Fanatismo ardiente

P._Oxy._VI_932Conozco dos tipos de fanáticos, igualmente peligrosos. Por un lado están los descerebrados que no piensan en absoluto y que siguen ciegamente una idea, credo o postura política, sin matices y sin ningún tipo de crítica. Podría decirse que son fanáticos imbéciles, porque su cerebro todavía está en garantía y podría devolverse a fábrica completamente nuevo. Luego están los fanáticos por conveniencia, aquellos que, incluso siendo inteligentes y conociendo que están en un error, siguen defendiendo una postura en la que no creen solo porque con ello pueden sacar provecho de algún tipo.

Creo que `Umar tuvo el talento de formar parte de los dos tipos de fanático, al menos en ciertas ocasiones, como tanta gente en su tiempo y, por desgracia, en el nuestro. Si lo menciono es porque cierto comportamiento estúpido de unos jovenzuelos que he presenciado esta mañana me hizo recordar el triste final de los restos de la Biblioteca de Alejandría. Hay historiadores que ponen en duda todo o parte del relato, pero no hay unanimidad a la hora de tratar el caso, lo que no impide que haya quedado como ejemplo palmario de comportamiento fanático.

`Umar ibn al-Jattāb, que puede dejarse sencillamente en `Umar fue el segundo de los primeros califas que sucedieron a Mahoma, además de ser suegro del mencionado fundador del Islam. Mantuvo conflictos armados con prácticamente todos sus vecinos y, en la mayor parte de los casos, resultó victorioso. Por lo general no solía interferir con las creencias de los pueblos conquistados, sobre todo si éstos pagaban generosamente rescates y dávidas, pero esto no impide que su fantismo estuviera a flor de piel, cosa que por otra parte le mantenía al frente de sus súbditos, que hubieran flaqueado en caso de ver algún gesto contradictorio de su califa.

Conquistada Alejandría en el año 642 bajo su nombre por `Amr ibn al-`As, quedó sellado el destino de la antigua joya del Mediterráneo. Cierto es que llevaba siglos cayendo en el letargo y no era ya la estrella brillante que había sido en otro tiempo, pero todavía conservaba mucho de su esplendor. Bien, el caso es que mientras los musulmanes se dedicaban a inventariar todo lo que pudieran encontrar en la ciudad, entró en acción un bocazas. Puede que los restos de la antigua Biblioteca de Alejandría, que habían sobrevivido a varios incencios y saqueos anteriores, hubieran terminado igual a como lo hicieron, pero posiblemente la agonía se hubiera alargado más si Juan Filópono, teólogo, filósofo, astrónomo y un montón de cosas más, no hubiera abierto la boca. El ilustrado ciudadano de Alejandría le fue a `Amr ibn al-`As con un ruego, a saber, que se mantuvieran los libros en la ciudad, a lo que el comandante musulmán respondió con curiosidad propia de alguien sagaz y, además, cultivado.

`Amr ibn al-`As no era un loco sediento de sangre, ni mucho menos, aunque algo de fanático también tenía, cómo no. Y, a su manera, Filópono también, porque más que pensar en salvar la biblioteca, lo que le preocupaba era resguardar una parte de ella, la que le convenía. El resultado del encuentro fue muy curioso, pues tanto el sabio alejandrino como el militar musulmán pasaron muchos días hablando animadamente sobre filosofía y teología. Ante el tesoro formado por miles de papiros, pálido eco de un pasado glorioso, `Amr ibn al-`As decidió consultar al califa sobre qué hacer con los libros. La respuesta tardó en llegar poco más de un mes, a falta de correo electrónico y otros medios de comunicación más rápidos, el uso de mensajeros a caballo y navíos era lo único disponible. En ese tiempo tanto el militar como el teólogo siguieron discutiendo animadamente, hasta que llegó la respuesta de `Umar, que no hizo gracia a ninguno de ellos:

Por lo que se refiere a los libros a los que has hecho referencia, he aquí la respuesta: si su contenido está de acuerdo con el libro de Alá, podemos despreciarlos, puesto que, en tal caso, el libro de Alá es más que suficiente. Si, en cambio, contienen cualquier cosa deforme con respecto al libro de Alá, no hay ninguna necesidad de conservarlos. Procede y destrúyelos.

Y, así, incluso a pesar de no estar de acuerdo con la orden, `Amr ibn al-`As mandó la quema de los libros, decidiendo salvar únicamente los de Aristóteles, seguramente como regalo para Filópono. Se cuenta que los papiros fueron distribuidos por todos los baños de Alejandría, que se decía eran unos cuatro mil, para servir de combustible para calentar el agua. La quema duró seis meses en total, lo que puede dar una idea de la cantidad de papiros que todavía sobrevivían de la antigua gran Biblioteca, en caso de ser cierto el relato, claro está1.

_________
1 Véase La biblioteca desaparecida, de Luciano Canfora. Ediciones Trea, Gijón, 1998.


9 Comentarios

06.09.11

De hecho la expresión “la lógica de Omar” ha quedado como una frase de justificaciones peregrinas.
Se puede confiar en los fanáticos… nunca cambiar de parecer :)

06.09.11

#Javier: Mmmm, cuidado, los fanáticos de “tipo B”, los de conveniencia, pueden cambiar de fanatismo en cuestión de segundos si ello les puede dar beneficio de algún tipo. Los de “tipo A”, por el contrario, no tienen remedio. :-)

[...] Fanatismo ardiente http://www.alpoma.net/tecob/?p=5320  por mezvan hace nada [...]

06.09.11

Yo conocía la historia. Aunque no a tanto detalle. Solo conocía el texto del califa. No obstante, a pesar de que no quiero juzgar la historia con ojos de ahora, es una barbaridad de ser cierta. Algo que debería de ser conocido por todos.

Me ha llamado la atención es tu referencia a los dos tipos de fanáticos. Se corresponden muy bien a lo que en Ética se llama “conciencia involuntariamente errónea” y la “conciencia voluntariamente errónea”. Es muy interesante saber que grados de responsabilidad se piden a cada una, y como han de actuar los que rodean a los que tienen esos fallos. A los primeros, que creen hacer el bien, todavía pueden no ser responsables de algunos de sus actos, pero de los segundos nunca.

Al fin y al cabo, es inadmisible hacer el mal sabiendo que haces el mal.

Muy interesante el artículo, como todos :-D

06.09.11

#Bastonivo: Gracias. :-)

07.09.11

Hola.

Supongamos que uno es, por el motivo que sea, conocedor de la verdad.

¿Pueden hacerse a la idea?

Si así fuera: ¿cómo sería posible no saber que lo que no es la verdad es sólo mentira?

Y, dado ese caso: ¿qué motivos tendría un conocedor de la verdad para tolerar la mentira?

Hay uno: que realmente ese no conoce la verdad.

En mi caso, conozco la verdad, y no es que sea fanático, sino que no me cabe la mentira… entonces no la acepto, pero: ¿por qué destruirla?

Que siga estando nomás, si a mí no me engaña.

Este caso del Islam es que es una obra maestra de la mentira que se dice verdad: la obra maestra de la mentira.

No es que yo adore las estatuas budistas que ha destruído el talibán,
ni que crea en lo que creían los que hicieron las maravillosas pirámides de Egipto, o las de los mayas y muchas otras en tantos tiempos y lugares.

Me maravillan, sí, aunque sepa que son una tontería.

El problema del fanatismo es que es un círculo en sí mismo.

El que conoce la verdad todo lo tolera.

Bueh, no los distraigo mas, solo decirles que abomino de las malas acciones de la mentira que nos privan de cosas como las que deberíamos poseer de nuestros ancestros, nuestros padres, como lo era la biblioteca de Alejandría… cuánto dolor.

Saludos.

08.09.11

A mi me ha recordado a mi mismo, puesto que humildemente opino que en el tema de los libros, hay dos clases de tontos:
· los que los prestan, y
· los que los devuelven

Y yo pertenezco a esas dos clases.

;-)

10.09.11

Sé que lo que afirmo en mi anterior comentario suena a pedantez o soberbia o yoquésé ( lo mas posible es que se me dedicara una sonrisa con sorna).

Pero decir lo que dije sin titubeos lo diría todas las veces que pudiera decirlo o las veces que se me requirieran.

Leyéndome, veo que suena mal.

Pero ya no me interesa lo que diga quien sea acerca de mí.

Y es que la verdad está al alcance de todos: todos pueden verla, es sólo cuestión de fe, o sea, de creer, que es no mas que adherir o aquiescer a la verdad aún sin conocerla, o sea: solo por fe.

Claro, estoy hablando de quien todos saben quién.

PS: por eso en lo que creo es que ya no creo en la evolución, por ejemplo, que necesita sí o sí que existan los millones de años.

Una pista que puedo dar es la explosión del monte Santa Helena, donde sólo en horas se crearon ríos, montes, valles y no sé qué más.

La datación que se hizo de esas nuevas formaciones geológicas dió por resultado que habían acontecido en unos dos o tres millones de años.

Pero ocurrió en solo dos o tres horas.

Claro que hoy es muy difícil hallar información acerca de eso… porque a la ciencia oficial le incomodan estos hechos.

Para cerrar: la ciencia hoy conoce que en realidad ni siquiera existimos, que la materia en verdad no existe, que no es mas que una probabilidad, sólo vibrares, que casi todo es vacío, que al fin no somos mas que una idea, una imaginación.

Que la materia (eso de lo que estamos tan seguros) no es mas que tan solo una manifestación de la energía.

Es decir: otra vez me fui al carajo.

28.10.11

Semengue: sigue…….. sigue……… Estás casi llegando a la verdad profunda, pura y sincera: ¿Sólo sé que todo lo sé?…………
Nuestra historia se ha inclinado mucho por los “milenarios” romanos, griegos, etc., “occidentales” que les decimos. No nos han informado mucho sobre los “del otro lado”. ¿Será que los de ese sector también piensan al revés que nosotros, los occidentales?……….
Será que lo que para nosotros es una estupidez -por ejemplo quemar la historia- es para ellos lo más adecuado????
Sigamos filosofando hasta la profundidad de la verdad………. ¿Necesitaremos una lámpara?
Bueno, yo NO CONOZCO LA VERDAD, sólo tengo MI VERDAD y la sostengo y la mantengo…….. hasta que me demuestren lo contrario…………
Acepto el debate, mi correo mssolaris@hotmail.com

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blog editado por Alejandro Polanco Masa.

Cofundador de Arbotante, Glyphos y Maptorian. Redactor de Historia de Iberia Vieja y autor de Herejes de la Ciencia, Crononautas y El viaje de Argos.



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