando con dos lenguajes distintos y no es posible la comunicación
Como decía Pascal hay problemas que no se pueden resolver desde un espíritu geómetra sino con un espíritu mas fino.
Ojo Refrito:
Pregunta: ¿qué es pensar?
Nos hacemos otra vez una pregunta a la cual todos nosotros creemos poder responder fácilmente. Y, por el contrario, es extremadamente compleja, tanto que desde siempre, esta cuestión ha desafiado y en un cierto sentido extraviado a los pensadores. Se trata de una pregunta fundamental, porque de la respuesta que se da a ella, depende toda una cultura. Hoy en Occidente en particular, estamos en un momento muy delicado. Uno de esos momentos fuertes y muy raros, de transición, que marcan el ocaso de una cultura y el surgimiento de una nueva. De hecho, está decayendo cada vez más velozmente, un cierto modo de concebir – y de vivir- el pensamiento. Y se delinea un nuevo paradigma, que está destinado a dar forma a la cultura del tercer milenio.
Veremos, de un modo extremadamente sucinto, cómo ha sido entendido hasta hoy, el pensamiento, en sus dos primeros momentos históricos sucesivos.
El primer momento histórico del pensamiento es el mítico.
El hombre que piensa en el mito se halla inmerso en lo divino, que es toda la realidad percibida ónticamente como un misterio incomprensible.
Lo divino es el Argè “lugar” (seno, útero, principio) en el cual el pensamiento del hombre no se ha separado todavía. Es un pensamiento, por esto, caracterizado fundamentalmente por la fusión: antes que el “yo”, antes que las “cosas”, el hombre del mito experimenta una comunión profunda con todo lo que le rodea. Y todo lo que le rodea es “lo divino” (“todo está lleno de dioses”, escribirá Heráclito); por esto, cada cosa -el mismo “yo”- se sustrae al alcance del hombre remitiéndole siempre a un más allá inasible presente-ausente. Los límites entre el yo y la alteridad –de las cosas distintas a un dios- se hallan difuminados. Tal modo de pensamiento ha durado milenios (podemos decir, en líneas generales, desde los albores de la cultura humana hasta la revolución del logos, de la que hablaremos en el segundo punto). En este período ciertamente que ha sufrido profundas transformaciones, pero en el fondo ha permanecido inalterado.
La expresión típica de la cultura del mito es el rito. Y La figura dominante en la cultura del mito es la del “sacerdote”.
En casi todas las culturas míticas, alrededor del S. VII a. C, se alcanza una maduración; una profunda transformación. Es el comienzo de la que Jaspers ha llamado la época axial en la que se asoma una nueva cultura. En la India (Upanishad y Buda); en China (Confucio y Lao Tze); en Irán (Zoroastro); en Grecia, (los llamados presocráticos); en Israel (los profetas).
El hombre se sitúa, encuentra su sitio, de frente a lo divino, como salido de su seno: ahora lo piensa como algo distinto de sí; lo interpela como a un Tú. La realidad no es por lo tanto primariamente la inmersión en lo divino, sino un desvelarse a alguien que le está de frente, y la capacidad que tiene de decirlo.
El logos es este pensar lo divino en la palabra humana. La figura dominante, en este paradigma cultural, es la del pensador; el sabio: en Israel, los profetas; en Grecia, el “filósofo”. Y es justamente en la filosofía en donde la cultura del logos se expresará mejor.
En el filósofo se dilatan y formalizan las preguntas, algo sin sentido para un hombre del mito: si el concepto es la palabra concebida por mí que pienso; ¿pueden los conceptos expresar lo divino? ¿Pueden expresar el Origen, en el cual ya no me hallo inmerso? ¿Cómo se podrá superar la diferencia entre el pensamiento y lo divino?
Pero los términos ahora se han invertido: ¡No soy yo ya el que habita lo divino, sino que es lo divino, el daimon, quien habita en mí!
Es la gran y atormentada aventura del pensamiento en el logos; del pensamiento como palabra-concepto. Con unas soluciones que siempre son más complejas, en la medida en que se acentúa el estar “fuera” del hombre pensante de lo Absoluto (ya no digo mas: de “lo divino”) y la negación del pensar en conceptos, en los cuales el misterio permanecía escondido, se extenúa y desdibuja. Hegel conducirá a la máxima tensión esta búsqueda. Por esto se puede decir que Hegel es el punto máximo de alcance de la cultura del logos y el punto de inicio de su decadencia.
En los comienzos de este paradigma cultural (en Occidente con Platón, Aristóteles, Plotino) ésta luz es todavía un reflejo de la luz del dios. El dios ilumina al hombre y lo hace capaz de pensar. Pero el hombre sentirá este reflejo cada vez más como suyo, hasta apropiarse de él: es el nacimiento de la razón. Y ahí comienza la lucha de la razón para hacer totalmente suya la luz que la ilumina y que cada vez más es sentida por la razón como luz propia.
De aquí a considerar el pensamiento como el origen mismo de la luz cognoscitiva y ya no más como la simple acogida de ella, no existe más que un paso, y el paso es breve. Hasta considerar el acto del pensamiento como el creador, en varios modos, del objeto conocido.
La modernidad es el drama que ha emergido de este camino. En este sentido, Heidegger ha visto claramente el éxito tecnológico del pensamiento en el logos como un logro del discurso de la verdad iniciado por Platón.
Hasta la llamada post-modernidad, que consiste en la dura percepción del ocaso del paradigma del logos cuando se le lleva a los extremos. Si se vuelve a buscar el Arjè, se lo hace en una condición de extravío interior.
Por esto, el sujeto, hoy, tiende paradójicamente a desdibujarse, implosionando en sí mismo, en una invocación desesperada, pero no comprendida por la mayoría, a los Orígenes.
El objeto tiende a desaparecer en su densidad, disuelto en las tramas del pensamiento que lo piensa, pero sin que el sujeto se una al mismo. ¡El objeto es la tecnología! La luz es la de la confusión, la de la ausencia de luz. Es el nihilismo.
Nosotros somos producto de este devenir histórico del pensamiento y confluyen en nosotros estas dos formas de “pensar”.
¡Cuidado! a veces se usa la ciencia como un “pensar mítico” y otras se piensa en “logos” cuando estamos usando un código “mítico”. Creo que era Bergson el que decía eso de que “una intuición vale mas que mil razones”
Tal vez se necesite un nuevo paradigma cultural que unifique el pensar…
Vale ya de tanto royo (Dicho de un alimento: Mal cocido.) y pegar ideas de otros, así que un saludo.

25.08.06

@ risho

La comunicación SI es posible si hay buena voluntad. En una discusión/debate no hay que recurrir a artificios verbales, palabras brillantes, oratoria fina… si se quiere que sea FRUCTIFERA. Todo lo demás es para brillar, pero sin apenas aportar nada productivo al diálogo.

Hay que centrarse en lo concreto, sin desbarrar en exceso. Del texto anterior ¿qué queda claro? bien poco, en mi parecer. Sí, domina el lenguaje pero ¿lo utiliza correctamente? El OBSCURANTISMO poco aporta, salvo para el EGO.

Marean la palabra, las ideas, los conceptos pero no llegan a ningún lado. Por eso su discurso es “pseudo”, o “intelectualoide”. Muchos gustan de ello, mas no es mi caso.

Intelectuales de verdad, españoles y vivos, bien poquitos. Que estén presentes en la blogosfera hispana, sólo conozco uno de gran envergadura, a quien cada vez más respeto y admiro: Juan Pedro Quiñonero. Discrepo de algunas de sus tesis, pero las argumenta bien, con un lenguaje brillante, a la altura de los mejores literatos, pero que no cae en discursos vacuos.

Sus textos son complejos (los “De la inexistencia de España”), no por su rica, elaborada y preciosista prosa, sino por la DENSIDAD de conocimientos e ideas que es capaz de condensar en un párrafo, que exige una lectura tranquila, con relecturas frecuentes, para poder asimilar, aprender y memorizar (en ello estoy) su sabiduría. Las referencias son continuas, lo que abre un inacabable abanico de lecturas alternativas, fruto de muchos años, y que comparte con sus lectores.

Ese lenguaje es el que respeto, no el que utiliza la riqueza expresiva de nuestra lengua común, el castellano/español, para ejecutar infinitos circunloquios, con escasas “ideas fuerza”. En otras palabras: que muchos sólo “saben marear la perdiz” y poco más.

[...] – Respondí con una crítica a lo posmoderno como paraguas de la irracionalidad y la pseudociencia, seguida por réplica interesante de David sobre lo racional y el progresismo. [...]

[...] Leyendo el blog “Tecnología obsoleta”, su artículo sobre “el caso Sokal” y la discusión sobre el postmodernismo que me lo presentó me ha hecho recordar un artículo que leí en la revista “Claves de razón práctica” nº 92 de Mayo de 1999. El artículo en cuestión se llama: “El dislate como método” y lo escribe Cayetano López. Además de mencionar “El caso Sokal” referencia el trabajo de Andrew C Bulhak y su “Generador de Postmodernismo”. Cada visita al “Generador de Postmodernismo” os entregará un magnífico texto postmodernismo que ni dice nada ni lo pretende. Que pureza. [...]

02.09.06

Creo que el mayor peligro del mundo ha sido y es el confesionalismo ciego. Me da lo mismo si es religioso, politico, materialista, racionalista-positivista, … En todos se aparta la experiencia individual, el proceso de digestión de esa experiencia (la filosofia en el sentido más clásico), la responsabilidad individual y la acción individual.
Que decir de la postmodernidad. Occidente camina a ciegas y cuesta abajo.
No nos damos cuenta y todo lo inunda. El lenguaje, las relaciones sociales, la politica, la economía, … Recuerdo que al bendecir mi abuela la mesa en una comida familiar acabó con las palabras que ‘año que viene estemos todos y no estemos peor’. Un nieto continuó, como molestado por oir siempre lo mismo y dijo: ‘eso es poco, abrá que pedir algo más’.
Así es. Para el postmoderno todo es poco.
- El postmoderno no es un ser creativo, sino destructivo, regresivo.
- Todo debe ser igual a todo y la referencia se pone al nivel más bajo.
- Es alguien que lo consume todo rápido y no tiene tiempo, ganas ni capacidad para para afrontar algo que suponga más esfuerzo.
- Si algo creo que puede describir bien a la postmodernidad es el juego y el onanismo. No hay mejor muestra que visitar un museo de arte moderno o los multiples centros de ocio públicos que te garantizan una experiencia inútil, rápida, facilmente compartible, barata, … sin más sentido que ser fugaz y no dejar huella.

Tradición -> Modernidad -> Postmodernidad -> … fin del eon actual

Con cada paso algo se ganó y algo se perdió. El hobre se convierte en el nuevo dios destruyendo los dioses del pasado.

Igual que la postmodernidad desprecia el conocimiento, el trabajo bien hecho, … (todo lo que cueste tiempo y esfuerzo), así la modernidad despreció la tradición por no querer entender sus razones, su ciencia.

La tradición tenia su propia ciencia, una ciencia subjetiva basada en la introsprección y su comprensión (la filosofia, esa gran ciencia). Quizás no merecía atención el que todas las tradiciones del mundo, por muy distantes que estuvieran en el tiempo y el espacio fuesen parecidas. No despreciamos lo que no podemos entender?

Igual de muerta está la modernidad. No es curioso cuando uno va a un funeral de un madurito como los de su misma edad no paran de elogia el que se pasase la vida trabajando como un burro, el ahorro, el deber y las buenas formas. Adoradores de satanas para un postmodernista.

No soy optimista ni con España, ni con Europa (esa gran ramera), ni con el mundo. Lo que se ha dado en llamar progreso han sido formas de regresión al no ser capaces de integrar el conocimiento acumulado. La modernidad pario grandes males como el comunismo, fascismo, … en ese mundo que se creía superior. Cuales se estarán gestando ahora?

06.06.08

Creo que en efecto el posmodernismo es algo alarmante, escribiendo un texto acerca de el me encontre con este, pero creo que tu concepcion de la ciencia es muy vago. al contrario la idea del progreso y del modernismo a sido en efecto critico para el desarrollo cientifico, ahora no hay que confundir ciencia con tecnologia. la ciencia nace como un recurso para poder explicar el mundo, se vale de la epistemologia para acomodar los nuevos descubrimientos a los anteriores. la ciencia actual esta estancada porque a pesar de que la tecnologia nos permite hacer cosas sorprendente, la ciencia ah sido incapaz de incorporar en su estructura estos descubrimientos, por lo mismo, en terminos biologicos ha sido practicamente imposible demostrar o mas bien no a habido nadie interesado en aglomerar por ejemplo las similitudes encontradas en secuencias consevardas en la hemoglobina del ser humano con otros mamiferos, con la teoria evolutiva. los que lo han hecho han quedado en silencio, porque simple y sencillamente no hay nadie que los lea o que les importe lo que dicen. su mentalidad posmoderna lo impide, yo me encuentro en una situacion similar, realizando una tesis en investigacion en el area de biotecnologia (biologia molecular ) me encuentro realizando los mismos experimentos una y otra vez por falta de una idea concisa por parte de los investigadores hacerca de que es lo que se hace. la ciencia es actualmente una ciencia en el sentido pragmatico, Einstein insistio en que la base epistemologica es escencial para el desarrollo cientifico, sin esta base el jamas hubiera podido plantear la teoria de la relatividad.
Si te interesa conversar mas sobre este tema, porque creo yo que es alarmante, un obstaculo para cambiar las cosas en nuestro mundo escribir a dethdcr@hotmail.com

09.11.08

no me parece este articulo deberian de hacer cosas mas interesantes y mas concretas porque de esto no entendi un pinche carajo ehh

Escribe un comentario

* Nombre, E-mail y comentario son requeridos.
(Tu correo no aparecerá publicado.)

Additional comments powered by BackType




Patrocinado por

Viajes en Destinia.com

No olvides visitar

Archivos

Categorías