Ahora que tanto se habla de libros para el verano, de eso “que hay que leer”, recomendaciones variadas sobre lecturas de todo tipo, me parece que no viene mal recordar que un libro no deja de ser un montón de papel y tinta, o de bits, dependiendo de cómo sea consumido. Lo importante de un libro es que lo que en él se narra, lo que enseña o lo que pueda divertir y, si por muy recomendado que esté por grandes “sabios”, resulta que nos parece un tostón, pues nada, se cierra y hasta nunca o, al menos, hasta otra oportunidad, porque nunca se sabe. Hay personas que son capaces de tragarse ladrillos inaguantables, no porque intrínsecamente lo sean para todo el mundo, sino porque para esos lectores no son nada atractivos pero, aunque su digestión les esté sentando muy mal, deciden terminarlos contra viento y marea por esa vieja norma jamás escrita, seguida por algunos, que dice “si empiezas un libro, termínalo”. ¡Rebelión contra ese modo de pensar! Al igual que he aprendido, con el paso del tiempo y gran cantidad de meteduras de pata, a no fiarme de las recomendaciones sobre libros que se publican por doquier, también sé que, en el caso en que el libro que tengo delante deje de tener gracia o interés, lo cierro y punto final, sin remordimientos. Hoy, en su blog, Sergio L. Palacios nos ha mostrado lo que ha sufrido para intentar terminar un libro de los, en su opinión, infumables: Diáspora, de Greg Egan. Dice el abnegado Sergio:
Nunca había tardado tanto en leer un libro como éste, desde que abandoné la lectura de “Moby Dick” en la página 310 y eso fue hace más de 10 años. Los dos primeros capítulos de “Diáspora” son intragables y te dan unas ganas de coger al autor por la pechera y agitarlo como si fuera un olivo, hasta que se le caigan todas las aceitunas hasta el centro de la Tierra. Un lenguaje abstruso, indescifrable, confuso, ininteligible, rimbombante, barroco, elitista, etc., etc. Si consigues pasar de los dos primeros capítulos, el resto no es mejor, salvo en ocasiones muy contadas y quizá se deba a que como ya te has tragado tanta metralla, cuando te dan una puñalada, pues como que no te duele tanto. (…) Como broche, quiero terminar ésta, mi opinión personalísima e intransferibilísima, con una recomendación muy sabia de un amigo: Reivindicad siempre vuestro derecho a NO leer un libro.
El amigo del que habla era yo y, como esta mañana he visto a un grupo de veraneantes con cabezas humeantes intentando leer novelas que no les hacían gracia, forzados por sí mismos a terminar el montón de hojas que ante ellos tenían, por muy bestsellers que fueran, según grito de portada, creo que debo recordar a todo el que quiera escuchar lo que Daniel Pennac en su libro Como una novela nos decía, atinadamente creo yo, tal y como le mencioné a Sergio. He aquí los Derechos imprescindibles del lector, que a pesar de ya haber sido citados aquí hace tiempo, cada vez creo más acertados:
1.- El derecho a no leer.
2.- El derecho a saltarse las páginas.
3.- El derecho a no terminar un libro.
4.- El derecho a releer.
5.- El derecho a leer cualquier cosa.
6.- El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual)1.
7.- El derecho a leer en cualquier lugar.
8.- El derecho a hojear.
9.- El derecho a leer en voz alta.
10.- El derecho a callarnos.
Que tengan todos ustedes unas felices lecturas veraniegas y, en caso de topar con un ladrillo aburrido, ya saben, al infierno con él.
_______
1 De Madame Bovary. Enfermedad manifestada con síntomas como imaginación, emoción, ilusión…
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55 Comentarios
Parece que me has leido la mente, porque es lo que me pasa con un libro en concreto que ya he dado por cerrado a 60 páginas de comenzarlo…
El péndulo de Foucault de Umberto Eco… No puedo, reivindico mi derecho a abandonar
#Irreductible: Le sucede a todo el mundo, pero muchos todavía se sienten obligados a tragar cada cosa…
Por cierto, a mí el Péndulo de Foucault me gustó, pero más por la gran cantidad de datos sobre embaucadores históricos y similares que contiene que por la trama en sí, que me resultó insípida.
Te comprendo perfectamente. Yo fui de esos que se sienten incomodos si no acababa el libro una vez comenzado, pero afortunadamente lo he superado. Aunque es complicado. Por ejemplo, me force en mi adolescencia a leer El Quijote en su versión integra y (tonto de mí), la experiencia fue una tortura. Muchísimos años después lo releí con enorme deleite. Simplemente la primera lectura no era el momento adecuado; simplemente debí dejarlo y probar después. Otros (precisamente “El Péndulo de Foucault” de Eco, me pareció pesado el primer tercio del libro, pero perseveré y finalmente me encantó (lo he releído y todavía me parece pesado al principio).
Curiosamente encontré una analogía que me gustó mucho en un libro de Stephen King (“Corazones en la Atlántida”) (sintetizo): un libro es como una bomba de agua; para obtener algo hay que dar algo de trabajo primero. Uno se esfuerza porque espera obtener algo a cambio. Si no sale nada uno deja de esforzarse. Así que si después de un 10% del libro, éste no da más de lo que exige, hay que dejarlo.
Me sumo a los defensores de esos derechos del lector.
P.D. Descubrí tu blog por “La cocina de los blogs” de Kurioso y has pasado inmediatamente a mi lector de RSS. Si me topo con un aburrido ladrillo, siempre puedo dejarlo para venir a leer tu blog
.
#gt7h1: Recuerda, en realidad un blog, al menos uno como este con bastante texto, es como un libro… en caso de aburrimiento, ¡pasa a otro!
Ese es un buen decálogo del lector. Mi hija lo trajo a casa en su primer curso de primaria, dentro de una maleta llena de libros. Un recurso educativo que llaman “La maleta viajera” y que circula por toda la clase. Representa que allí vive Magí, un ratón de biblioteca, y que hay que cuidar bien su casa. También lleva una libreta para que los niños y sus padres escriban qué les ha parecido. Leer esa libreta es muy divertido, sobre todo porque ves de primera mano qué es lo que les interesa más a los niños. Ojalá ese ratón llegara a todos esos lectores más forzados que esforzados…
Hombre, muchas veces no es culpa del autor sino del traductor. Algunas traducciones son lamentables pero suscribo el post.
Lo bueno de los puntos que indicas es que la mayoría favorecen el aumento de la velocidad lectora.
Me ha gustado mucho el post. Bah, que escriba esto no significa nada pero así como dejo un libro encima de la mesa porque no lo soporto, digo algo tan simple como: he disfrutado especialmente con este post.
Saludos y buenas vacaciones.
#Blumm: ¡Gracias! Pasa un buen tiempo de descanso.
Yo opino que un libro es un conjunto, y si lees hasta la mitad, no puedes reivindicar “este libro es una mierda”, podrás decir “este libro hasta la mitad es una mierda” con toda la razón que quieras. Yo también intenté leer el quijote y me quedé a medias, pero hace unos años intenté leer “Un mundo feliz” y no pude, me liaba… a la 3º vez que lo intenté (creo que era por que leía siempre muy cansado) lo absorbí y me encantó.
Pero en cambio, en temas de videojuegos, no será el primer juego que la gente dice maravillas de el y me lo he acabado, aún a desganas para poder decir “Ese juego no vale la pena, y lo sé por que me lo he acabado”
Un Saludo
y buen blog
#Anothnio: Anda, no había caído con lo de los videojuegos, pero sí, suele suceder. Gracias por comentar.
Pues probad a ver con el Ulises de Joyce. La novela más importante de la literatura y todo lo que digan, pero vamos… pal que la quiera.
Yo soy uno de esos infelices que aprendió, por los palos de la experiencia, a no fiarse ni un pelo de los comentarios de las webs de venta de libros, ni de listas de más vendidos. Y he de admitir que también he sido fiel seguidor de la regla “si lo empiezas, lo terminas”, con una excepción: fui total y absolutamente incapaz de terminar “Fausto”.
Me estáis asustando. ¿De verdad tenéis o habéis tenido tantas dificultades para distinguir lo que os gusta de lo que no?
#Mostrenco: Respuesta personal: SÍ. Matización: Generalmente, no se puede juzgar un libro por las “pastas”, esto es, por reseñas, resúmenes, consejos…
Grrrr, aún me dura el cabreo.
yo incluiría el derecho (siempre que el libro sea propio) de marcar, redondear, subrayar, anotar en el margen, pegarle postits, dejar marcadores en sitios estratégicos, doblar las esquinas…
parece increíble lo que dice de uno y sus vivencias pasadas cuando uno recupera, en el fondo de un anaquel, un libro que marcó hace años…
Hola a todos, pues yo no puedo ,si empiezo un libro lo termino , es superior a mi.
Soy un gran lector y me ha venido a la memoria unos cuanto insufribles, Moby Dick (como dice Alpoma) es mi piedra angular, sufri mucho para leerlo ( 5 paginas , 5,con las utilidades del semen de ballena , y asi todo el libro), me paso tambien con el corazon de las tinieblas ( de Conrad) ,con Neuromante ( decepcion y aburrimiento), etc , etc.
Ahora me esta pasando con los propios dioses (soy un freek de la c.f.) esperaba mucho de el y me esta matando de aburrimiento.
Aun asi , siempre, siempre saco algo de cada uno de los libro que leo.
#Amio Cajander: Ciertamente, el derecho a “personalizar” un libro propio, más que un derecho, es un placer y, a veces, todo un arte, incluyendo además en este apartado los Ex Libris.
Un profesor de Literatura que tenia en Bachillerato decia del quijote que hay que leerlo 3 veces.
Una vez en la juventud , y no lo entenderas.
Otra a mediana edad creeras que lo has entendido.
Y una ultima en la vejez que es cuando realmente lo entiendas.
Yo apoyo a Amio, me encanta que se note que he disfrutado un libro y qué mejor forma que personalizándolo.
De Los Propios dioses me gustó solamente la segunda parte, la otras dos fueron decepcionantes.
A mi en lo particular me encanta reforzar la lectura (especialmente de los libros históricos) con google maps, la wikipedia, buscando imágenes, etc. ¿No podría ser un nuevo derecho del lector “Freeky”? jejeje
Saludos, me encanta tu blog.
#Manuel: No iba desencaminado tu profesor, interesante planteamiento.
#Christian: ¡Gracias!
El derecho a no terminar un libro…
Ahora que tanto se habla de libros para el verano, de eso que hay que leer, recomendaciones variadas sobre lecturas de todo tipo, me parece que no viene mal recordar que un libro no deja de ser un montón de papel y tinta, o de bits, dependiendo de có…
No pierdas de vista que ciertas lecturas tienen una función social adicional: se leen porque ello te permite decir que lo has leído, puedes comentarlo con tu círculo social, puedes añadirlo a tu acervo cultural. En ese caso el placer es un motivo secundario, y se justifica el sufrimiento. Hay que contar además con la seguridad intelectual: quizás piensas que lo debes leer, y que tu dificultad es propia de tu ignorancia o tu incapacidad, así que hay que hacer un esfuerzo, incluso aunque no te apetezca. Al tema de la función social de la lectura le tengo que dar una pensada, pero seguro que alguien lo ha estudiado mejor que yo.
#Toño: Completamente de acuerdo, pero ten en cuenta que el foco del artículo es la lectura de ocio, la que se realiza por diversión o pasión. La lectura de estudio, análisis o intelectual entra dentro de otro rango completamente diferente.
De hecho yo también me refería a la lectura de ocio. A que una (gran) parte de la lectura de ocio se efectúa por razones sociales. Aunque sea para comentarlo en la mesa de la cafetería, y servir como herramienta de cohesión de grupo.
Bueno, seguramente este va a ser el comentario menos “romántico” y cultural de todos, pero creo que esa regla no escrita de tener que acabarse el libro es, en muchos casos, una cuestión… ¡económica! ¿De verdad nunca habéis pensado “con 25 euros que he pagago por él, ¡tengo que acabármelo aunque me haga sangrar los ojos!”? Lo sé, lo sé, no hay que dejarse llevar tanto por malos consejos o, en mi caso, por otros motivos, como una presentación muy cuidada o el nombre de un autor importante, pero a veces ocurre. Vas a una librería, lo ves allí, tan tentador… y… ¡zas! Cuando quieres darte cuenta tienes 20 o 25 euros menos en tu cartera, o en tu cuenta corriente, y llegas a casa con un montón de palabras impresas que al final resultan infumables.
#Ikima: Sí, eso sucede. En mi caso hasta hace no mucho tiempo ocurría demasiado, pero había veces que ni pensando en el buen montón de euros que había costado tal o cual ladrillo conseguía llegar al final. Torturas, las menos posibles.
Magnifico post y con más razón que un santo. La gente se sorprende cuando le dices que has empezado a leer algo y lo has dejado..parece que les de verguenza dejar algo a medias (aunque sea infumable). Pero no sólo pasa con los libros, también con el cine. Creo que me he ido de 3 peliculas.. libros ni te cuento
Igual que Amio Cajander, me gusta vivir los libros, anotar, subrayar, doblar esquinas. Lo importante es el contenido. Lo demás es papel. Como el higiénico
Un saludo (he copiado tu lista de derechos en un post..geniales)
[...] Os recomiendo el post Derecho a no terminar un libro en Tecnología Obsoleta [...]
a mi lo del dinero me sucede con las pelis en el cine, por malas q sean me las trago hasta el final, pero eso como mucho me lleva dos horas, no varios dias como algunos libros
tengo un montón de libros empezados, que he sido incapaz de terminar, antes era de los que me forzaba a terminarlos, hasta que me di cuenta que muchas veces por recomendación o por lo que sea acabas comprando libros que simplemente no son realmente “apropiados” para uno mismo en un determinado momento, cuando me di cuenta de eso empecé a dejar los que no me enganchaban tras unos pocos capítulos para otro momento
y puedo decir que algunos de ellos, pasado un tiempo los he vuelto a empezar y han caido rápidamente
creo que tiene mucho que ver el momento en que tratas de leerlo y si anímica, espiritual o intelectualmente estás en disposición de aceptar, entender y disfrutar de lo que el escritor te quiere contar
no todas las historias son apropiadas en cualquier momento
Bueno, los libros, como las buenas comidas o los buenos amores, tienen su momento. A veces, nuestras circunstancias no son las propicias, nuestras experiencias insuficientes o, sencillamente, nuestra forma de ser nos impiden disfrutar de lo que el libro puede ofrecernos. Habéis citado casi todos como ejemplo de “insufrible” a Moby Dick, probablemente uno de mis libros favoritos. Puede que, pasados los años, lo reabráis y os encontréis otra vez con ese “Llamadme Ismael” y quedéis, esta vez sí, embarcados definitivamente a la caza de la ballena blanca.
Por cierto, enhorabuena por el blog, uno de los que siempre visito y siempre me sorprende.
Falta:
El derecho a leer en diagonal
Una opinión bastante interesante. Supongo que hay que recordar que leer no deja de ser un placer y que, si en algún momento algún libro se nos hace demasiado cuesta arriba, deberíamos dejarlo. Pero aún siendo consciente de ello, estoy convencido que a la mayoría de los lectores habituales no nos es tan fácil decir basta y devolver un libro a la estanteria (por absurdo que parezca).
Ahora mismo me viene a la cabeza “Lisey’s Story”, de Stephen King. Un libro que después de terminado he pasado a considerar una obra maestra. Pero aún así debo reconocer que durante el transcurso de su lectura, máxime sus primeras 250 páginas (que no es moco de pavo), se me hacía extremadamente lento y pesado. Es una sensación que no creo haber experimentado con ningún otro libro, pues aunque el hilo argumental no llegó a engancharme en casi ningún momento, continuamente iba pensando en el pedazo de obra maestra que se había sacado de la manga el amigo King.
De todas formas suscribo totalmente lo dicho en la presente entrada: Lee por placer.
Un saludo, y felicidades al autor de la entrada.
[...] Original source : http://www.alpoma.net/tecob/?p=1184…; [...]
Evidentemente,cuando se lee por placer es tontería obligarse a acabar el libro…sin ánimo de ofender…yo sólo he podido teminar un libro de Stephen King…simplemente no puedo con el…he leido dos vecesla trilogía de El Señor de Los Anillos y a la tercera me dije..”menudo tostón!” y lo dejé…y es que ahora tengo 20 años más que cuando lo leí por primera vez…mi vida es otra,mis gustos son otros…recuerdo que con 18 intenté leer “El chiste y su relación con el inconsciente” de Freud…un tostón infumable…a no ser que seas estudiante de psicología y ya tengas una pequeña base de conocimientos para entender esos textos tan densos…casualidades de la vida…hoy soy estudiante de psicología (es una larga historia) y el libro volvió a caer en mis manos…y ésta vez sí que lo he disfrutado más…Hace 10 años tampoco podía aguantar una ópera de Wagner…ahora lo adoro…
Ahora bien..como deportista que soy,también soy muy autoexigente y la verdad,en deporte uno no consigue nada a no ser que se obligue a ir un poco más allá y con un poco de perseverancia…y que de vez en cuando es un buen ejercicio de autodisciplina el obligarse a terminar algo por desagradable que sea…no por terminarlo sino por el valor intrínseco de cultivar la tenacidad y perseverancia…
Y es que cada uno tenemos una manera de pensar…
Saludos…
Totalmente de acuerdo.
Llevo muchos años haciéndolo, hay millones de libros por leer y una vida demasiado corta para poder leerlos todos. ¿Por qué perder el tiempo con algo que no te está gustando cuando en ese momento podrías estar aprovechando el tiempo con cualquier otro libro?
Me alegro que no sea el único que opina igual
En el momento que dices…”…un libro no deja de ser un montón de papel y tinta…” ya has perdido toda la posible credibilidad que podías tener al escribir este panfleto, pero es que cuando luego veo lo de… “2.- El derecho a saltarse las páginas.” ya no sé qué hacer, pero vamos, si, hago cumplir tu punto número 2 y me salto el leerme más esta patochada.
P.D: No todos los libros están hechos para todas las mentes o personas, pero decir que es tan solo un montón de papel y tinta…en fin, desde que la opinión es libre, hay gente que se toma ciertas licencias que no deberían ni plantearse.
El único libro que no he podido acabar fue “El talismán”, de Stephen King (y eso que conseguí terminar “Apocalipsis”, quizá porque tiene un comienzo decente, aunque el resto del libro sea un ladrillo). Eso sí, el que quiera dejar un libro, que lo deje, que la vida es corta y hay muchos más.
Sobre “El péndulo de Foucault”, está bien, sin ser una obra maestra, aunque la idea central sobre las conspiraciones es buenísima (si bien Thomas de Quincey ya decía algo similar en “Las sociedades secretas”). Las primeras 60 páginas son la “trampa-bomba” que suele poner Eco: la parte inicial del libro es aburridísima a propósito, para espantar a lectores no avisados. Me comenta un amigo que hace lo mismo en las conferencias: se pone pedante hasta decir basta y espera a que se vaya la mitad del público, y de repente cambia totalmente el tono y le queda algo memorable. Supongo que, en el fondo, Eco es un cabroncete.
Aunque tienes razón, mi orgullo personal siempre me obliga a terminar lo que he empezado.
#Greyfang : Veo que no has captado las segundas intenciones de la frase, cuya intención era desmitificar el libro como “objeto de culto” y centrar el debate en el contenido de los libros, no en el soporte físico en que se encuentren, de ahí la frase que da continuación al razonamiento:
“Lo importante de un libro es que lo que en él se narra, lo que enseña o lo que pueda divertir…”
Yo lo intento siempre y con algunos me he sorprendido gratamente… con otros… NO.
Más manias con los libros.
http://animalcrackers.es/2008/01/04/mi-libro-y-yo/
Totalmente de acuerdo.
A mi, se me amontonan los libros “a medias”, igual que las películas. Si intuyo el final, pierdo el interés. Si encima los personajes (ó actores), son insulsos, el final…está anunciado… en la estantería.
Daniya, yo se los dono a una biblioteca. ¿Para qué van a ocupar sitio en mi casa, si no los voy a leer, y además puede que a alguien le gusten?
Rreflexión: Al comprar un libro debería llevar incorporado y gratuitamente el tiempo necesario para leerlo……….
Confieso que yo era de esas que, orgullosa, decía “cuando empiezo un libro, lo acabo” Absurda voluntad, en vez de invertirla en otra cosa!! Creo que uno llega a su primera madurez cuando llega a la conclusión contraria. Si lees por entretenimiento ¿por qué seguir leyendo un libro que no te entretiene? Quizá no sea este el momento para leer “ese” libro, inténtalo dentro de unos años (me tiene ocurrido, de verdad). Y por último, si no te gusta un libro, no te sientas culpable, que se sienta su autor por no haber conseguido “engancharte”.
Estas normas también son aplicables a las películas;)
Buen post. Estoy muy de acuerdo con esto… Te apoyo 100%.
Me pasó un verano que mi esposa me había regalado un libro, el cual intenté abordarlo por dos veces en un mes y tuve que abandonarlo en el segundo capítulo porque no entendía nada.
Al siguiente verano hice el tercer intento y… no podía parar de leer! Uno de lo mejores libros que he tenido la suerte de leer, suspenso y escalofríos al por mayor.
El libro en cuestión es “El Club Dante” de Matthew Pearl.
El derecho a saltarse las páginas no existe. Es más, debería estar penado por la ley.
Si no gusta un libro, pues se deja y punto, no estás obligado a terminarlo., aunque hay libros que empiezan siendo un tostón y luego terminan encantando. ¡PERO SALTARSE PÁGINAS NUNCA!.
Es como ver El Padrino y darle para adelante en el vídeo cuando se ponen a hablar demasiado.
Pocas veces he visto un mayor atentado al arte que eso de saltarse las páginas. De verdad que me ha llegado al alma.
Yo jamás me he dejado de leer un libro, pero tengo claro que si un día quiero hacerlo lo haré sin ningún miramientos, aunque eso sí, ha hecho comerme mucha mierda, sobretodo bestsellers.
Desgraciadamente, cuando tus conocidos saben que te gusta leer, te compran ediciones caras de libros famosos y yo, que tengo en mi religión no gastarme más de 12€ en un libro (viva las ediciones de bolsillo), veo una edición de lujo y me la termino comiendo más por pena que por otra cosa.
¿No has leido “los pilares de la tierra”?, ¡pero si es famosísima!, a todo el mundo le encanta. Toma edición de lujo (y lo peor es que piensan que es un regalazo).
Puaj. Menudo elenco de personajes sosos y repelentes.
Ahí está su secuela que habrá costado 50€ tirado entre los demás libros. Una vez caigo porque soy idiota, pero dos no.
Si alguien la quiere lo vendo. Está sin leer.
Hola.
Compre el libro de Diaspora en la feria del libro de Madrid. Es un libro insufrible. Hice buen uso del derecho nº 2. Siempre suelo acabar los libros que leo, pero este es uno de esos casos en los que decido que mi tiempo de lectura es demasiado valioso para desperdiciarlo en un libro por mucho renombre que tenga el autor. De paso, me dije a mi mismo que recordaria el nombre del autor para futuras compras, para evitar caer en el mismo error.
[...] Sueltos por aquí y por allá recogí la anotación de Uxio sobre las Diferencias salariales entre mujeres y madres, de nuevo alrededor de la (i)responsabilidad corporativa y la diversidad; el reivindicativo Derecho a no terminar un libro de Tecnología Obsoleta, universal, añadiría; y el descubrimiento de Un blog imprescindible en el Café de Ocata. [...]
Ehhh, la cosa es simple:
Cuando voy a comprar un libro (o a sacarlo de la biblioteca), lo leo 2,3 4 paginas como mucho.
Si es ameno y entendible, bien. Si no, lo dejo y a por otro.
Asi no hay margen a equivocarse a la hora de ponerse a leer un libro.
El derecho numero 2 es irrenunciable con el mitificado Quijote. Tu empiezas a leer el quijote y la verdad es que no esta mal, no es un toston como tiene fama. Pero ahi llegamos a sierra morena, y es donde cervantes empezo a hacerse autoplagio. Para rellenar, colo unas obras asi de tipo pastoril que tenia ya escritas.
Por desgracia, no hay forma de pasar de ahi, es insufrible. O te lo saltas, o no lees el quijote.
Coincido con la opinión del profesor de Manuel, ya que justamente iba a comentar sobre el Quijote. Intentando leerlo en el colegio (por obligación) no pude llegar ni a la mitad, pero estimo que en el futuro podré volver a leerlo.
Opino que otras veces es cuestión del momento en que se comienza a leer. Mi abuela me regaló por mi cumpleaños un libro sobre una expedición con trineos y perros en Canadá (no recuerdo el nombre ahora ni dónde andará, lo extraño realmente) que hice dos intentos para leerlo y siempre terminé dejándolo en las primeras páginas porque me aburría, pero al tercer intento me encantó, sobre todo cuando narra las aventuras que sufrieron en la expedición. Tengo muy buenos recuerdos de él.
Por otro lado, como se dice más arriba, a veces es por culpa de la traducción. Cuando comencé con Capitán de Mar y Guerra, la traducción y el estilo utilizado hacía que fuera el libro más confuso que leí jamás, sobre todo que originalmente, ya plagado de términos marinos, no es fácil de entender de entrada. Los siguientes los comencé a leer en inglés, en su idioma original y, luego de la lucha por comprender muchos términos técnicos marítimos, me encantó. Ya voy por el número 8 de los 19 de la colección (sin contar el número 20 inconcluso).
¡Hola!
Hemos llegado hace unas horas de un viaje a Punta Umbría. Para esos 10 días, mi mujer y yo, dejamos toda la electrónica (excepto el reproductor de mp3 y una cámara de fotos digital) en casa. ¡Vaya mono que traíamos de tocar un PC!.
Como compañeros de playa, además de los niños, hemos llevado el tocho “Diáspora” del friki Greg (para mi lectura, comprado con amor en la feria del libro de Madrid)y “Por qué somos como somos” del genial Punset (comprado por mi pero elegido por mi mujer para estas minivacaciones).
Pues bien, no he podido digerir al amigo Greg. No me he saltado nada pero como si lo hubiera hecho: varias decenas páginas seguidas sin entender nada. Dicen que es Ciencia Ficción dura; yo creo que es Ciencia Ficción de un astrónomo que disfruta imaginando universos pararelos y sin ninguna idea de como narrar algo de forma amena y con un hilo argumental que te empuje a seguir leyendo…
Dejando de un lado la matemática y astronomía que continuamente fluyen en cada página, el argumento, la historia que hay debajo, no interesa: gris sobre gris.
Mi mujer se había reído ya en la playa de las “pestes” contra el amigo Greg pero ahora, al leer esta entrada, nos han saltado las lágrimas…
Un saludo,
[...] Enlazando de algún modo con el reciente debate sobre el derecho a no terminar un libro, ha surgido una pequeña inicitiava twitteril. Veamos, comentaba esta tarde a través de Twitter sobre dos lecturas nocturnas que tengo preparadas para esta semana. Una de ellas es revisión de un clásico que me encanta, Drácula, de Bram Stoker. El otro libro llega a mis manos por primera vez, El amante de lady Chatterley, de D. H. Lawrence. A partir de aquí surgió una discusión a golpe de twitt con @ondasolitaria y @nonestop. Ésta última ha propuesto la adopción de un tag, a modo de experimento, para mostrar en Twitter aquellos clásicos de la literatura que nos resulten insufribles. Con la etiqueta #clasicosquenosoporto se agruparán todos esos libros que, según ciertos individuos, son “imprescindibles”, pero que, por la razón que sea, nos resultan pesados. Veamos, imprescindibles ¿para qué? Por ejemplo, no tolero ni de lejos el Ulises de Joyce, pero reconozco que es una obra maestra. Esto se explica de la siguiente forma: desde el punto de vista literario o histórico, ese libro considerado por muchos como uno de los mejores del siglo XX, guarda en su interior innovaciones sorprendentes. Pero de ahí a que resulte atractiva su lectura como distracción va un largo trecho. Muchos de los considerados como clásicos, son insufribles para las gentes de hoy, y no por ello dejan de tener valor desde el punto de vista intelectual, solo que, cuando se busca leer algo que alimente la imaginación y, a la vez, entretenga, se convierten en pesadas digestiones más perniciosas que otra cosa. Por ello, cuando en alguna reunión social el típico intelectualoide presuma sobre sus sesudas lecturas y esos clásicos de lectura obligada, y pongan caras raras cuando reconozcas no haber leído tal o cual “obra maestra”, cuando te quieren hacer sentir como un miembro de la más baja especie lectora por no haber paladeado las supuestas páginas excelsas de cierto Olimpo literario imaginario, recuerda que siempre puedes gritar a los cuatro vientos los títulos de esos clásicos que no soportas. Cuando menos, la sorpresa será general. Y, para terminar, unas palabras de Juan Valera sobre el enfoque contrario, cuando se finge haber leído un clásico, seleccionadas de su introducción a la traducción que realizó de Dafnis y Cloe, de Longo, un minúsculo clásico que, éste sí, he de decir que me encanta por su bella ingenuidad1: Escasísima cantidad de obras maestras tienen una fama que jamás se marchita. Sus autores se llaman por excelencia los autores clásicos, y toda persona culta, o que presume de culta, las compra, aunque nunca las lea. Si por acaso acomete, en ratos de ocio, la lectura de uno de estos autores, pongo por caso de Homero, de Píndaro o de Virgilio, a las pocas páginas, o se duerme o se aburre. Tres modos principales suele emplear después el lector aburrido o dormido para explicar su aburrimiento o su sueño. Si es muy modesto, se echa la culpa a sí propio, reconociendo que carece de la educación, estética o de la aptitud natural bastante para penetrar el sentido de lo que lee, y apreciar y ponderar todos los primores y bellezas del estilo, teniendo en cuenta, además, que es menester cierto aparato de erudición y cierto esfuerzo de fantasía para trasladarse en espíritu a la edad en que vivió el autor y para ponerse en lugar de uno de sus contemporáneos, participando de sus creencias, afecciones y anhelos, único modo de comprender todo el valor de lo que lee, y de sentir, al leerlo, la misma honda impresión que sintieron, sin duda, los hombres que vivían cuando el autor, y para quienes el libro se compuso. Los que se explican así el no gustar de un autor clásico son los menos, porque la modestia y la humildad son prendas rarísimas. Otros hay que se lo explican todo dejando a salvo al autor y echando la culpa al traductor desgraciado. Busca, por ejemplo, una persona elegante y de mundo, que oye decir que la Ilíada es un trabajo prodigioso, una traducción castellana de la Ilíada; le dan la de Hermosilla; empieza a leerla, se harta a las seis o siete páginas, y acude, para desenojarse, a una novela de Daudet o de Belot, que le parece mil veces más agradable. No atreviéndose a decir que Homero es insufrible, y que todos los críticos que le han elogiado lo hacían por seguir la corriente, o porque eran unos pedantes que con tales elogios querían darse tono, decide que el traductor lo ha estropeado todo, en lo cual, hasta cierto punto, no se equivoca a veces, y de esta suerte deja a salvo, por una parte, el buen gusto y la agudeza y perspicacia que él cree tener, y por otra, la autoridad de los siglos y el general y constante consentimiento de varias y diversas civilizaciones y de muchas generaciones, que han decidido que los cantos de Homero son de la mayor belleza. Los más atrevidos, por último, se van derechos contra el autor, y decretan que Homero es soporífero; que en la edad bárbara en que vivió, tal vez gustaría; pero que ahora no hay quién le aguante, y que ni los mismos que le encomian le leen, sino que aprenden lo más substancial de lo que dice, en algún compendio o manual de historia de la Literatura, y suponen que le han leído y hasta que se han encantado leyéndole, para darse tono y lustre de discretos y profundos. A mí me ha ocurrido con frecuencia que hombres políticos de primera magnitud, que han sido ministros cuatro o cinco veces, abogados famosos, hacendistas y economistas, me hayan excitado a que me desemboce con ellos y las confiese que Homero no puede haberme gustado, si es que le he leído. Y como yo me obstinara en que le había leído y en que me gustaba, me han tenido por hipócrita literario o por hombre disimulado y lleno de fingimiento, a fin de darme importancia de erudito y humanista. [...]
En octavo de EGB nos dijeron que hiciéramos un comentario de texto. A mi me tocó Clarín. Pues me leí La Regenta. Cuando se lo dije al profesor flipaba en colorines. Me parecía un tostón pero me lo terminé.
El primer libro que mandé a dormir el sueño de los justos fue Las Amistades Peligrosas.
Después de ese han venido más, ya no aguanto una avispa en la entrepierna ni media hora.