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	<title>Tecnología Obsoleta</title>
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	<description>Weblog personal de Alejandro Polanco Masa</description>
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		<title>Étienne Jules Marey y el registro del movimiento</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Jun 2013 14:15:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alpoma</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ver tomas a cámara rápida del aleteo de un ave o de un atleta en una prueba deportiva son cosas que ya no llaman la atención a nadie. Pero para todo tiene que haber una primera vez y fue el francés Étienne Jules Marey quien se adelantó a todos, o casi todos porque ya hubo [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ver tomas a cámara rápida del aleteo de un ave o de un atleta en una prueba deportiva son cosas que ya no llaman la atención a nadie. Pero para todo tiene que haber una primera vez y fue el francés <strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89tienne_Jules_Marey">Étienne Jules Marey</a></strong> quien se adelantó a todos, o casi todos porque ya hubo algún intento anterior, a la hora de registrar fotográficamente el movimiento de animales, personas y objetos. Mencioné hace tiempo en <em>TecOb</em> el curioso <strong><a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=991">rifle fotográfico</a></strong> que empleaba Marey en algunos de sus experimentos. Ahora bien, <strong>¿cómo preparaba esos experimentos?</strong> Tal es el asunto que hoy me ocupa brevemente. Veamos, hay que pensar que nos hallamos en la <strong>segunda mitad del siglo XIX</strong> y, claro está, todo lo que se refiere al registro del sonido o la luz, se encontraba en pleno desarrollo. Mientras el cinematógrafo seguía en la mente de los soñadores y la fotografía iba dando pasos de gigante, Marey se iba obsesionando con la idea de <strong>registrar cómo se mueven los seres vivos</strong>. </p>
<p>He aquí un primer ejemplo en <strong><a href="http://youtu.be/LKlNZSnkvsg">vídeo</a></strong> del trabajo de Étienne Jules Marey, se trata experimentos realizados entre 1891 y 1895 sobre el vuelo de aves y otros estudios de movimiento animal. </p>
<p>Vía <a href="http://scrap.oldbookillustrations.com/">OBI Scrapbook Blog</a>.</p>
<p><iframe width="620" height="465" src="http://www.youtube.com/embed/LKlNZSnkvsg?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Otros ejemplos, en <strong><a href="http://youtu.be/Zd7-oWFfb30">este caso</a></strong> con insectos. </p>
<p><iframe width="620" height="465" src="http://www.youtube.com/embed/Zd7-oWFfb30?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Afortunadamente <strong><a href="http://www.youtube.com/watch?v=U9Gb0S0Gvfc&#038;list=PLE311DE780DC7CE78">han llegado hasta hoy muchas de las tomas realizadas</a></strong> por este pionero de la captura del movimiento. Ahora bien, ¿nos ha llegado algo sobre cómo diseñaba sus experiencias? La respuesta se puede encontrar en la fascinante obra de 1873 titulada <em><strong><a href="http://archive.org/details/animalmechanism00mare">La machine animale, locomotion terrestre et aérienne</a></strong></em>, disponible en <a href="http://archive.org/details/lamachineanimale00mare">francés</a> e <a href="http://archive.org/details/animalmechanism00mare">inglés</a> en <em>archive.org</em>. Es interesante repasar las páginas de ese libro creado por el propio Marey, que sirvió para abrir todo un nuevo mundo a la fotografía y a las &#8220;imágenes en movimiento&#8221;. Estamos ante <strong>un detallado tratado sobre registro de la fisiología animal y el movimiento</strong>, pionero en muchos de sus planteamientos.</p>
<p><iframe src='http://archive.org/stream/lamachineanimale00mare?ui=embed#page/130/mode/2up' width='620px' height='500px' frameborder='0' ></iframe></p>
<p>Vía <a href="http://scrap.oldbookillustrations.com/">OBI Scrapbook Blog</a>.</p>
<p><a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=8308" rel="bookmark">Étienne Jules Marey y el registro del movimiento</a> apareció originalmente en <a href="http://www.alpoma.net/tecob">Tecnología Obsoleta</a>, 18 junio 2013.</p>
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		<title>[Libro] Juegos y pasatiempos de la antigüedad</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Jun 2013 14:05:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alpoma</dc:creator>
				<category><![CDATA[Obsolescencia]]></category>

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		<description><![CDATA[De vez en cuando escribo en TecOb sobre los libros que voy leyendo, pero en el caso que me ocupa hoy la cosa es muy diferente. El libro objeto de esta nota me encanta pero no puedo opinar como lector, porque me he encargado de su edición y, claro, el editor siempre guarda &#8220;intereses ocultos&#8221;. [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://d1ejql4nymwmaf.cloudfront.net/uploads/image/image/26831/big_portada_juegos.jpg" alt="Juegos y pasatiempos de la antigüedad" class="dch" width="290px"/>De vez en cuando escribo en <em>TecOb</em> sobre los libros que voy leyendo, pero en el caso que me ocupa hoy la cosa es muy diferente. El libro objeto de esta nota me encanta pero no puedo opinar como lector, porque me he encargado de su edición y, claro, el editor siempre guarda &#8220;intereses ocultos&#8221;. Vamos, que me encantaría que se vendiera bien, pero eso es otra cuestión que me aleja de lo principal: el tema del libro. El título ya lo deja claro todo: <strong><a href="http://tienda.glyphos.net/juegos-y-pasatiempos-de-la-antiguedad">Juegos y pasatiempos de la antigüedad</a></strong>. Y de eso se trata, de un <strong>ensayo riguroso pero muy ameno</strong>, que incluye material adicional descargable, como tableros de juegos y modelos de fichas. Todo para hacernos ver <strong>cómo se entretenían nuestros antepasados de hace miles de años</strong>. Os dejo con la <strong><a href="http://tienda.glyphos.net/juegos-y-pasatiempos-de-la-antiguedad">ficha del libro</a></strong>, que estoy seguro va a interesar a muchas personas&#8230;</p>
<blockquote><p><strong><a href="http://tienda.glyphos.net/juegos-y-pasatiempos-de-la-antiguedad">Juegos y pasatiempos de la antigüedad</a></strong></p>
<p><strong>Título</strong>: Juegos y pasatiempos de la antigüedad.<br />
<strong>Autores</strong>: Javier R. Rodríguez Rodríguez y Carlos Fernández Antón.<br />
<strong>ISBN-13</strong>: 978-84-940699-3-2.<br />
<strong>Formato</strong>: Libro impreso / 15 x 21 cm / 112 páginas + láminas.<br />
<strong>Contenido adicional</strong>: PDF con tableros y fichas de juego.<br />
<strong>Colección</strong>: Historia antigua.<br />
<strong>Precio de venta al público</strong>: 14,95 €.</p>
<p><strong>ACERCA DE ESTE LIBRO</strong><br />
La Historia, con mayúsculas, ha aparcado a un lado muchos detalles sobre los modos de vida de nuestros antepasados. El juego es uno de esos aspectos clave de la vida que apenas ha sido tratado en el estudio del pasado. Este libro pretende comenzar a remediar ese terrible olvido. En una época en la que los juegos electrónicos son los reyes, es agradable comprobar cómo muchos de los tradicionales juegos, incluso algunos que se pueden disfrutar ante una pantalla, hunden sus raíces en el más lejano de los tiempos.</p>
<p>En Juegos y Pasatiempos de la Antigüedad podrás aprender cómo jugaban los antiguos romanos, griegos o egipcios. Ya fuere con juegos de azar, de estrategia o habilidad, los juegos formaban una parte muy importante en la vida cotidiana de la antigüedad. No estás ante un simple libro de historia, nada de eso, te encuentras ante un ensayo excelentemente documentado que, además, sirve de manual práctico para volver a traer a la vida los juegos descritos en estas páginas. Conoce al precursor del tres en raya, los dados, el juego real de Ur, perros y chacales, el senet y el mehen&#8230; Descarga las plantillas para construir los tableros y las fichas de muchos de los juegos descritos en el libro y viaja en el tiempo para volver a jugar como lo hicieron en la antigüedad.</p>
<p><strong>SOBRE LOS AUTORES</strong></p>
<p><strong>Javier Ramón Rodríguez Rodríguez</strong>, nacido en Santander en 1969, es ingeniero técnico industrial por la Universidad de Cantabria. Gran aficionado a la astronomía, es miembro de la Agrupación astronómica Cántabra desde el año 2000, siendo presidente de la misma durante dos años. Si bien le interesaba la historia en general, perfectamente compaginada con su formación técnico-científica, transformó este interés en pasión por la antigüedad clásica al leer por primera vez la Ilíada de Homero. Desde 2003 participa en foros y actividades con otros aficionados a la historia  y es miembro fundador de la Asociación Cultural Hispania Romana (2007). Desde entonces toma parte de las actividades de recostruccionismo histórico de esta asociación a través de inciciativas como la Legio VIIII Hispana y de la revista Stilus.</p>
<p><strong>Carlos Fernández Antón</strong>, nacido en Madrid en 1969, es ingeniero técnico por la Universidad Politécnica de Madrid. Experto en geometría, matemáticas y agrimensura antigua ha impartido conferencias en las principales universidades y centros arqueológicos tanto nacionales como internacionales. Creador de la marca Ars Ingenivs (2010), un lugar de reconstruccionismo histórico y arqueología experimental en el ámbito de la ingeniería y agrimensura. Es miembro activo de la Asociación Cultural Hispania Romana donde realiza muchas de sus actividades divulgativas, ha aparecido en varios artículos en revistas de historia y especializadas.</p></blockquote>
<p><a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=8301" rel="bookmark">[Libro] Juegos y pasatiempos de la antigüedad</a> apareció originalmente en <a href="http://www.alpoma.net/tecob">Tecnología Obsoleta</a>, 16 junio 2013.</p>
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		<title>Kebu y el renacer de los sintetizadores vingate</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Jun 2013 11:24:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alpoma</dc:creator>
				<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Obsolescencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Ah, qué tiempos aquellos, cuando los sintetizadores analógicos reinaban, la época del primer Jean Michel Jarre o de Ray Lynch, por ejemplo, la edad de oro de los teclistas, o sintesistas como decía Ramón Trecet, allá a finales de los setenta y durante los años occhenta. Si menciono esto es porque el compositor y teclista [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.alpoma.net/tecob/wp-content/uploads/2013/06/kebu_promo_4s.jpg" alt="kebu_promo_4s" width="299" height="200" class="dch" />Ah, qué tiempos aquellos, cuando los <strong>sintetizadores analógicos</strong> reinaban, la época del primer Jean Michel Jarre o de Ray Lynch, por ejemplo, la <strong>edad de oro de los teclistas</strong>, o <em>sintesistas</em> como decía Ramón Trecet, allá a <strong>finales de los setenta y durante los años occhenta</strong>.</p>
<p>Si menciono esto es porque el compositor y teclista finlandés <strong><a href="http://kebu.fi/">Kebu</a></strong>, además de publicar un disco muy personal (<a href="http://open.spotify.com/artist/4XNih4GTeMVeQmiXq3CqS6">spotify</a>) que repasa ambientes espaciales y texturas analógicas de esa época, nos ofrece muestras en vivo de su buen hacer a través de su canal en <em>YouTube</em>. Rodeado de un arsenal de <strong>sintetizadores clásicos</strong>, aquí tenemos un <strong><a href="http://youtu.be/TRCQmNMOqUY">ejemplo</a></strong> de ello. Kebu haciendo renacer el inolvidable <em>Crockett&#8217;s Theme</em>, de Jan Hammer, una de las piezas sonoras más memorables de <em>Miami Vice</em>, o <em>Corrupción en Miami</em>, que es como se tituló por aquí.</p>
<p><iframe width="620" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/TRCQmNMOqUY?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p><a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=8284" rel="bookmark">Kebu y el renacer de los sintetizadores vingate</a> apareció originalmente en <a href="http://www.alpoma.net/tecob">Tecnología Obsoleta</a>, 10 junio 2013.</p>
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		<title>Saliendo de la blogopausa&#8230;</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Jun 2013 13:22:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alpoma</dc:creator>
				<category><![CDATA[Geo]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>

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		<description><![CDATA[Ha llegado la hora de salir de la pausa en TecOb. Como ya he anunciado en La Cartoteca, durante casi un mes he estado armando pacientemente Maptorian, un producto en forma de pack de mapas vectoriales de todo el mundo pensado para diseñadores gráficos, periodistas, infografistas y similares. Así que, a partir de ahora y [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ha llegado la hora de salir de la pausa en <em>TecOb</em>. Como ya <strong><a href="http://alpoma.net/carto/?p=3941">he anunciado en La Cartoteca</a></strong>, durante casi un mes he estado armando pacientemente <strong><a href="http://www.maptorian.com">Maptorian</a></strong>, un producto en forma de pack de mapas vectoriales de todo el mundo pensado para diseñadores gráficos, periodistas, infografistas y similares. Así que, a partir de ahora y si nada me frena otra vez, espero volver a retomar el ritmo de publicaciones en <em>TecOb</em>. Ah, y si necesitas crear mapas del mundo, de países, regiones, continentes o similares, no dudes en considerar utilizar Maptorian, estoy seguro de que puede ayudarte mucho en tu tarea.</p>
<p><a href="http://www.maptorian.com"><img class="otros aligncenter" alt="portada_maptorian_2" src="http://glyphos.net/wp-content/uploads/2013/06/portada_maptorian_2.jpg" width="620" /></a></p>
<p><a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=8279" rel="bookmark">Saliendo de la blogopausa&#8230;</a> apareció originalmente en <a href="http://www.alpoma.net/tecob">Tecnología Obsoleta</a>, 8 junio 2013.</p>
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		<title>La batalla del doctor Jaume Ferran i Clua contra el cólera</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Jun 2013 19:01:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alpoma</dc:creator>
				<category><![CDATA[Made in Spain]]></category>

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		<description><![CDATA[Versión reducida del artículo que publiqué en la revista Historia de Iberia Vieja, edición de junio de 2013. Y como parece ser ley fatal que todo grande invento ha de tropezar con una oposición proporcionada, moral y materialmente, a su grandeza, el suyo sufrió suerte tan accidentada por los ataques de que lo hicieron víctima [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p class="otros3">Versión reducida del artículo que publiqué en la revista <strong><a href="http://www.historiadeiberiavieja.com/">Historia de Iberia Vieja</a></strong>, edición de junio de 2013.</p>
<blockquote><p><a href="http://www.flickr.com/photos/alpoma/8915441604/" title="Jaume Ferran i Clua por alpoma, en Flickr"><img src="http://farm6.staticflickr.com/5458/8915441604_01c14b18b2_m.jpg" width="223" height="240" alt="Jaume Ferran i Clua" class="dch"/></a><em>Y como parece ser ley fatal que todo grande invento ha de tropezar con una oposición proporcionada, moral y materialmente, a su grandeza, el suyo sufrió suerte tan accidentada por los ataques de que lo hicieron víctima la rutina, las bajas pasiones, las envidias y los incalificables atropellos de políticos torpes y mal aconsejados y de unas autoridades desdichadas, que lo llevaron al resultado de que durante treinta años, ¡treinta años en materias y problemas de tantísima importancia para la Humanidad, y en estos tiempos de vida febril en que los lustros parecen siglos, su doctrina y su invento hubieron de permanecer como bajo condenación, retraídos, desacreditados, abandonados, esperando mejores tiempos, hasta que por fin la guerra europea, gracias a la disposición de otros gobiernos y al empleo de otros hombres que no fueran de España, ni los españoles, se pudo hacer nuevo ensayo de aquel invento, reproducir sus efectos, apreciarlos con tranquilidad y honradez y mostrar su valor, proclamándose la grandeza bienhechora de su poder abortivo contra las epidemias. Y se hubo de hacer más: que fue reconocer que su único autor, así en la preparación como en su empleo, era un médico español. El doctor Jaime Ferrán y Clúa. </em></p></blockquote>
<p style="text-align: right;">Fragmento de la obra <em>Vae Inventoribus Magnis. La odisea de un descubrimiento médico grandioso. El doctor Ferrán y el cólera morbo asiático en la guerra europea</em>,<br />
de Ángel Pulido Fernández, 1921.</p>
<p><strong>El pozo de la muerte</strong></p>
<p>Tiene gracia siniestra que a principios del siglo XX se considerara en la prensa nacional que dos genios de la medicina de la época serían, sin duda, recordados para siempre. Uno de ellos, <strong>Ramón y Cajal</strong>, ha resistido la prueba. El otro, <strong>Jaume Ferran i Clua</strong>, o simplemente Jaime Ferrán como era nombrado, prácticamente ha desaparecido de la historia con mayúsculas. <strong>¿Quién era y por qué se le consideraba como un genio de la medicina?</strong> Bien, para hallar la respuesta hemos de viajar en el tiempo y, para comenzar, <strong>saltemos hacia el Londres de 1854</strong>.</p>
<p>Fue en ese tiempo cuando la capital británica sufrió un<strong> brote de cólera</strong> que segó la vida de cerca de siete centenares de ciudadanos en menos de una semana. Todo sucedió en una pequeña porción del Soho. ¿Por qué allí? Mientras iban cayendo bajo el designio de la tercera parca, uno tras otro, los pacientes del<strong> doctor John Snow</strong>, que tenía su consulta cerca del centro de la epidemia, se convertían en marcadores de posición en un plano callejero de Londres. Snow anotaba cada muerte por cólera e iba creando laboriosamente <strong>un mapa de la epidemia</strong>. Era una idea origina y, aunque al principio no se le hizo caso, terminó por demostrar que tenía razón. El mapa era muy claro: la mayor parte de las defunciones se concentraban en tono a Broad Street, donde se identificó una bomba de agua contaminada con aguas fecales. El mapa de Snow convirtió a su autor en toda una celebridad. </p>
<p>Viajemos ahora a Italia, en ese mismo año de 1854. Mientras Snow creaba su mapa, que demostraba que el cólera era una enfermedad infecciosa transmitida por algún tipo de organismo microscópico desconocido, un médico llamado <strong>Filipo Pacini</strong> lograba aislar al causante de tanto padecimiento. En efecto, el cólera es una enfermedad causada por una bacteria, la <em><strong>Vibrio cholerae</strong></em>, capaz de originar una muy desagradable infección intestinal que, en muchas ocasiones, se convierte en mortal. La enfermedad posiblemente llegó a Europa desde la India y, a lo largo del siglo XIX, se manifestó en una serie de epidemias que se extendieron por todo el continente cobrándose la vida de cientos de miles de personas. En ese ambiente y con el agente infeccioso identificado, quedaba encontrar un remedio efectivo y, para ello, hemos de hacer un último viaje, en esta ocasión a un pueblo de Tarragona.</p>
<p><strong>Un laboratorio en casa</strong></p>
<p>El <strong>1 de febrero de 1851</strong>, aunque según otras fuentes se anota como fecha el 2 de febrero de 1852, nació en <strong>Corbera de Ebro</strong>, provincia de <strong>Tarragona</strong>, el médico que logró hallar la vacuna contra el cólera, además de muchas otras. Ahora bien, ¿por qué no se le recuerda como a otros grandes de la medicina de finales del siglo XIX? Bien pudiera ser por la propia forma de actuar de Jaume Ferran i Clua, aquel hijo del médico del pueblo que, dotado de una incansable curiosidad hasta el día de su muerte, acaecida en 1929, no dejó de picar acá y allá en todo lo que le interesaba, sin llegar a profundizar realmente en un solo campo y sin mostrar mucho interés en cuidar su propia imagen. Mala idea, sobre todo cuando había tanta fama en juego. Sin embargo, Jaume fue finalmente reconocido, pero eso no le impidió tener que soportar una travesía del desierto realmente patética.</p>
<p>Jaume realizó sus primeros estudios en Mora de Ebro, Tarragona y Tortosa. En 1873, tras estudiar en la <strong>Facultad de Medicina de Barcelona</strong>, pasó a ejercer como médico en Pal del Panadés. Por entonces ya había explorado los campos de la fotografía, la pintura y la electricidad. Algo hacía que siempre mirara más allá de lo que sus colegas recomendaban, y ese <strong>espíritu inconformista</strong> con la medicina de su tiempo fue, a la vez, la osada llama de la que surgieron sus descubrimientos y la que alimentó a sus enemigos. No tardó en pasar a tener una consulta en Tortosa como médico general y como <strong>especialista en oftalmología y electroterapéutica</strong>. Ocupó además en ese tiempo los cargos de médico director de sanidad marítima, director del Hospital Civil y de la Casa Provincial de Expósitos. </p>
<p>Dado el prestigio que iba acumulando en la práctica médica, a pesar de su juventud, fue <strong>comisionado en 1884 por el Ayuntamiento de Barcelona para investigar un brote muy grave de cólera en el sur de Francia</strong>. De lo que aprendió en el área de Marsella surgió toda una intención, a saber, el intentar hallar una vacuna contra la terrible enfermedad. Y, así, empleó todo el dinero que pudo en crear un laboratorio casero lo mejor equipado posible. No recibió ayuda pública de ningún tipo, pero eso no hizo que se rindiera. Los aparatos para cultivos bacterianos y los microscopios fueron pagados de su propio bolsillo, arriesgando a veces casi todo el sueldo. Aprendió por su cuenta las técnicas para desarrollar vacunas de Pasteur, estudió todo lo que la nueva ciencia biológica ofrecía y desarrolló nuevas técnicas que mejoraban la microfotografía.</p>
<p>¿Un loco solitario? Sí, un médico de pueblo, nada más, pero genial a fin de cuentas porque a pesar de no recibir apoyo logró en su modesto laboratorio de Tortosa algo que se venía buscando desde que el cólera llamara a las puertas de Europa hacía ya varias décadas: una vacuna. Los ahorros y esfuerzos vieron la luz en forma de <strong>vacuna anticolérica</strong> en el año 1885. Al principio los ensayos los realizó en su propio ser, e incluso contó con amigos y familiares. Con el cólera amenazando a la península ibérica en forma de otra gran epidemia, se permitió aplicar la vacuna de Ferran i Clua a gran escala. Sin embargo, al poco, comenzó a ser criticado y perseguido. Su método cayó en el descrédito y comenzó toda una guerra entre sus partidarios, que eran más bien pocos, y un numeroso grupo de enemigos poderosos. La guerra parecía perdida.</p>
<p><strong>El creador de vacunas</strong></p>
<p>La vacuna contra el cólera fue solo el principio, más tarde llegaron otras. En 1886 mejoró los procedimientos de Pasteur para la<strong> aplicación de la vacuna contra la rabia</strong>. En 1887 creó una primitiva vacuna contra el tifus y al poco trabajó sobre una para la difteria. También creó una <strong>vacuna contra la tuberculosis</strong> pero, a pesar de tanto esfuerzo, su trabajo se mantenía en su mayoría en la oscuridad y prácticamente no se le hacía caso lejos de su entorno. </p>
<p>A pesar de que la fama de la vacuna contra el cólera le llevó a la fama en toda Europa, la alegría duró muy poco. El procedimiento de <strong>Jaume fue puesto en duda</strong> y considerado peligroso, hasta tal punto que el gobierno le prohibió continuar con el mismo. Como bien comenté al principio de este artículo, la cosa tenía su gracia siniestra, pues después de muchos años sin ser reconocido y cuando muchas variantes de su técnica se estaban empleando en todo el continente, llegó un primer aplauso oficial en forma de premio otorgado por la Academia de Ciencias de París en 1907. Se deseaba reconocer así el trabajo de Jaume como pionero indiscutible de la inmunización preventiva contra el cólera. Nuevamente, tiene gracia que, pasados tantos años, el propio Ramón y Cajal, al principio con opinión negativa, reconociera con el cambio de siglo el trabajo de Jaume. ¿Acaso Ferran i Clua hubiera llegado más lejos de haber insistido en ahondar en su propio descubrimiento? Muy posiblemente, pues muchos trabajos de importancia aparecieron en ese tiempo en Europa y América basándose en su trabajo seminal. Pero Jaume, disperso como siempre en abrir puertas y dejarlas de par en par, iba saltando entre ideas geniales sin profundizar mucho en ellas. </p>
<p>Por otra parte, la <strong>medicina francesa</strong>, que era poco menos que le élite indiscutible de su tiempo, no veía con muy buenos ojos al médico de pueblo que era capaz de lograr proezas sin apenas medios en un laboratorio de segunda fila. Y, sobre todo, no caía bien cuando Jaume presenta ante sus ojos su método supraintensivo de vacunación antirrábica, más eficaz y sencillo que el ideado por Pasteur. La carrera entre el método intensivo de Pasteur y el supraintensivo de Ferran i Clua era como una guerra contra gigantes. En ocasiones, algunas personas inmunizadas contra la rabia fallecían y ese hecho se convirtió a la vez en motivo de ataque contra el método y en acicate para mejorarlo. Se pretendió cerrar el Laboratorio Microbiológico Municipal de Barcelona, del que había llegado a ser director, para dejar así a Jaume aislado por completo. Sin embargo, ninguna amenaza le frenó. Continuó mejorando su vacuna antirrábica, estudió los trabajos de Koch sobre la tuberculosis y logró hallar la <strong>vacuna anti-Alfa</strong> contra ese mal.</p>
<p>Los ataques continuaban a pesar de todo y en 1905, dos años antes de que la Academia de Ciencias de París empezara a reconocer sus esfuerzos, Jaume fue apartado por completo del<strong> Laboratorio Bacteriológico Municipal de Barcelona</strong>. Ya sólo le quedaba su humilde laboratorio casero y ninguna otra ayuda que la de sus amigos y discípulos, que no eran muchos. Y, otra vez, tal y como sucedió con su vacuna contra el cólera, sus métodos para hallar vacunas contra la tuberculosis fueron estudiados por otros que los aplicaron con éxito. Llegaron entonces los <strong>premios, los reconocimientos y los aplausos</strong>, pero a Jaume seguían sin hacerle mucho caso, era algo así como un viejo profesor querido y respetado, al fin. Sí, se le oía, pero no se le escuchaba, como una vaca sagrada, publicó decenas de libros y artículos científicos, quedando la mayor parte de ellos arrinconados en el más silencioso de los olvidos. A su muerte, los homenajes fueron muchos, pero su figura se fue apagando con rapidez y hoy día apenas se recuerda el brillo que tuvo o, más bien, pudo llegar a tener si hubiera contado con apoyos y medios adecuados.</p>
<p><a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=8244" rel="bookmark">La batalla del doctor Jaume Ferran i Clua contra el cólera</a> apareció originalmente en <a href="http://www.alpoma.net/tecob">Tecnología Obsoleta</a>, 1 junio 2013.</p>
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		<title>Blogopausa para abrir camino a Maptorian</title>
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		<pubDate>Thu, 16 May 2013 18:26:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alpoma</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Llevo varios días con unos cuantos temas que tratar, tanto en TecOb como en La Cartoteca, pero no hay tiempo de nada. Así que, aprovecho un momento para avisar que en los próximos días no habrá nuevos artículos en mis blogs, más que nada porque tengo entre manos un proyecto de mi empresa que está [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Llevo varios días con unos cuantos temas que tratar, tanto en <strong><a href="http://www.alpoma.net/tecob">TecOb</a></strong> como en <strong><a href="http://www.alpoma.net/carto">La Cartoteca</a></strong>, pero no hay tiempo de nada. Así que, aprovecho un momento para avisar que en los próximos días no habrá nuevos artículos en mis blogs, más que nada porque tengo entre manos <strong>un proyecto de mi </strong><strong><a href="http://www.arbotante.com">empresa</a></strong> <strong>que está a punto de nacer</strong> y necesita toda mi atención. Se llama <strong><a href="http://www.maptorian.com/">Maptorian</a></strong> y, sí, va de mapas. Y hasta ahí puedo contar&#8230; Habrá sorpresas pronto. </p>
<p><img src="http://www.maptorian.com/maptorian_logo.png" title="Maptorian - Vector Maps" width="600"/></p>
<p><a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=8192" rel="bookmark">Blogopausa para abrir camino a Maptorian</a> apareció originalmente en <a href="http://www.alpoma.net/tecob">Tecnología Obsoleta</a>, 16 mayo 2013.</p>
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		<title>[Vídeo] El carpintero</title>
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		<pubDate>Wed, 08 May 2013 20:54:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alpoma</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En los últimos días está siendo mencionado por doquier un vídeo, Precious Lines, que, a medio camino entre la poesía visual y la infografía, en forma de breve píldora, muestra el proceso para convertir algunos pedazos de metal en un bello instrumento caligráfico. No voy a repetirlo aquí. Lo que me ha llamado la atención [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En los últimos días está siendo mencionado por doquier un vídeo, <strong><a href="http://vimeo.com/64856869">Precious Lines</a></strong>, que, <strong>a medio camino entre la poesía visual y la infografía</strong>, en forma de breve píldora, muestra el proceso para convertir algunos pedazos de metal en un bello instrumento caligráfico. No voy a repetirlo aquí. Lo que me ha llamado la atención es que <strong>ese mismo estilo parece casi todo un subgénero cultivado por más visionarios</strong> como, por ejemplo, el equipo griego <strong><a href="http://vimeo.com/deepgreensea"></a><a href="http://vimeo.com/deepgreensea">Deep Green Sea</a></strong>. De entre los vídeos que han publicado hasta el momento, me quedo sin duda con <strong><a href="http://vimeo.com/30698649">The Carpenter</a></strong>, toda una maravilla que merece ser contemplada a pantalla completa. Impresionante, también, otro de los vídeos, que muestra el <strong><a href="http://vimeo.com/43005056">proceso artesanal</a></strong> para dar forma a una guitarra española.</p>
<p><iframe src="http://player.vimeo.com/video/30698649?title=0&amp;byline=0&amp;portrait=0&amp;color=ffffff" width="620" height="310" frameborder="0" webkitAllowFullScreen mozallowfullscreen allowFullScreen class="otros"></iframe></p>
<p>| Vía <a href="http://www.core77.com/blog/videos/more_vizzy_videos_the_art_of_making_by_deep_green_sea_24847.asp">Core77</a> |</p>
<p><a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=8185" rel="bookmark">[Vídeo] El carpintero</a> apareció originalmente en <a href="http://www.alpoma.net/tecob">Tecnología Obsoleta</a>, 8 mayo 2013.</p>
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		<title>Antonio Longoria y el rayo de la muerte</title>
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		<pubDate>Wed, 01 May 2013 17:01:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alpoma</dc:creator>
				<category><![CDATA[Made in Spain]]></category>

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		<description><![CDATA[Versión reducida del artículo que publiqué en la revista Historia de Iberia Vieja en su edición del mes de mayo de 2013. El punto de partida de esta aventura hay que ponerlo en cierto artículo con el que me he cruzado hace poco. He de reconocer que hasta ahora no había indagado con atención en [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p class="otros3">Versión reducida del artículo que publiqué en la revista <strong><a href="http://www.historiadeiberiavieja.com/">Historia de Iberia Vieja</a></strong> en su edición del mes de mayo de 2013.</p>
<p>El punto de partida de esta aventura hay que ponerlo en cierto artículo con el que me he cruzado hace poco. He de reconocer que hasta ahora no había indagado con atención en la vida de <strong>Antonio Longoria</strong>, y queda casi todo por hacer, pero espero que estas letras sirvan al menos para traer al presente la memoria de este curioso personaje del que apenas si ha llegado algún recuerdo a nuestros días. </p>
<p><img src="http://www.alpoma.net/tecob/wp-content/uploads/2013/05/antonio_longoria.jpg" alt="antonio_longoria" width="620" height="454" class="otros"/><br />
Antonio Longoria, tal y como aparecía en febrero de 1940 en la revista <em>Popular Science</em>.</p>
<p>El artículo que menciono fue publicado en el número del mes de <strong>febrero de 1940</strong> de la conocida revista de ciencia, tecnología e inventos <em><strong>Popular Science</strong></em>, concretamente en la página 117. Allí, se mencionaba lo siguiente, que traduzco libremente del original:</p>
<blockquote><p><em>Palomas al vuelo caen muertas al instante por la acción de una máquina situada a una distancia de cuatro millas. Este es el logro que supuestamente ha conseguido el doctor Antonio Longoria, de Cleveland, Ohio, quien recientemente ha declarado haber destruido su letal máquina por el bien de la humanidad. El inventor de Cleveland ha afirmado que tropezó por casualidad con su rayo mortal mientras investigaba sobre el tratamiento del cáncer con radiaciones de alta frecuencia.</p>
<p>La acción de estos rayos mortales, según sus afirmaciones, es indolora y está basada en cierto mecanismo que convierte la sangre en una substancia sin utilidad, tal y como la luz transforma sales de plata durante el proceso fotográfico. Anteriormente un grupo de científicos, según apareció en prensa, había demostrado que estas radiaciones eran capaces de matar ratas, ratones y conejos, incluso cuando los animales estaban resguardados en el interior de cámaras con gruesas paredes metálicas. Estos rayos, según la opinión del doctor Longoria, podrían matar a seres humanos con la misma facilidad.</em></p></blockquote>
<p>Inquietante, sin duda, ahora bien, ¿qué puede haber de cierto en tan asombrosas afirmaciones? Para entender un poco el concepto de “rayo de la muerte”, creo necesario poner el asunto en el adecuado contexto histórico.<span id="more-8178"></span></p>
<p><strong>La edad de oro de los rayos de la muerte</strong></p>
<p>En nuestros días el concepto de <strong>rayo de la muerte</strong> ni siquiera nos sorprende. Hemos crecido rodeados de referencias en el cine y la televisión sobre rayos de todo tipo en películas de<strong> ciencia ficción</strong>. No hay nave espacial imaginaria que se precie de ser poderosa que no tenga su propia batería de rayos láser, torpedos fotónicos o cualquier otro arma futurista que, en realidad, no lo son tanto habida cuenta de la existencia en los arsenales del mundo real de armas sobrecogedoramente potentes y mortales.</p>
<p>Pero en la <strong>primera mitad del siglo XX</strong>, coincidiendo con los años dorados de las publicaciones de ciencia ficción, sobre todo en los Estados Unidos, el concepto de rayo de la muerte era novedoso. En 1934 <em>Flash Gordon</em> llevó esa tecnología fantástica a otro nivel, haciendo que los niños de medio mundo desearan tener su propia pistola de rayos. Pero no todo quedó en el papel impreso de las añejas revistas de ciencia ficción y fantasía. La<strong> Gran Guerra</strong> había cambiado para siempre la forma de pensar de la humanidad. El conflicto mundial había sido tan espantoso que se alzaban voces por doquier para que nunca más algo como aquello pudiera repetirse. Poco imaginaban que no mucho después la Segunda Guerra Mundial acabaría por superar todas las marcas de dolor y destrucción y que la edad de las armas atómicas estaba a la vuelta de la esquina. Sin embargo, entre las dos guerras mundiales surgieron toda una serie de visionarios que quisieron llevar a la vida eso que no era más que fantasía de ciencia ficción. </p>
<p><strong>¿Por qué la fiebre de los rayos de la muerte despertó precisamente después de la Primera Guerra Mundial?</strong> El pacifismo naciente puede que tuviera mucho que ver, junto con la incipiente ciencia ficción, por supuesto. Por mucho que se hablase de paz, se intuía que las guerras del futuro iban a ser más terribles todavía que lo ya visto. Por eso, hubo quien pensó en crear armas tan terribles que el sólo hecho de imaginar su utilización sería más que suficiente como para impedir una nueva guerra. En su <strong>ingenuidad</strong> no podían imaginar que, precisamente ese razonamiento, fue lo que mantuvo a la humanidad con la respiración contenida durante la guerra fría, cuando el equilibro entre bloques atómicos amenazaba día tras día con la aniquilación mutua, única “garantía” para que una nueva guerra mundial estallara. Eso no impidió, por supuesto, que decenas de conflictos globales asolaran infinidad de rincones del mundo a lo largo de lo que quedaba del siglo XX, sin necesidad de usar ninguna nueva arma nuclear desde las dos que fueron empleadas en Japón en el verano de 1945.</p>
<p>Bien, ahí estaba el concepto: un arma tan terrible que su sola mención hiciera que la guerra fuera olvidada como opción posible en la resolución de conflictos de todo tipo. <strong>¿Sería posible construir algo así? </strong>Antes de las armas atómicas lo más parecido en cuanto a concepto de arma de destrucción masiva, además de las armas químicas o bacteriológicas eran los “rayos de la muerte”. Consistían en terribles armas de radiación electromagnética o partículas capaces crear una inmensa destrucción. Nadie vio nunca una funcionar, por fortuna, pero no faltaron quienes afirmaron poseer su secreto. En los años veinte apareció posiblemente el más célebre padre de rayos mortales de la historia. Se trataba del pionero británico de la radio <strong><a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=7965">Harry Grindell Matthews</a></strong>. Su incapacidad para realizar una demostración viable de su supuesto rayo mortal se convirtió en un patrón a seguir por todos los demás inventores de armas similares. Al igual que Grindell Matthews, muchos otros afirmaron haber llegado a construir un rayo mortal, pero nadie pudo ofrecer una demostración pública real, por fortuna. </p>
<p>El concepto de rayo de la muerte obsesionó en sus últimos años de vida al gran <strong>Nikola Tesla</strong>. El padre de la electrificación por medio de la corriente alterna, a quien debemos gran parte de nuestra sociedad tecnológica actual, afirmó en múltiples oscasiones haber creado un terrible rayo de la muerte. Nuevamente, nunca lo demostró. Y, así, llegamos al misterioso Antonio Longoria, el español que fue conocido como creador de una terrible máquina de rayos mortales. Veamos algunos datos sobre tan enigmático personaje.</p>
<p><strong>Un ejército destruido al instante</strong></p>
<p><strong>Antonio Longoria</strong> aparece en escena durante los <strong>años treinta</strong> del pasado siglo. Las apariciones en prensa de su rayo de la muerte fueron tomadas muy en serio, aunque hasta donde he podido averiguar no realizó pruebas públicas de su invención. </p>
<p>Véase, por ejemplo, este fragmento traducido libremente de un alarmante artículo publicado en el <em>Reading Eagle</em>, de Pensilvania, en su edición correspondiente al <strong>31 de julio de 1934</strong>, muy similar en su contenido a lo que fue publicado en muchos otros periódicos de los Estados Unidos por aquellas fechas:</p>
<blockquote><p><em><strong>Nuevo rayo de la muerte tan poderoso como para masacrar a un ejército</strong><br />
¡Estados Unidos salvado de una invasión por un rayo de la muerte! (&#8230;) Un rayo tan potente que puede matar en unos segundos desde una distancia sólo limitada por la curvatura de la Tierra. (&#8230;) El rayo torna la sangre en una substancia del color y la consistencia de la glicerina, destruyendo todos los glóbulos rojos y es una invención del científico español Antonio Longoria, de Cleveland. Todos los gobiernos del mundo posiblemente desearán hacerse con el secreto del doctor Longoria, pero éste no está en venta porque, extrañamente, el inventor del arma de guerra más terrible concebida por la mente humana es un pacifista. (&#8230;)</em></p></blockquote>
<p>La prensa de la época repetía por doquier las mismas frases e ideas, a saber, que Longoria había encontrado el rayo de la muerte sin proponérselo y que nunca descubriría su secreto salvo si los Estados Unidos eran invadidos por alguna potencia extranjera. Otro de los ingredientes del misterio se encuentra en los testigos, porque se afirmó que varios grupos de científicos habían podido observar los terribles efectos del rayo de la muerte de Longoria, pero claro, una cosa es lo que mencionara la prensa y otra muy diferente lo que sucedira en realidad. No tengo datos precisos sobre esas supuestas experiencias, por lo que habrá que dejar el asunto, al menos de momento, entre interrogaciones y una gran duda. Un ejemplo de ese tipo de demostraciones aparece descrito en el número de <strong>septiembre de 1934</strong> la revista <em>Modern Mechanix</em>:</p>
<blockquote><p><em>(&#8230;) Un descripción parcial de los aparatos, su construcción y de sus principios operativos fue ofrecida recientemente en una sesión del Congreso Nacional de Inventores en Omaha, Nebraska. Observadores privilegiados de una demostración práctica de la máquina declaran que el experimento fue todo un éxito, llegando a ser terrorífico. Perros, gatos y conejos murieron al instante, su sangre se convirtió en agua en cuanto el rayo actuó sobre ellos.</em></p></blockquote>
<p>Longoria, en sus declaraciones a la prensa, se declaraba <strong>admirador del presidente Roosevelt</strong> pero a pesar de ello no cedía a las peticiones del Departamento de Guerra para mostrar su rayo de la muerte porque “no se sabe quién podría ser el presidente que ocupe la Casa Blanca cuando Roosevelt  ya no esté”. Como pacifista declarado, Longoria aborrecía las armas y decía estar atormentado por la posibilidad de que una tecnología como la de los rayos de la muerte pudiera dar comienzo a un nuevo conflicto mundial. Nuevamente el espectro de la Gran Guerra, así como el miedo a que se repitiera de nuevo algo similar, estaba presente en cada declaración. </p>
<p><strong>¿Quién era Antonio Longoria?</strong></p>
<p>Los escasos datos que he podido recopilar pintan un cuadro vital tan atractivo como para dar vida a una novela y no dudo de que en un futuro aparecerá mucho más. Veamos, pues, algunos indicios que nos puedan mostrar quién era Antonio Longoria. </p>
<p>En el Palm Cemetery de Winter Park, en el condado de Orange, Florida, aparece una lápida que corresponde al Doctor Antonio Longoria. ¿Es éste nuestro Antonio Longoria? Las fechas de nacimiento y defunción parecen las correctas, pero no podría asegurarlo. Longoria <strong>nació en 1890 y falleció en 1970</strong>. En la lápida, además, aparece un epitafio de lo más enigmático: <em><strong>They said it couldn&#8217;t be done! He did it</strong>.</em> (¡Dijeron que no se podía hacer! Él lo hizo.)</p>
<p>Uniendo la senda de puntos que dejaron sus apariciones en prensa, incluyendo varios artículos en la revista <em>Time</em> entre 1936 y 1939, aparece el siguiente escenario. <strong>Antonio Longoria nació en Madrid en el verano de 1890</strong>. Parece que a principios del siglo XX viajó a Estados Unidos, vía Cuba. En el nuevo continente estudió ingeniería y medicina. Durante parte de su vida vivió en Lakewood, cerca de Cleveland así como en otras localidades próximas a esa ciudad. Estuvo casado y tuvo tres hijos. Tuvo importantes puestos en la industria eléctrica y llegó a vender algunas de sus patentes por importantes cantidades. Falleció el último día del año 1970 en Winter Park, Florida. Hasta aquí los datos biográficos que deben tomarse con mucha precaución, pero también hay otros datos que son incontestables. Por ejemplo, ahí están <a href="https://www.google.com/?tbm=pts#tbm=pts&#038;tbm=pts&#038;q=ininventor:%22ANTONIO+LONGORIA%22&#038;psj=1&#038;bav=on.2,or.r_qf.&#038;bvm=bv.45921128,d.d2k&#038;fp=cbe9d889a8f6306a&#038;biw=1362&#038;bih=636"><strong>sus</strong> <strong>patentes</strong></a>. He podido revisar nueve de ellas, por lo general relacionadas con el uso de radiación de alta frecuencia para soldar diversos materiales y, en algunos casos, licenciadas para la <em>Sterling Electrical Company</em>, empresa de la que Longoria llegó a ser presidente. </p>
<p>Y, precisamente ahí, en esas patentes, parece estar el origen del supuesto rayo de la muerte de Longoria. Las primeras noticias sobre el mismo surgieron de los comentarios inoportunos de algunos testigos de cierta experiencia a la que ni el propio Longoria deseaba dar publicidad. Y, a partir de ahí, se armó el lío. Ya fuera <strong>investigando sobre radiación de alta frecuencia en electroterapéutica</strong>, como se comentó en ocasiones, o a través de sus experimentos sobre soldadura, que dieron origen a sus patentes de máquinas para soldar, resultó que Longoria se hizo célebre precisamente por un efecto que no buscaba. Desconozco si realmente encontró algo terrorífico, porque como en el caso de Grindell Matthews no hay detalles de cómo podría funcionar su rayo mortal, lo que nos quedan son las palabras del propio Longoria:</p>
<p>El rayo mortal es una forma de radiación que tiene una frecuencia precisa <strong>capaz de romper a distancia los glóbulos rojos de la sangre</strong>. El poder de penetración del rayo depende de la potencia del mismo. Para obtener buenos resultados es necesario emplear voltajes muy altos, partiendo de unos 80.000 voltios. </p>
<p>Longoria no daba detalles de su “secreto” y, en caso de que supuestamente hubiera encontrado algo terriblemente mortal, me alegro de que se lo llevara a la tumba. Pero, sea como fuere, siempre insistía en que sus investigaciones, que dieron buenos frutos en el campo de la metalúrgica, siempre se encaminaban a la solución de problemas industriales o médicos, <strong>nunca pretendió encontrar el arma definitiva</strong>. </p>
<p><a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=8178" rel="bookmark">Antonio Longoria y el rayo de la muerte</a> apareció originalmente en <a href="http://www.alpoma.net/tecob">Tecnología Obsoleta</a>, 1 mayo 2013.</p>
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		<title>Transportando un pedazo de infierno</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Apr 2013 10:56:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alpoma</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En la industria siderúrgica, concretamente en los altos hornos, se produce un material fundido conocido como arrabio a partir de la reducción de mineral de hierro. El arrabio es la materia prima para obtener acero pero, ¿qué sucede cuando el alto horno se encuentra lejos de la acería? Muy sencillo: se embarca el arrabio en [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En la <strong>industria siderúrgica</strong>, concretamente en los altos hornos, se produce un material fundido conocido como <strong>arrabio</strong> a partir de la reducción de mineral de hierro. El arrabio es la materia prima para obtener acero pero, ¿qué sucede cuando el alto horno se encuentra lejos de la acería? Muy sencillo: se embarca el arrabio en un tren y se transporta hacia su destino. Claro que, no se trata de una carga normal. Para <strong>transportar arrabio entre los altos hornos y las acerías</strong> se emplean vehículos muy especiales que movilizan contenedores con forma de torpedo aislados térmicamente, diseñados para soportar <strong>temperaturas extremadamente altas</strong>. En el interior de estos contenedores viaja todo un pedazo de infierno fundido hasta llegar a su destino donde, pivotando, se vierte el arrabio para pasar a ser convertido en acero. </p>
<p><iframe width="620" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/2yd5mKUe-n8?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
<em>Vídeo del paso de un tren torpedo de transporte de arrabio entre las factorías de Veriña y Avilés de Arcelor Mittal en Asturias.</em></p>
<p><img src="http://www.alpoma.com/images_tecob/torpedo.jpg" class="otros"/><br />
Tren torpedo transportando arrabio. Imagen de <a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:HKM116392.jpg">Rainer Halama</a>.</p>
<p><img src="http://www.alpoma.com/images_tecob/refractarios.jpg" class="otros"/><br />
Estructura <strong><a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Torpedo_car_refractory_bricks.JPG">interior de un vagón torpedo</a></strong> para transporte de arrabio, donde se observa la disposición de ladrillos refractarios. Imagen de <a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/User:Morgan_Riley">Morgan Riley</a>.</p>
<p><strong>Más información</strong>:</p>
<ul>
<li><a href="http://www.arqueologiaypatrimonioindustrial.com/2007/09/gijn-avils-torpedo-de-arcelor-mittal.html">Monsacro: Gijón-Avilés Torpedo de Arcelor Mittal</a>.</li>
<li><a href="http://www.arqueologiaypatrimonioindustrial.com/2013/04/maquetas-y-siderurgia.html">Monsacro: Maquetas y Siderurgia</a>.</li>
<li><a href="https://plus.google.com/photos/110003552471804564751/albums/5074557354556107409?banner=pwa">Galería de máquinas de Arcelor</a>.</li>
</ul>
<p><a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=8170" rel="bookmark">Transportando un pedazo de infierno</a> apareció originalmente en <a href="http://www.alpoma.net/tecob">Tecnología Obsoleta</a>, 28 abril 2013.</p>
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		<title>Las (posiblemente) inútiles ondas electromagnéticas</title>
		<link>http://www.alpoma.net/tecob/?p=8161</link>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 22:01:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alpoma</dc:creator>
				<category><![CDATA[Obsolescencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Siempre se ha dicho que Heinrich Rudolf Hertz no veía qué posible utilidad podrían tener las ondas electromagnéticas que él mismo había demostrado que existían experimentalmente, pero me resisto a pensar que, en el fondo, aquella fuera su opinión real. Veamos, no era el primero que se encontraba con ellas, pues hacía años que Joseph [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Siempre se ha dicho que <strong><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Heinrich_Rudolf_Hertz">Heinrich Rudolf Hertz</a></strong> no veía qué posible utilidad podrían tener las ondas electromagnéticas que él mismo había demostrado que existían experimentalmente, pero me resisto a pensar que, en el fondo, aquella fuera su opinión real. Veamos, no era el primero que se encontraba con ellas, pues hacía años que <strong><a href="http://www.mercurians.org/1997_Fall/j.henry.htm">Joseph Henry había observado sus efectos</a></strong>, pero sí <strong>fue quien abrió las puertas de la moderna era de las comunicaciones</strong> por radio. Y es que, las supuestamente inútiles ondas que descubrió nos sirven para comunicarnos de mil modos, ya sea por radio, televisíón, teléfono, satélite&#8230; <strong>¡Para ser algo sin ninguna utilidad práctica se le ha sacado mucho jugo!</strong> Nótese que intento ser irónico porque Hertz era todo un genio de la experimentación, un mecánico de primera y, además, un tornero de los buenos. Por eso <strong>me resisto a pensar que realmente tuviera tan poca imaginación para no darse cuenta de lo que acababa de encontrar</strong>. El caso es que la anécdota ha sido repetida una y mil veces, casi siempre con las mismas palabras, pero no he logrado encontrar la referencia original. Incluso en libros de los años sesenta y setenta se repite la misma cantinela pero, antes, centremos brevemente el asunto.</p>
<p><img src="http://www.alpoma.net/tecob/wp-content/uploads/2013/04/montaje_hertz.jpg" alt="montaje_hertz" width="620" height="250" class="otros" /><br />
Montaje experimental de Hertz, 1886. <a href="http://web.archive.org/web/20041011213504/http://chem.ch.huji.ac.il/~eugeniik/history/hertz.htm">Fuente</a>.</p>
<p>Hertz diseñó un <strong>precioso montaje experimental</strong> que utilizó <strong>entre 1886 y 1888</strong> para <strong>producir, y detectar, ondas electromagnéticas</strong>, en el modo en que había predicho ese gigante nunca suficientemente ponderado que había sido <strong>Maxwell</strong>. En ese tiempo muchos dudaban todavía de la existencia de tales ondas y, claro está, la radio era sólo un sueño. El montaje estaba formado por un circuito eléctrico que generaba corrientes oscilantes y, por otra parte, un detector. El emisor era simplemente un circuito con un transformador y condensadores conectados a dos esferas de metal separadas entre sí por un espacio muy pequeño. Al alcanzar la tensión entre las esferas un máximo, saltaba una chispa entre ellas. Esto se repetía de forma periódica, generándose ondas electromagnéticas tal y como había predicho Maxwell. A su vez, el detector, o antena, también llamado <strong>resonador</strong>, era un simple alambre circular dotado de un espacio intermedio. Si se habían generado ondas electromagnéticas, éstas serían capaces de crear una leve corriente inducida en la antena. Por supuesto, el montaje funcionó y detectó la existencia de esas ondas. A los pocos meses ingenieros de todo el mundo estaban ya dando forma a la revolución de la radio, tras enterarse de la hazaña de Hertz. Así, <strong>Oliver Joseph Lodge</strong> realizó en 1894 una primera emisión de radio, claro que<strong> Nikola Tesla</strong> ya estaba dando guerra por su parte y, al poco, <strong>Marconi </strong>les siguió. La revolución fue instantánea, tanto es así que <strong>Oliver Heaviside </strong>afirmó en 1891:</p>
<blockquote><p>Hace tres años, las ondas electromagnéticas no eran nada. Al poco, estaban en todas partes. </p></blockquote>
<p>Hertz falleció a los 36 años, en 1894, sin ver cómo la tecnología de radio se extendía por el planeta pero eso no es excusa para que se le atribuya una falta de visión tan clamorosa. Puede que tuviera un mal día, o que se refiriera a su propio trabajo futuro, no a las posibilidades tecnológicas de las ondas electromagnéticas, el caso es que <strong>para la historia ha quedado lo que sigue como algo verídico y, aunque como he dicho, no he podido encontrar la fuente original, se ha repetido una y mil veces la siguiente historia</strong>. Se cuenta que, ante el éxito de su experimento, fue preguntado por sus alumnos acerca de la utilidad práctica del mismo, a lo que Hert respondió:</p>
<blockquote><p>No tiene ninguna utilidad (&#8230;) sólo se trata de un experimento que demuestra que el maestro Maxwell estaba en lo cierto, ahí tenemos esas misteriosas ondas electromagnéticas que no podemos ver a simple vista. Pero están ahí.</p></blockquote>
<p>Al ser preguntado sobre las consecuencias de ese descubrimiento, Hertz afirmó:</p>
<blockquote><p>Ninguna, supongo.</p></blockquote>
<p>Bien, como digo, esto se ha repetido una y mil veces y <strong>se suele poner como ejemplo del sabio genial que, sin embargo, no logra ver el alcance de su propia obra</strong>. Sí, Hertz era un tipo de lo más humilde, pero habiendo vivido siempre entre máquinas y tan dotado para la inventiva como era, me niego a seguir pensando que fuera tan corto de miras. Lo dicho, puede que tuviera un mal día cuando pronunción aquellas palabras, sólo eso.</p>
<p><a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=8161" rel="bookmark">Las (posiblemente) inútiles ondas electromagnéticas</a> apareció originalmente en <a href="http://www.alpoma.net/tecob">Tecnología Obsoleta</a>, 24 abril 2013.</p>
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